Dioni Arroyo: “Me fascina la capacidad de Dostoyevski para penetrar en las quimeras humanas”

El escritor vallisoletano Dioni Arroyo

El escritor Dioni Arroyo Merino.

Por JOSÉ MANUEL CARRIZO
Desde astorgaredaccion.com

Dioni Arroyo Merino es un escritor nadido en Valladolid en 1971. Licenciado en Antropología y diplomado en Educación Social, en el año 2012 publicó sus primeras novelas: “Los ángeles caídos de la eternidad” y “Metanoia”, por esta última recibió el Premio Éride en su quinta edición. También cuenta con el Premio Tardis de Novela Interactiva por su relato “El Protocolo”. Su última novela, publicada ya casi a finales del 2013, se titula “El sabor de tu sangre”. No hay más que escucharle hablar de sus novelas para darse cuenta de que la literatura es su pasión, su verdadera vocación.

Podemos comenzar por conocerte un poco. Sin duda, tu vocación, o al menos una de tus vocaciones, es escribir; pero no sabemos si has logrado hacer de esta actividad tu profesión, o si, por el contrario, para poder vivir, necesitas dedicarte a otra cosa, porque la escritura de momento no te da para tanto. Háblanos un poco de todo esto.

La literatura es una de mis más importantes vocaciones, y sin duda alguna, a la que dedico más tiempo. De momento es un oficio, no una profesión, porque aunque haya conseguido publicar varios libros en condiciones de mercado, aún no podría vivir dignamente de este oficio. En nuestro país son contados los escritores que pueden dedicarse únicamente a escribir. La mayoría sobreviven principalmente por artículos que publican, reportajes, conferencias, charlas… o adelantos económicamente ventajosos por encargos de libros futuros. Digamos que en mi caso, estoy en una fase embrionaria de ese proceso.

Colaboro en varias revistas digitales y recibo réditos por los tres libros que tengo publicados, pero todavía debo trabajar como funcionario de la Admón del Estado para llevar una vida normalizada. Compagino ambas actividades como puedo, reconociendo que “vivo sumido en un eterno caos”, pues la vida de un escritor exige que lleve a cabo múltiples actos y presentaciones por toda nuestra geografía, así que os podéis imaginar lo complicado que es vivir de esta forma.

La obra literaria de alguna manera se nutre de las experiencias vitales del autor, y también de sus lecturas. ¿Tus novelas de qué se han alimentado más, de tus vivencias o de tus lecturas?

Al final escribimos de aquello que conocemos, y un libro siempre es una prolongación de uno mismo, de sus inquietudes, anhelos y esperanzas. Es una puerta abierta al subconsciente, emergemos nuestras pesadillas y deformamos la realidad. En este sentido, tal vez el peso de las anécdotas de mi vida tenga un peso mayor, aunque a corta distancia están las enseñanzas de los grandes libros que han marcado mi vida. Podría decir que los libros son una guía para el argumento de mi novela, el esqueleto que lo compone, pero el contenido, el cuerpo, se llena de las vivencias del decurso de mi vida.

¿Consideras que un escritor tiene que ser también un buen lector o entiendes que no es necesario?

En los años setenta había una corriente de escritores, muy arrogantes desde mi punto de vista, que defendían la posición de que no era tan importante leer mucho para poder escribir con respetable calidad literaria. Soy muy crítico con esa manera de pensar. Considero que es fundamental ser un gran lector, devorar decenas de libros, estar siempre acompañado de un buen libro. El noble oficio de escritor, es un continuo aprendizaje, y nunca concluye. Si pensáramos que alguna vez hemos pasado la ‘reválida’, dejaríamos de aprender y nos estancaríamos. Por ello, un oficio tan artesanal, debe alimentarse de la lectura constante y permanente. Hay que leer muchísimo, nos permite soñar, inferir teorías, extraer conclusiones, desarrollar nuestras habilidades sociales, empatizar con los personajes creados por otro escritor… y sobre todo, ser conscientes de que somos humildes aprendices en formación continua.

—El amor, como se sabe, es uno de los temas más recurrentes en la literatura. En tus novelas también está muy presente. ¿Por qué motivo?

