La realidad de la esclavitud desprovista de cualquier concesión

Por JAVIER GUTIÉRREZ, ‘Saberius’

Esta semana nos visitó Steve McQueen, director británico de ascendencia afroamericana, que con tan sólo dos películas, “Hunger” y “Shame”, las cuales lanzaron definitivamente la carrera de su actor fetiche Michael Fassbender, ha logrado por derecho propio un merecido puesto entre los mejores directores actuales.

La película que presenta este año, 12 años de esclavitud”, destaca como un gran fresco sobre esa época siniestra acaecida en el país más poderoso del mundo, a partir de la historia personal de un ciudadano libre que es secuestrado, robado, narcotizado, despojado de su identidad y vendido como una mercancía, desprovisto de todo derecho reconocido, sin que nadie lo pueda impedir ni lograr su rescate durante doce años.

La película se perfila como la gran candidata a afianzarse con los premios más importantes,”Globos de Oro”, “Spirit Awards” e incluso los Oscars de Holywood”.

Además, como el propio director afirma, viene a cubrir un inexplicable vacío en las producciones realizadas sobre el esclavismo, describiendo en esta ocasión hasta dónde es capaz de llegar el ser humano por la explotación material de sus semejantes, en una ambición desmedida que no conoce límites… Algo que era necesario tener en cuenta para evitar posibles reincidencias… Está basada en la obra autobiográfica de Solomon Northup publicada en 1853, tan sólo un año después de su liberación.

Como ocurriera con otros relatos sobre el holocausto nazi y los campos de concentración, tanto la película como la novela que adapta, se distancian de todo maniqueísmo para mostrarnos la cruda lucha por la supervivencia en la que se desdibuja toda disquisición en torno a la moral y la dignidad del individuo, una nueva situación en la que al personaje central se le somete a todo tipo de privaciones y donde, cada vez que comenta su historia, se le aconseja: “si quieres sobrevivir, haz y di lo menos posible…”

Resulta un acercamiento valiente y coherente, capaz de ahondar sobre la complejidad de la dialéctica amo/esclavo, describiendo una amplia galería de patrones con las diversas perspectivas que los mueven, haciendo oscilar al protagonista entre la posibilidad del diálogo y la negociación respecto a quienes se muestran más comprensivos y benevolentes, ofreciendo su colaboración en ocasiones y tratando de justificarse ante sus compañeros de infortunio, una actitud en ocasiones amargamente reprochada por ellos debido a una incomprensible sumisión o complacencia, que él justifica con la supervivencia, alejándose así de la desesperación, ofreciendo su talento a los amos que se lo permiten, manteniendo esa fortaleza de ánimo necesaria para sobrevivir hasta recuperar la libertad.

Aparecen patrones como Ford (interpretado por Benedict Cumberbatch), que permite su asesoramiento y con el que mantiene una relación próxima a la amistad, recibiendo incluso regalos como el de un violín; el juez Turner, que le ofrece mantener un cierto beneficio por su trabajo, hasta Edwin Epps (Michael Fassbender), con arrebatos de brutal sadismo inspirados por su naturaleza atormentada.

El trabajo enérgico, sensible y talentoso de Chiwetel Ejiofor, que ya participara en un personaje secundario de Amistad” de Spielberg”, centrada en la rebelión de los esclavos, nos transmite con inusitada intensidad el drama personal del propio escritor de la obra, y lo jalona de insuperables matices que aportan un añadido de autenticidad en su peripecia vital, lejos de toda emoción fácil o sensiblería caracterizadora de este tipo de producciones, de lecturas compasivas o alentadoras de venganza, forjando una actuación tan expositiva y naturalista como el propio carácter de la novela.

No hay que olvidar la contribución esencial de otros actores de la talla del mencionado Cumberbatch, Paul Giamatti, Paul Dano, Brad Pitt, coproductor y personaje que hará realidad el regreso de Solomon a la libertad, junto a las increíbles interpretaciones de Lupita Nyong’o y Alfre Woodward para los papeles femeninos.

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Esta es la entrevista…  

Javier Gutiérrez.- ¿La idea de materializar una película tan monumental sobre la historia de la esclavitud en Norteamérica, surgió de la necesidad de revisar algunos tópicos preexistentes en la sociedad norteamericana o de cubrir la prolongada ausencia de este tipo de producciones a lo largo de la historia del cine, al menos con semejante rigor histórico?

