Lo que suma el resto

"Artista cansado". © Rita Rodríguez 2012. (Frame del vídeo cortesía de la artista).

“Artista cansado”. © Rita Rodríguez 2012. (Frame del vídeo, cortesía de la artista).

Por RITA RODRÍGUEZ

No sé qué es el arte de acción ni la performance y creo que prefiero no saberlo. Podría, como Esther Ferrer, decir que se trata de un OVNI, pero creo que la mejor manera de hablar de ello es desde mi propia experiencia, en mi caso, retrotrayéndome a cómo yo me introduje en estas prácticas. Me gustaría aclarar, de entrada, que en todo caso, yo entiendo mi trabajo, mi obra, como escultórica siempre.

El primer contacto consciente fue en Londres, donde casualmente conocí a un grupo de gente que estudiaba Bellas Artes, pero cuyo interés radicaba, sobre todo, en el ámbito de la acción. La profesora que los introdujo, Dagmar,  era una artista alemana que impartía talleres ocasionalmente en la facultad de Kingston.

(Es importante resaltar que durante la carrera, en Pontevedra, me había ido dando cuenta de que a pesar de disfrutar y aprender, notaba que mis necesidades a la hora de trabajar en mis piezas iban en otro sentido.)

Entre estas personas, con este grupo, me sentí identificada y me uní a ellos siguiendo talleres en distintos lugares.

Esta performer, la organizadora de los “workshops”, siempre procuraba un trato muy cercano y en cada trayecto nos iba poniendo en situación.

Nos llevaba a un edificio abandonado, a una antigua fábrica… Lugares especiales, previamente elegidos por ella.

Una vez allí continuábamos hablando del lugar, de lo que había sido, y luego juntos cerrábamos los ojos durante unos minutos para, sin hablar, dispersarnos por el espacio y naturalmente escoger algún lugar en el que hacer algo. Una de las cosas que me venían a la cabeza a la hora de encontrarme con ese lugar era lo que antes había dicho nuestra profesora: que lo único importante era usar las cosas no para lo que estaban predestinadas… Creo que se trataba de pensar mucho, pero a la vez, hacerlo muy rápido. Era como pensar dilatadamente en un tiempo comprimido para llegar a una comunicación con el espacio conmigo misma y, a veces, con los otros.

Solía consistir en eso, en usar un objeto abstraerlo de su realidad y dialogar, mediante su uso, con el espacio.

Cada uno iba haciendo lo que le salía en el momento que fuese… y sin salir de tu concentración. Al final te dabas cuenta  de que, de la mano de la directora, los otros se habían acercado para verte, o viceversa.

La sensación de aprendizaje era total pero no éramos ni espectadores ni (ejecutores) actores, sino nosotros mismos, es por ello que se vivía como un terreno del aprendizaje total.

Luego, en las comidas, hablábamos más y nuestra tutora nos hablaba de Grotowsky, de su filosofía, de su método y de cómo ella lo llevaba a nuestro campo de interés. Nos repartía textos del pensador y después de cenar algunos salíamos juntos y otros se iban a dormir (en lugares que ella misma nos buscaba para también estar juntos, en la medida de lo posible.)

Así cada taller se convertía en una experiencia completa que sería como un gran hermano de la performance. Luego nos reunimos, algunos de los “seguidores” de esta artista que nos instruía, para hacer performances en algunas galerías y festivales.

Desde este momento, y a mi regreso, todo cambió notablemente, no en cuanto a mis intereses y forma de comunicar, sino en cuanto a la pérdida de complejos a la hora de hacer y presentar mi trabajo como me salía.

La presencia de mis trabajos era [tratándose de esculturas] muy liviana: unas cuantas fotocopias con mi cara impresa intervenidas, un bastón y un tablón al lado lleno de fotos de diferentes manos sosteniéndolo con un guante, una bola de plastilina de colores con una cámara enfocándola en una esquina, unas siluetas en la pared con un metro al lado, una frase en la pared… El peso recaía en lo ocurrido en el proceso, estas piezas eran los restos de una acción presentados en el espacio expositivo. Además, en la mayoría se podía notar una gran implicación de gente, lo que dotaba de una característica estructura interna a estos trabajos.

Ya hacía tiempo que denominaba a mis obras como RESTOS.

La idea del resto, qué tanto tiene que ver con la acción, tiene que ver también con la POESÍA, que es el género más libre y (se) crece entre metáforas, elipsis, hipérboles… El resto es una elipsis, es la huella de  la acción y  como ausencia de una presencia, trae una nueva experiencia al ser exhibida.

Al final, en realidad el arte de acción es poesía como toda forma de arte es poesía.  La poesía juega con todo lo posible y lo imposible en una danza que, tras su suavidad, tras movimientos lentos, esconde un andamiaje de conceptos imposibles de explicar de otro modo. La poesía es arte, escultura y acción, es la vida y la vida es la obra y la obra es la vida de cualquiera…

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