David Trueba: “Me interesan los personajes que mueven el mundo propio que hay a su alrededor”

David Trueba, rodeado de los actores que protagonizan la película presentada en el Festival de San Sebastián.

David Trueba, rodeado de los actores que protagonizan la película presentada en el Festival de San Sebastián.

El realizador astorgano nos presenta esta entrevista coral con el director de cine David Trueba, y los actores Javier Cámara y Natalia de Molina, con motivo del estreno de la película ‘Vivir es fácil con los ojos cerrados’, proyectada en el Festival de Cine de San Sebastián.

Por JAVIER GUTIÉRREZ (SABERIUS)
(AstorgaRedAcción)

—¿Cuál ha sido el proceso de gestación de tu última película, Vivir es fácil, con los ojos cerrados, una ‘road movie’ en la que abundan los exteriores, mientras que en tu anterior película, los personajes parecían desenvolverse en un espacio angosto, limitado?

—Lo cierto es que casi nunca me he parado a pensar en la conexión entre las diferentes películas que hago, tanto si tienen lugar en un retrete como en el amplio y soleado trayecto hacia Almería… Lo que sí se puede detectar, como nexo de unión, es un recuerdo entrañable hacia algunas películas de los años 60 como La caza, Ditirambo, La niña de luto, y sobre todo Los amores de una rubia… Aunque lo más importante para mí es comprender el carácter de los personajes… No sólo quedarse en la cosmética…

Y en este caso he decidido centrarme en la convivencia entre un personaje de mayor experiencia y dos jóvenes que, por sus circunstancias particulares, se encuentran en la carretera, en el camino hacia Almería. Siempre me ha atraído ese mundo de los jóvenes que lo que quieren es tener su propio destino bajo control, aunque pasado el tiempo echen de menos ese estado de ingravidez… A todas las generaciones les tocó luchar por mejorar el mundo y hay gente que no se detiene ante esta dificultad… El camino te debe llevar a donde quieres… Todos debemos seguir luchando por ello, con independencia de las circunstancias que se vivan… Y aunque al final siempre llegue el otoño…

¿Y el origen de la historia?

—Bueno, el verdadero origen fue cuando en mi familia llamaban a un peluquero para que nos cortara el pelo uno detrás de otro… Uno de los hermanos dejó una nota y se fue de casa tres días, porque se negó a ello… Ahí apareció el periplo de uno de los personajes.

En realidad la película cuenta la crónica sobre la estancia de Lennon en Almería con motivo de la realización de una película. La historia surgió cuando fuimos de visita al ‘museo del cine’ y allí nos contaron que había acudido un profesor que daba clases enseñando a Lennon, y que había escrito la canción que da nombre al título (Vivir es fácil, con los ojos cerrados) con una guitarra de Nylon… Pero el hecho de saber demasiados datos de la biografía del profesor tal vez no fuera de su agrado por lo que decidí conocerlo después. Entonces fue cuando me di cuenta de que respondía mucho más de lo que imaginaba a la idea que tenía del personaje. Se trataba de una persona muy humilde y no tardé en confirmarle: “El que importa aquí eres tú…”

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También sabía la historia de la chica embarazada durante aquella época y cuando tenía todos los personajes le dije a Javier Cámara: “Vas a hacer muy bien el personaje pues pronuncias correctamente el inglés con acento americano…”. Además, al final el profesor es como un cineasta: no puede quitarse el traje. Para el primero toda experiencia de vida se convierte en materia docente y para el segundo todo se transforma en cine…

Hay quien dice que tienes un cierto apego o querencia por las historias de perdedores…

—Nadie consigue el éxito absoluto… Al final algo siempre se escapa de entre las manos… Si aparece un personaje que parece tenerlo todo muy claro (en su visión de la vida, ética y comportamiento) al final acaba descubriendo sus flaquezas (su soledad y frustraciones)… En realidad el hecho mismo de vivir es perder… En la vida uno lo va perdiendo todo: los seres queridos, algunos el pelo… y otros hasta la casa. Todo lo que sube baja y al final nos espera a todos el mismo destino. Lo que más me atrae son las historias de la gente corriente… Que tienen, como todos, sus días buenos y malos… Además, si nos damos cuenta, cada persona con la que nos encontramos tiene una historia que podría ser una película si se cuenta bien…

¿Cómo te definirías como director?

