“Gravity”, de Alfonso Cuarón, triunfa en la 86 edición de los Oscars

"Gravity", de Alfonso Cuarón.

“Gravity”, de Alfonso Cuarón.

El director de cine astorgano Javier Gutiérrez, “Saberius”, disecciona la película de Alfonso Cuarón, “Gravity“, la gran triunfadora de la 86 edición de los Oscar. Con esta historia de supervivencia en el espacio el director mexicano no sólo ha obtenido siete estatuillas, también se ha convertido en el primer latino en alcanzar el premio al mejor director.

Por JAVIER GUTIÉRREZSABERIUS’
Desde astorgaredaccion.com

Finalmente han recaído en ‘Gravity’, la película de Alfonso Cuarón, la mayor parte de las candidaturas a los Óscars de Hollywood, al lado de esta merecida contribución a una de las obras cumbres de la ciencia-ficción contemporánea más próxima a la Ciencia, al progreso y a su trasfondo social, como ocurría con la película ‘Contact’ que ilustraba en imágenes el deslumbrante guión de Carl Sagan.

El filme de Alfonso Cuarón, avalado por las solventes interpretaciones de Sandra Bullock y George Clooney, deslumbra sin embargo por su impecable factura técnica, que lo asocia directamente con producciones como ‘2001, una odisea del espacio’, y no obstante refleja antes que el espíritu de esta colosal space opera, el de las producciones fantacientíficas de serie B que predominaban durante los años setenta, con argumentos alternativos, desde el ecologismo a ultranza que emanaba ‘Naves misteriosas’ de Douglas Trumbull hasta el guiño a la robótica que adquiere voluntad propia mientras propicia una suerte de homenaje al propio cine histórico en ‘Almas de metal’ de Michael Crichton, tal y como ya ocurriera con el ‘Hal 9000’ del mencionado filme de Kubrick.

En efecto, la estación espacial y las cápsulas que les transportan, así como los propios trajes diseñados por la NASA, parecen adquirir un libre albedrío y aliarse con las circunstancias fatídicas para complicar a lo largo de todo su metraje esa experta demostración del cometido llevado a cabo por dos científicos subcontratados para el mantenimiento y la reparación de daños en la plataforma aeroespacial y lanzadera ‘Shuttle Explorer’, que orbita a 600 kilómetros sobre el planeta tierra, en medio de un silencioso abismo cuya temperatura fluctúa entre los +125 y los -100 grados Celsius, sin canal de comunicaciones que transporte el sonido, sin presión del aire ni oxígeno.

En ese insólito lugar, la doctora Ryan Stone, brillante ingeniera especializada en medicina y astronauta especialista, que por primera vez se enfrenta a una misión espacial en un transbordador, encarnada por Sandra Bullock, se halla unida a un brazo robótico mientras instala un nuevo sistema de escaneado en el telescopio Hubble. Junto a ella se encuentra el veterano astronauta Matt Kowalsky, quien debe guiar, supervisar y proteger la misión y velar por la integridad física de ambos, al que da vida George Clooney, en su último periplo sideral antes de su retiro… Kowalsky intenta infundir serenidad y confianza en Stone, cada vez más molesta por los condicionantes de la falta de gravedad y del oxígeno racionado, por mor de un experimentado conocimiento de estas misiones y gracias a las garantías que parece ofrecerle una nueva mochila cohete que le deja volar sin las restricciones del anclaje habitual.

La paradoja surge cuando en un paseo rutinario de reconocimiento, debido a las partículas descontroladas de basura espacial que vagan por los alrededores, se desencadena la tragedia… La demolición intencionada y descontrolada de un satélite obsoleto ha provocado que algunos fragmentos afilados que habían sido despedidos, vaguen por el espacio provocando una reacción en cadena que sitúa un campo de escombros en continuo crecimiento en la trayectoria de colisión con la Explorer…

El impacto final resulta catastrófico: tanto la lanzadera como el transbordador quedarán destruidos, sometiendo a Stone y Kowalsky, únicos supervivientes de la masacre, a una feroz lucha por la continuidad de sus vidas cuando toda comunicación con el Control de la Misión ha desaparecido…

Al principio se hallan obligados por el azar a permanecer unidos mediante el cable que los sujeta como si fuera un cordón umbilical, con sus ventajas y desventajas, hasta que llega a convertirse en un sino fatídico, y más tarde, viéndose forzado Kowalsky a tomar una decisión salomónica para aumentar las probabilidades de salvación de la joven ingeniera, decide desprenderse del mismo…

Existen numerosos síntomas que los habían alejado de todo contacto con la tierra y de las posibilidades de un rescate cada vez más incierto: la lluvia incesante de objetos que los golpea contundentemente, la escasez del oxígeno a medida que transcurre el tiempo en una lucha contrarreloj que juega en su contra, y cuanto mayor es el pánico más oxígeno se consume mermando exponencialmente las opciones de mantenerse con vida, hasta que un silencio aterrador hace su aparición para confirmar las peores sospechas de un aislamiento casi absoluto…

Sus existencias dependían de una eficaz adopción de resoluciones que deben dirimir la pervivencia de unos o de otros; en último caso, cuando tan sólo uno de ellos permanezca, una decisión errónea supondrá el fin…

Ante esta perspectiva, la doctora Stone deberá utilizar sus mejores destrezas y apelar a la diosa Fortuna, como si de un Robinson Crusoe del espacio exterior se tratara, para hallar una solución y encontrar la salida casi imposible de ese infierno situado en las alturas…

"Gravity"

“Gravity”