El amor es el mayor acontecimiento en la vida del hombre. Nos alimenta a diario, nos da razones para vivir y seguir luchando, y es natural que se refleje en nuestra vida cotidiana, y también en los libros. Mi primera novela, ‘Los ángeles caídos de la eternidad’ (Éride ediciones 2012), relata la historia de dos jóvenes que cometen un crimen. Está redactado desde su punto de vista, y lo más interesante de la trama, es la evolución de sus personajes, fundamentalmente, de la pareja protagonista. En todas sus decisiones, el amor jugará un papel prioritario, y marcará el ritmo de los sucesos que se desarrollen. Como en la vida, la mayor parte de las decisiones que tomamos, las llevamos a cabo motivados por el sentimiento, no por la razón. Los sentimientos y el amor, poseen una fuerza ilimitada, y tratar este tema en una novela tiene mucho de seductor, despierta siempre el interés del escritor y también de los lectores. No concibo una novela sin amor, sería un argumento sin alma, me resultaría tan árido, que soy incapaz de plantear un texto tan vacío. Es importante dotar una trama de amor en todas sus múltiples facetas, desde la amistad, el romanticismo, la pasión, el sexo… es un tema muy rico en matices que siempre enganchan a las personas.

—Metanoia es una de tus novelas. Está ambientada en una sociedad futura, que más que una utopía, parece una “distopía”. ¿Es esta novela una crítica a nuestra sociedad de ahora, un aviso de que si no cambiamos las cosas nos va a ir muy mal en un futuro?

Con ‘Metanoia‘ me coloco en el peor de los escenarios posibles. Por ello se trata de una distopía. También he procurado dotar su historia de un argumento realista y convincente, prolongando la crisis actual a lo largo de los años, imaginando lo peor que puede suceder dentro de lo más probable que ocurra, y a partir de ahí, la esperanza como telón de fondo. De hecho, metanoia es un término procedente del griego clásico, que se podría traducir como de ‘cambio de mente’ o ‘transformación interior’. Considero que la crisis actual está socavando los cimientos de nuestra civilización, acabando con el estado mismo, no solo el estado de bienestar. Los poderes financieros no están valorando las consecuencias de su afán por controlar nuestros destinos, y todo parece indicar que la decadencia social, económica y cultural, traerán un individualismo y empobrecimiento de la clase media. Metanoia está ambientada dentro de doce años, y he tratado de justificar por qué considero que el mundo será así. Sinceramente, espero equivocarme.

—Dostoyevski es el escritor por el cual tú sientes más admiración, que más te gusta. Puesto que este escritor es un escritor realista, que en sus novelas refleja la pobreza y las injusticias de la sociedad rusa del siglo XIX, ¿cómo se explica que tus novelas, en cambio, sean de pura ficción, de ciencia ficción como Metanoia?

Es cierto que Dostoyevski  escribe un realismo social de finales del siglo XIX, pero su aproximación a la psicología humana, su comprensión de los desheredados, de las personas con problemas, su capacidad para penetrar en las quimeras humanas, me fascina. Es un escritor del que se puede aprender muchísimo, y ayuda a construir personajes, a dejar que crezcan por sí solos de manera creíble y natural. Es mi escritor favorito, es cierto, y aunque el argumento de mis obras es muy diferente al suyo, el tratamiento que da a las personas me ayuda a elaborar mis propios protagonistas. Intento que los diálogos, la manera de pensar de los individuos que desarrollo, sean lo más precisos posibles, de la misma manera que hacía él.

El escritor no solo escribe para sí, escribe también para los demás, como si sintiera la necesidad de ser leído. ¿Hacia qué público van dirigidas tus novelas?

Hacia un público muy amplio. Puede ser que ‘Los ángeles caídos de la eternidad’ se dirija a jóvenes, pero hay un público más adulto amante de las novelas negras, que también ha disfrutado de su historia. Respecto de ‘Metanoia’, es una distopía de ciencia ficción, por lo que los amantes de este género disfrutarán de él, pero hay tantas reflexiones filosóficas, espirituales, tantas conjeturas sobre la vida, que aquellos aficionados a este tipo de pensamientos, también podrán sacar sus conclusiones y saborearlo. Y respecto a ‘El sabor de tu sangre’, publicada en otoño del 2013, es cierto que es una novela gótica que podría recordar a “Cumbres borrascosas” o a las leyendas de Bécquer, cuyo público es muy amplio, no solo personas vinculadas a la cultura gótica.