Steve McQueen.- Surgió efectivamente por la inexistencia casi absoluta de una película que hiciera honor a todo lo que sucedió durante la época de la esclavitud con el duro trabajo en los campos de algodón y en las grandes haciendas de los estados esclavistas. En realidad se ha escrito muy poca literatura al respecto. Durante estos últimos años he estado muy pendiente de todas las novelas que se habían publicado sobre este tema, pero fue mi mujer quien leyó la novela biográfica de Solomon Northup y me advirtió de ella. Yo no podía comprender cómo aún no había sido capaz de leer una novela así, y durante un tiempo me estuve reprendiendo por ello…

J. G.- ¿Películas como “Amistad” o “El color púrpura” de Spielberg, las alusiones en los filmes de Spike Lee, algunos pasajes de otras más recientes como “El mayordomo”, series como “Raíces” (quizás la que mejor lo ha logrado) o “Norte y Sur” posiblemente no llegaran a tratar desde dentro, con la adecuada dimensión, la lacra que padecieron durante décadas miles de afroamericanos?

S.Mc.- Yo mismo he tenido familiares directos que han pasado por esa terrible e injusta experiencia y sentía que de alguna forma se lo debía… En realidad soy director de cine gracias a todo lo que ellos pasaron… Y es cierto que los acercamientos previos apenas han profundizado en esta vergonzosa época que padecieron nuestros antepasados… En proporción con las películas que han abordado otros temas como la guerra de Secesión o conflictos controvertidos como la guerra del Vietnam, seguía sin haber apenas películas que trataran la época de la esclavitud por una parte sin censuras sobre los hechos e historias marcadas por el dolor que infligieron a tantas familias por el único motivo del color de su piel y por otra con el debido respeto y la dignidad de quienes lo sufrieron.  No existen apenas producciones que describan situaciones reales de lo que en estas haciendas estaba ocurriendo… Además, también se trata sobre una reflexión en torno a las repercusiones de la esclavitud, especialmente en un país como los Estados Unidos, marcado recientemente por cifras inimaginables de desempleo, sobreabundante población carcelaria y en centros de salud pública y mental, excesivos crímenes con armas de fuego, efectos devastadores del tráfico y consumo de estupefacientes, etc…

Me gustaría con esta película preparar al espectador para que comprendiera cómo se ha llegado a esta situación…

J.G.- ¿Es importante el punto de vista desde el que esté narrado?

S.Mc.- Es clave, fundamental. En efecto conocíamos a través de las pocas películas que se habían realizado en torno a la esclavitud, con todo lo documentadas que estuvieran, la visión del director blanco, incluso aunque el filme fuera de denuncia social. Spike Lee y otros directores se habían acercado al tema del racismo, pero al de la esclavitud tan sólo de forma tangencial… Por eso la importancia de esta novela autobiográfica, que retrata un caso real ocurrido en 1841, de un ciudadano neoyorkino, libre y culto, que fue secuestrado con la excusa de que sería contratado como violinista y vendido en otro estado a estos traficantes de hombres… Sentí la necesidad de contar esta historia auténtica, desde la perspectiva de alguien a quien se le priva, de la noche a la mañana, de todos sus derechos y sobre todo de su libertad… A pesar de clamar insistentemente por su identidad…

J.G.- Llama la atención el detalle y la concreción que se nos muestra en la película…

S.Mc.- Sí, decidí ceñirme al texto lo máximo posible, sin modificar apenas nada y procurando conservar la mayor parte de las anécdotas que se describen.

J.G.- Quizás tan sólo los capítulos finales dedicados al juicio contra quienes le secuestraron, vendieron y los que después le sometieron a todas las vejaciones…

S.Mc.- En efecto, esa es la última parte que podía alargar demasiado la película y hacer que perdiera fuerza lo que anteriormente narraba, con lo cual decidí resumirlo con texto al final de la película, pero no eludirlo, ya que era muy importante que el espectador supiera que a pesar de todo el empeño de Solomon por ser de alguna forma compensado por esas atrocidades mediante un juicio justo, los responsables nunca fueron condenados, jamás existió una sentencia justa, so pena de que nunca pudo probarse ninguna de las acusaciones, otro motivo que nos hace pensar sobre la supuesta independencia de los tribunales en aquella época… Algo que se ha podido heredar hasta nuestros días…

J.G.- Otro de los aspectos más asombrosos de la película es su estética, la filmación casi pictórica, bucólica, de los extraordinarios parajes de Louisiana, con los sauces mecidos por el viento y los pantanos selváticos que los abrazan, envolviéndoles con sus meandros de aguas calmas y susurrantes, como si se tratara de una mágica danza bajo cuya hechizadora y enigmática belleza pudieran producirse los mayores atrocidades, el horror…

S.Mc.- En realidad el mal anida en la naturaleza humana y por ello puede materializarse en medio de los paisajes más hermosos, como a veces ocurre en días soleados y plácidos… Quizás esa belleza quedaba retratada en las pinturas de entonces, aunque jamás lo que realmente sucedía… El cometido de esta película de alguna forma era sacar a la luz todo aquello además se describe en la novela…

J.G.- ¿Ha habido una preocupación mayor por relatar todo lo sucedido antes de apelar a la emoción o a lo sentimental?

