Los Oscars del cine español

Foto de familia de los premiados este año con los Goya.

Foto de familia de los premiados este año con los Goya.

Por ANTONIO BERMEJO PORTO

En el momento de escribir estas líneas se celebra la 28 edición de la Gala de los Premios Goya, en la que una denominada Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (todo con letras capitulares) otorga lo que los complacientes medios de comunicación denominan pomposamente los oscars del cine español, quizá pensando en paralelismos tan evidentes como los de Ben-Hur y Mar adentro (películas más premiadas) o Carmen Maura y Verónica Forqué y Katharine Hepburn e Ingrid Bergman (actrices más premiadas).

En las dos ocasiones anteriores compareció el Ministro de Cultura Sir Wert, siendo recibido con pitos en la primera y con pitos y discursitos en la segunda. Así, Lady Maribel Verdú, le espetó que hacía tres años que no trabajaba y que había visto morir a su padre en un hospital público donde no había mantas para taparlo y le tenían que llevar agua, asuntos estos últimos ajenos a la cartera del increpado. Este año se ha excusado con una visita al responsable británico de universidades (¿Qué esperaban, otro remake?) provocando la indignación de un gremio que en plena crisis ha llegado a obtener más dinero por subvención que por taquilla (incluyendo la cíclica exaltación de la caspa del Torrentazo) aunque las cuentas que hacen unos y otros sí que son un laberinto y no el del fauno.

Siendo justos ha de indicarse que la causa de la desertización de las salas donde se programan películas españolas, no es solo el hecho de que para gran parte de los espectadores el cine nacional sea un coñazo sobre temas sin interés. También los canales especializados de televisión y el todo gratis de internet junto con los televisores como puertas y las pantallas como sábanas, han ido expulsando de los cines incluso a los convencidos de que nada hay mejor que la pantalla gigante, el sistema dolby y las palomitas.

A los devotos de películas anglosajonas anteriores a los 80 nos acusan de alienados culturales separados de la realidad, quizá por que en el buen cine y durante casi dos horas, los problemas son de otros. Pero es que –parafraseando a Sir Alfred Hitchcock– no se trata de que el cine sea un trozo de vida, sino un pedazo de pastel.

  1. FERNANDO CAYO

    Donde dices Maribel Verdú deberías decir Candela Peña. Y por favor basta de tópicos sobre el cine español. Le estamos bailando el agua a los ultras de la caverna.

  2. Como dijo David Trueba en la gala, en el cine español trabajan (y en este momento hay muchos que no trabajan por culpa de la crisis y del 21%…) miles de personas, llenas de ilusión, que además votan a todos los partidos.
    Y como digo yo, aquí, como en cualquier otro país, y como en cualquier otro campo artístico, hay películas magníficas y películas repelentes… Ver es elegir… y todo depende de qué veamos y de qué conozcamos o queramos conocer… Tenemos directores, guionistas, actores, cámaras, técnicos, productores… que son buenísimos, y podría hacer una lista enorme de películas magníficas, aunque sí, también podría hacer una lista de películas infames, pero no pienso molestarme en esto último… Prefiero dedicar mi tiempo a ver pelis y proyectos que merecen la pena.

  3. Coñazo..? temas sin interés..? Los gustos rompen los géneros. No te estarás “proyectando”.. ? huy..!!
    El cine, como cualquier industria, tiene productos con diferentes calidades , para diferentes gustos, expectativas y umbrales de experiencia.
    No me imagino a los periodistas especializados en el mundo del automóvil menospreciando el trabajo de esa industria por no coincidir , en sus gustos personales, con diseñadores, ingenieros o responsables de marketing.
    Sirve pensar que el paradigma de otros países no es comparable con la realidad creativa, productiva y de consumo de este, pero es indudable que los “premios” ayudan a acercar al publico a la creación y podemos considerarlos como un precio asumible o un mal menor. Por otra parte los estímulos corporativistas , si no se convierten en endogámicos, elevan la moral y sirven para el obligado networking. Sería bueno tener una visión un poco mas estratégica de lo que supone que el propio sector de la cultura se enmierde a si mismo.

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