—Dirías de tus novelas lo que dice José Manuel Fajardo de su novela ‘El converso’: “Una mentira más en una novela mentirosa, como todas, que aspira a nombrar la verdad mediante sus engaños”.

Coincido con su reflexión. Una novela intenta dar vida a una historia, a unos personajes, una trama, un planteamiento, nudo y desenlace. Se intenta decorar, estilizar, justificar… con el objetivo de que resulte lo más verídico posible, como si se tratase de una crónica de época, de un hecho histórico sucedido que leemos en un periódico. Pero todo es mentira, todo es una fábula, es mitología, imaginación, producto de las musas, de la inspiración. Es un arte, una expresión cultural que contiene el atractivo de adueñarse de nuestro tiempo durante días, semanas, y a veces, hasta meses.

Fotografía: Eloy Rubio

Fotografía: Eloy Rubio

—Qué le dirías a todos aquellos que están pensando en convertirse algún día en escritores, en escribir una novela, quizá.

Les animaría encarecidamente a ello. Es un arte noble, que posee la importante peculiaridad de invitar a pensar al lector. Y vivimos en una sociedad anestesiada, y todo aquello que anime a excitar nuestra fantasía evadiéndonos de lo cotidiano, es fundamental para construir una sociedad de ciudadanos críticos, responsables y cultos. Y escribir una novela es un proceso que nunca se termina. Se revisa una y mil veces, siempre se puede mejorar, hay que leerla un millón de veces, y con cada lectura, se revisan sinónimos, y hasta comas. Al final, decides abandonarlo y enviarlo a una editorial, que cuando te envíe la galerada, te invitarán a releerlo nuevamente para corregir posibles errores que siempre habrá. Es artesanía pura, una obra de la que no te cansas de aprender, un noble oficio del que debemos estar orgullosos.

—Recientemente, en septiembre de 2013, publicaste tu última novela: ‘El sabor de tu sangre’.  Si la primera, ‘Los ángeles caídos de la eternidad’, es una novela negra y la segunda, ‘Metanoia’, es una novela de ciencia ficción, esta es una novela gótica, donde no faltan los vampiros ni tampoco el amor, igual que en las novelas de terror del siglo XIX. Dos preguntas. Una, ¿tienes ya en proyecto alguna otra novela? Otra, si fuera así, ¿se trataría también de una novela gótica? ¿O acaso piensas probar con algún otro género narrativo?

‘El sabor de tu sangre’ es una novela gótica de amor y suspense, en el que trato el tema de los vampiros como mito, partiendo de la porfiria como enfermedad tabú de nuestra sociedad. Es un género en el que me siento muy a gusto escribiendo, y ahora, próximamente, publicaré en primavera otros dos libros: en primer lugar, una edición revisada y lingüísticamente actualizada, de ‘El Buscón de Quevedo’, publicado por Babel Books, Inc. Una editorial de Nueva York que edita en español para la emergente clase media latina de Estados Unidos. La otra novela, se trata de ‘Gótica y erótica‘, que saldrá al mercado coincidiendo con el día del Libro. Publicada por Éride ediciones, el sello editorial para el que trabajo, se trata de un cuento clásico de fantasmas con un trasfondo erótico intenso. Un hombre que deberá optar entre dos mujeres y dos tipos de amor, el espiritual y el carnal. Es un intento de fusionar el género gótico con el erótico, y forma parte de una nueva colección de esta editorial para ofrecer textos eróticos desde la visión masculina, una visión que también puede ser sensible y comprender el comportamiento femenino. Así que como podéis comprobar, este año voy a estar un poco ocupado promocionando dos libros a un mismo tiempo, sin olvidar los tres anteriores.

Muchísimas gracias por vuestra atención y amabilidad al dejar que un escritor se desnude para el público y hable de su mundo interior.

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