Va por ti, Manuel Tejada

Manuel Tejada. © Fotografía: José Ramón Vega.

Manuel Tejada. © Fotografía: José Ramón Vega.

“Réquiem”

Por MÓNICA GARCÍA

Nuestro dulce y querido Manuel nos ha dejado desnudos. Una desnudez que deja un rastro de ausencias cuyo amargo sabor evoca un oxidado mineral, una textura de piedra que vibra y se transforma. Una roca fría que repele la visita o el abrazo. Tu pérdida.

Escribo por ti, porque siempre me animabas a hacerlo y te gustaba leerme. Hoy lo hago buscando en el saco de las palabras las que más me consuelan y, haciendo uso de la frase que más te complacía, cruzo la habitación en diagonal para atravesar el dolor de tu marcha, henchido mi corazón de los bonitos recuerdos que nada ni nadie podrán arrancar. Un placer haberte conocido y formar parte de tu vida.

En nombre de sus padres y hermanos, de María, de Marta y de sus amigos íntimos; queremos agradecer las innumerables muestras de afecto y cariño que nos habéis profesado de todas las formas posibles. El padecimiento es inmenso y vuestro amor nos acompaña; a pesar de ese vacío que nos acomete careciendo de domicilio fijo ondeando en cualquier punto y ocupándolo todo.

Mo Limited

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 “Manuel Tejada”

Por RODRIGO ALONSO LESCÚN 

No sabía tu nombre, no sabía qué hacías, no éramos amigos, nunca nos presentamos. No nos conocimos pero nos conocíamos como se hace en ciudades como la nuestra. De vista. Cuántas veces no te vi subiendo o bajando Marqueses de San isidro. Y también, mucho, la calle Monasterio. No sabía tu nombre. Eras mayor que yo, delgado, alto, vestido en estilos que no comprendía pero caminabas tan rápido, tan convencido, que parecías natural con ellos y siempre con tus cascos. Pensé que eras un malo, de la forma en que uno se hace una idea de otra persona a partir de haber captado un mueca agresiva, un puño cerrando y abriéndose, una mandíbula cuadrada, ese respetomiedo. Sin hablar. Y tampoco comprendía cómo a partir de un día comenzaste a regalarme un saludo en ese barrio de San Claudio, tendría yo igual unos 17 años y tú 22 ó 23, y que sería en adelante rigurosísimo. De paisanos. Sin recordar el día, sí recuerdo ahora la sensación de haberme hecho un poco más mayor, un círculo del árbol. Pero habría más, porque con los años comprendí que eras el tipo más elegante de la ciudad. Era intuir tu silueta de lejos y aprovechar el momento anterior y posterior del muy cortés saludo que me dedicabas, no nos conocimos pero nos conocíamos, para observarte, ver tu ropa, tus bambas, tus chaquetas, tus jerseys y camisas, pelo suelto, cogido, cómo, a veces como un león. En esos ojos tuyos que parecían haber ido a Oriente yo vi que me tenías un respeto y aprecio que nunca he terminado de comprender. Quizá me viste algún día en el Húmedo de aprendiz de malo en los litúrgicopararalelos circuitos de nuestra ciudad, donde nos vemos, conociéndonos, sin conocernos. Quizás me oíste un ¿Saaaaaabes? acoreanado. O no. Pero y, me digo en forma de bofetón, no hablamos por esa insoportablemente estúpida vergüenza del qué-decir-si-en-años-no-lo-hemos-hecho. No éramos amigos, pero yo sí te vi a ti muchas veces con los tuyos. Quizá por eso caminabas así de rápido y firme, habías quedado. Pas(ab)a)á(n los días con la lentitud de los bueyes y razoné un poco más, cuando la intuición tiene lógica, que eras un hombre de la cultura, rondabas por el Albéitar y sé que no hacías el canelo como nosotros; tampoco eras un malo porque todos sabemos que la carrera de malo exige dedicación exclusiva y el perpetuo desconfiar de la cultura, esa vieja de quien todos desconfían, abajo de la escalera social o peor, arriba. Pienso en la gente, intuyo muchísima, que conozco pero desconozco que te conociera no del conocerse sino del conocer, que completarán con imágenes, recuerdos y sensaciones, lo que yo infinitesimalmente embrollo con palabras. Cómo sonaba tu voz no lo sé, pero sé que buscabas el placer en las noches algunas húmedas, del casco antiguo, en los amigos, en el cine, en los libros, en la música, esos cascos tuyos donde yo ahora imagino Little Lu de Sonny Rollins pero dónde podría ser cualquier otra cosa que me gustara a mí o a todos los que conozco. Te seguí mirando con los años, en mis visitas a la ciudad con el ortopédico fantasma de Ulises y su querer borrarle a uno del territorio y el mobiliario humano, y verte en las calles me llevaba al León que no se me ha ido de la memoria. Verte me daba confianza, sensación de pertenencia, orgullo porque un tipo como tú, que podría estar comiéndose cualquier ciudad europea por sensibilidad y carisma, estabas haciendo un regalo a la ciudad, a todos. Lástima no habernos presentado, flâneur, porque el icono de verte patear León, rápido, en tu mundo, sencillamente, es. También algo que creía haber comprendido hace tiempo hoy lo comprendo con una inusitada profundidad, con una clarividencia marchita: la elegancia, tu elegancia, no estaba en las ropas sino que se reflejaba en ellas, no estaba en tus pies pero se reflejaba en tu caminar. La elegancia era un estado mental del que tú no parecías bajarte, holgado, orgánico. Cuando te veía en el siglo XX pensaba que ya estábamos en el XXI. En lo que llevamos de XXI igual coincidimos en 15 minutos de tiempo real, saludándonos taluego-ey-hola. Decir que te admira hasta el que no te conoció pero te conocía. De ahí para arriba, progresiva la admiración y el dolor. La elegancia, tanto o más que la belleza, es arte, y deseo que alguno de tus muchísimos amigos ya esté pensando en una potente iniciativa cultural o artística para que con instituciones, lo que quede de ellas o quizá mejor sin ellas, pero con la Institución de la amistad, el respeto y la admiración que generaste, podamos disfrutar de ella en tu compañía. Creo que te quedas, Manuel Tejada.

(Barcelona, 25 de Marzo de 2014)

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  1. Anónimo

    Aunque amargas…, preciosas letras, preciosa imagen…

  2. el rafa

    Duele no volver a compartir. Aunque de alguna manera mágica seguiremos compartiendo presencia y querencia. Siempre

  3. MANOLO VOKSCOOTER

    Alla donde este, Todos estaran bailando a su ritmo!!!!!

  4. Jimi

    Este mundo se te quedaba pequeño, deberás llenar algo más grande, enorme, como tú…….ausencia.

  5. Luis Algorri

    La frase final es la que parte en dos a cualquiera. Más que el perfecto retrato, por dentro y por fuera, hecho a lápiz en diez segundos que pesan más que diez años de pura certeza.

  6. Iñaki

    Ahí dónde estas cuida de mi hijo, tu le conociste!,, un abrazo amigo.

  7. anonimo

    Haciendolo todo por amor, con devoción.
    Siempre compartiendo. sonriendo
    A compás del viento desde las calles de León
    Ese espigado espíritu indio
    va conmigo.

  8. Pingback: Emocionante recuerdo al desaparecido músico leonés Manuel Tejada | Tam-Tam Press

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