S.Mc.- En esta película el sentimiento nace de la honestidad con la que viven estas situaciones aberrantes sus protagonistas. Desde el mismo casting buscamos actores que nos transmitieran con su aspecto y personalidad, con su forma de interpretar, esa calidad humana y esa forma de aceptar el destino más adverso de la manera más honrosa posible, dentro de cada situación a la que eran sometidos…

J.G.- En ese sentido existen importantes pruebas, como cuando al protagonista le obligan a latigar a la persona por la que ha sentido más aprecio y empatía, tan sólo por hacerse con una pastilla de jabón para satisfacer una única necesidad humana por la higiene tras su inhumana jornada de trabajo… O a consolar a la madre que han separado de sus hijos para venderlos casi como animales, y hacerle comprender que a pesar de su profundo dolor debe mantener primero la calma y después la esperanza, actuar con fortaleza para tener probabilidades de reencontrarse con ellos… O el hacinamiento y las pavorosas condiciones en las que les obligaban a sobrevivir, al límite de la extenuación y de la inanición… O las numerosas ocasiones en que el propio protagonista, Solomon Northup, estuvo a punto de perder la vida por el ensañamiento de algunos subalternos, movidos por la envidia ante sus consejos y consideraciones hacia el patrón respecto a determinados cometidos, poniendo en práctica su condición de ingeniero. En concreto, el intento de linchamiento y posterior ahorcamiento por parte de los secuaces, sin que ninguno de los esclavos pueda hacerle descender de la soga, manteniéndose con vida al permanecer de puntillas en contacto con la tierra, tan sólo aplacando en contadas ocasiones su sed, como testigos impasibles de su prolongado sufrimiento, a lo largo de un día entero, in extremis, pendiendo de la rama de uno de estos sauces milenarios…

La cámara se detiene en estos momentos para mostrar la cruel dilatación del tiempo cuando está en juego la propia vida mientras el resto de esclavos cumplen con sus labores sin que puedan emprender una sola acción por socorrerle… O el encuentro con otros ahorcamientos en vivo, en su fallido intento de huida, lo que le hace recapacitar sobre su decisión y mostrar la chapa con el nombre de su propietario, encarnado por Michael Fassbender, habitual en tus películas, gracias a la cual sería devuelto a lo malo conocido, antes de caer en lo abominable… 

Otra secuencia que abre un marcado interrogante en el transcurso de la narración, es el momento en el que un plano se congela sobre la mirada de Solomon, cuando acaba de contarle la historia de su verdadera identidad al amish que trabaja con ellos en la construcción de un nuevo pabellón, al que da vida Brad Pitt,  quien le asegura que es su deber ayudarle y poco tiempo después aparecen al fin en su búsqueda, junto a representantes de la administración y la justicia que le reclaman… Es el final de un infierno personal, pero siempre nos quedará esa imagen detenida en el tiempo… 

S.Mc.- Eso es… Quizás sean todos ellos los momentos más importantes de la película… Era necesario, una vez más, que todas y cada una de estas historias y su veracidad primaran sobre otros efectos emocionales. El sentimiento en esta película es más sincero porque parte de cómo éste personaje vive y se sobrepone a todas estas inhumanas situaciones…

Sobre la dura escena del intento de ahorcamiento ésta refleja la esclavitud mental, la pasividad que demuestran los otros esclavos es debida a que no le pueden tocar porque si lo hacen rápidamente serían colgados a su lado, lo que me proponía con esa escena era el hecho de poner en imágenes la tortura física y mental. En cuanto al plano fijo y mantenido en el tiempo que comentas, casi al final de la película, no sólo se trata de un cambio de ritmo que pueda aportar una cierta originalidad a la narración… Hay que tener en cuenta los precedentes… Todo lo que le puede estar pasando a Solomon por su cabeza; no hay que olvidar el intento inicial por enviar una carta desesperada mediante un compañero en el que había depositado su confianza y que finalmente terminaría delatándole… Esto podía volver a ocurrirle… Sobre todo cuando una de las máximas dentro de aquella hacienda era: “Aunque todo tu relato e identidad sean auténticos, aunque tu pasado fuera bien diferente, lo mejor que puedes hacer es mantenerlo en silencio… Si no podrías sufrir consecuencias aún peores…” Es, por tanto, un momento en el que se debate consigo mismo, sobre si esa forma de proceder al contar su verdadera historia ha sido la acertada, y además este tipo de momentos que se repiten a lo largo de la narración, nos aportan la importancia de su punto de vista, sus momentos de soledad, de incertidumbre, al margen de que esos instantes puedan cubrirse o no con montajes paralelos, para mantener la acción… Aquí es más importante el debate interior del personaje que otro tipo de impactos… Se trataba de no hacer concesiones efectistas de ningún tipo…

Todo debe surgir del drama personal de Solomon Northup, tal y como lo vivió, para mostrar aquella realidad, desprovista de toda concesión…

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  1. Pingback: “”12 años de esclavitud” reconocida con el Globo de Oro a la mejor película | Tam-Tam Press

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