La coreografía del movimiento, la complejidad de los planos secuencia perfectamente ensamblados junto a la continuidad de una historia que avanza a medida que surgen y se ramifican las complicaciones y los desmanes provocados por los deshechos y piezas sobrantes de los ingenios astronáuticos, arrojan luz sobre el lado oscuro de la carrera espacial como culminación a una de las mayores ambiciones de nuestro tiempo; la cara y la cruz de esta sinfonía de acciones acompasadas y finalmente arruinadas por las abruptas colisiones que irrumpen en escena, forman un todo que evocan una vez más a Kubrick y al mismo tiempo eleva un mensaje sobre el paralelismo entre el avance científico y la falta de cuidado o escasa previsión ecológica e higiene ambiental, un asunto de máxima urgencia que precisamente pone en peligro la mayor parte de esos avances, amenazando incluso su continuidad…

Y más allá de estas interpretaciones el discurso se podría extrapolar a toda línea de pensamiento y legislación que concede prioridad al lucro económico por encima de la preservación de estas condiciones para permitir un progreso más sostenible… Ésta tesis se sustenta y refrenda incluso con la aparición de las patéticas condiciones laborales que debe soportar la doctora a pesar de la complejidad y peligro que entraña su trabajo, un mal que se padece en nuestros tiempos y que con el paso del tiempo parece recrudecerse, como ocurre en la propia esfera espacial, en las antípodas de los astronómicos presupuestos que se dedican a la totalidad de los ingenios aeroespaciales de elevadísimo coste y mantenimiento; una lacra actual que exime hoy día a pocos trabajadores, por muy alejados que se encuentren de nuestro planeta…

Las siempre controvertidas cuestiones de índole social se podrían sumar a otras que se producen en nuestro propio planeta: la pugna por las reservas petrolíferas y por la prioridad en el precio del barril de Brent que sustituyen a la antigua ‘carrera espacial’ y que ha propiciado primero las interesadas incursiones en Oriente próximo y más tarde la reiteración de la técnica del ‘fracking’ resultante en un cierto liderazgo por la producción, aumento y control de los precios por parte de la potencia norteamericana sin tener en cuenta las consecuencias que a largo plazo puede constituir esta técnica de extracción en el medio ambiente. No debemos olvidar que las alteraciones artificiales de la corteza terrestre han provocado en diversos puntos del planeta desastres geológicos y atmosféricos como terremotos, sunamis o expulsiones irregulares de magma volcánico.    

En las intenciones del realizador, también guionista y coproductor, así como en las de los propios intérpretes, residen tanto la necesidad de ofrecer una nueva visión contemporánea de estas misiones como alumbrar éste aspecto de denuncia social.

El propio director declaraba cómo “siempre había sentido fascinación por el espacio y por la idea de explorarlo. Por un lado hay algo mítico y romántico en la idea de separarte de la Madre Tierra. Pero en muchos sentidos no tiene sentido estar ahí fuera cuando la vida está aquí abajo. En este mismo momento, orbitando a cientos de kilómetros sobre la Tierra, hay gente trabajando en un lugar donde hay muy poca separación entre la vida y la muerte. Los peligros inherentes a los vuelos espaciales han crecido en las últimas décadas desde que empezamos a aventurarnos más allá de nuestra propia atmósfera… y esos peligros crecientes son obra del hombre. La basura de misiones anteriores y satélites difuntos han formado un campo de escombros que pueden causar el desastre en un instante. La NASA ha dado un nombre a esa posibilidad: el síndrome de Kessler”.

El coproductor David Heyman también lo confirma: “Es un verdadero problema. Cada tornillo o trozo de basura que ha sido soltado o abandonado está orbitando a una velocidad increíble y cuando colisionan, crean aún más deshechos. Es una amenaza de muerte para los astronautas, las naves espaciales y, posiblemente, también para nosotros en la Tierra”.

Sandra Bullock solicitó información sobre este problema a los afectados y declaró: “Solía pensar que los astronautas querían ir al espacio por la emoción y la aventura. Cuando hablé con ellos, sin embargo, me emocionó mucho su profundo amor por ese mundo y por la belleza de la Tierra desde su perspectiva, viendo los océanos y las cadenas montañosas y las luces de las ciudades. Es increíble darse cuenta de lo pequeños que somos en este gigantesco universo… Pero esa exploración también ha traído sus consecuencias: es desgarrador pensar no sólo en la destrucción de este planeta, sino también en lo que no vemos: la basura que está literalmente orbitando sobre nosotros…”

George Clooney afirmaba: “Crecí con la carrera espacial; soy un hijo de esa era. Siempre me ha encantado la idea de la exploración espacial y me asombra la gente que la lleva a cabo. Realmente son los últimos grandes pioneros que quedan”.

El ritmo medido y el suspense mantenido a lo largo de todo su metraje rubrican una genialidad más, unida a los momentos de calma y fabulación que la propia mente construye cuando escasea el oxígeno y el personaje de Ryan Stone, transformado en el interlocutor único, se ve abocado, una y otra vez, a despedirse de su existencia como una suerte de determinismo para hallar la salvación definitiva…

En su psique permanece la imagen de Kowalsky como una reaparición que no resulta del todo confirmada por la realidad de los sentidos, por el empirismo de las percepciones sensoriales, con un nuevo guiño cinéfilo que evoca a Solaris, de Andrei Tarkovski, y que eleva una última cuestión de carácter casi metafísico, tal y como ocurría en la aludida Contact, basada en el hermoso texto de Carl Sagan: “¿Es posible, a través de la esperanza y de la confianza en la grandeza y en las posibilidades del individuo, ganar la partida a la incertidumbre de la existencia?…”

Un Comentario

  1. bernardo martinez

    De acuerdo con todo. Para mi la película se estropea por el lado “sentimental”, rozando la ñoñería, y sobre todo se estropea por el uso de la música, que me parece una auténtica horterada.

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