—Soy un director poco expresivo, el equipo debe sufrir tremendas depresiones… Normalmente es la productora la que suele actuar de intermediaria a veces con el equipo… Siempre he pensado que en una película hay que ir poco a poco, como diría Nadal… Me encanta que cuando empiece una nueva película apenas nos conozcamos… No me gustan los ensayos previos, el hecho de quedar con los actores en una oficina… Es más interesante que vayan formando ellos su personaje, por su cuenta… Además, soy un director que simplemente compite consigo mismo…

Mi sensación siempre es la misma: la satisfacción de entregarle al público la película es total… Pero hay que comprender que no sólo importa el éxito artístico. El cine también tiene su parte de negocio lucrativo… Si no no estaríamos haciendo cine… En el fondo también se busca ese éxito en taquilla para poder seguir viviendo como cineasta y poder seguir haciendo cine el próximo año…

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—¿Hay algún rastro en tus películas de algún género o movimiento con el que te identifiques?… A priori cabría encuadrarlas dentro de una suerte de neorrealismo, o de una actualizada ‘nouvelle vague’, por el equipo reducido y la sintonía que existe entre el equipo técnico y el artístico…

—Me interesan las personas y por tanto los personajes que mueven el mundo propio que hay a su alrededor, que luchan por conquistar su libertad y con ello alumbran a las personas que le rodean a que lo consigan… La heroicidad de las personas comunes y corrientes… Los conflictos sutiles hacen películas valientes… En otros países envidian esta libertad que tenemos para hacer este tipo de películas, con esta libertad…

¿…y con alguna otra forma de manifestación artística?…

—En las cartas de Van Gogh a su hermano Teo, le contaba que no había vendido ningún sólo cuadro… Y se decidió a hacer un viaje a Arlés para ver si con los exteriores que podía pintar allí podría lograrlo… Me identifico plenamente y sobre todo con su oficio por vivir… Aunque a veces se trate de sobrevivir…

Javier Cámara

—¿Qué tal están resultando los primeros pases de prueba con espectadores?

J. C. —Yo invité a mi sobrino, a uno de ellos y no hay nada mejor que un familiar te diga que ha sido su personaje favorito de todos los que has interpretado…

¿Qué tal ha sido la construcción del personaje?

J. C. —Es la película que menos he preparado de toda mi vida… Acababa de llegar de Nueva York, tenía tres promociones y dos rodajes. Esta era la quinta película que rodaba en el año y me dio la sensación de que era la que más había pensado. Al ser una ‘road movie’ me iba a llevar a mí también puesto que los personajes van creciendo, vamos descubriendo su belleza a medida que avanza… Se trata de una película río, con lo cual me relajé y he hecho uno de los mejores trabajos de mi carrera… Lo cierto es que el hecho de trabajar con gente tan joven, viajar a Almería, que es un remanso de paz y toda esa sensación de libertad hizo que surgiera la magia…

Y los dramas personales rápidamente se relativizan cuando nos cuenta su historia el catalán al que da vida Ramón Fontseré, cuya historia es verdaderamente terrible… En el fondo, actuar o es muy fácil o es casi imposible… David me podía dar más instrucciones o menos que a los demás, pero al final una historia así y una compenetración como la que vivimos con todo el equipo, es algo que no ocurre todos los días…”

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—¿Cuándo existe una historia sencilla pero muy bien contada, como ésta, la responsabilidad hacia la preparación del personaje aparece en el transcurso de la misma…?

J. C. —Cuando hablamos de los actores que admiramos resulta que nos encontramos con que Manuel Aleixandre hizo 250 películas… Meliès, el mago del cine, hizo 5.000 películas… La única responsabilidad que tenían los actores en estas producciones debía basarse en saber el texto y hacerlo. Por eso cuando un año se acumulan cinco películas y nos abruma, quizás debamos aceptarlo para comprobar, como en la última, que cuando te dejas llevar por la historia, logras los mejores resultados… Desde luego hay que destacar el éxito de crítica y público que tuvo en el festival de San Sebastián…

Natalia de Molina

—¿Qué sentías al interpretar a tu primer papel protagonista?

N. M. —En un principio le tenía mucho respeto, al ser mi primera película… Se creó como una familia, Javier era mi hermano, David mi padre y a mí me llamaban la niña… El miedo se fue disipando y fue saliendo espontáneamente

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