Eduardo Fraile, con versos en el colmado

Eduardo Fraile, África Bayón (Bulgarcita), Leyre Jáuregui y Javier Heras. Foto: L. Fraile.

Eduardo Fraile, África Bayón (Bulgarcita), Leyre Jáuregui y Javier Heras. Foto: L. Fraile.

El poeta vallisoletano leyó este sábado, 12 de abril, una selección de poemas de sus últimos cuatro libros en el interior de `Alimentación Heras´, una histórica tienda de ultramarinos ubicada en la calle Panaderos de Valladolid.

Por LAURA FRAILE
últimoCero.com

Llevan vendiendo bacalao en esta calle vallisoletana desde el 21 de agosto del año 1934, una fecha en la que Juan Benito Heras decidió sumar un nuevo local a un negocio que había iniciado su padre en la vallisoletana calle Pasión, en el mismo sitio donde hoy se ubica la pastelería Cubero. Desde entonces kilos y kilos de bacalao han pasado por sus manos y por la cuchilla de su mostrador, la misma donde también reposan decenas de botellas de vino, cajas de mantecados de Portillo o latas de mantequilla dulce. `Alimentación Heras´ —uno de esos establecimientos que milagrosamente sobreviven al cierre, al silencio del tiempo de espera que acompaña a los carteles que anuncian su venta o alquiler o a la reconversión en algo que nunca consigue mantener la esencia del cariño de décadas de esfuerzo— amaneció este sábado con un nuevo objetivo: acercar la obra del poeta Eduardo Fraile a su clientela habitual y a los amantes de la poesía.

El recital, que comenzó a las 13 horas del mediodía, arrancó con unas palabras de agradecimiento a Javier Heras (el actual encargado de esta tienda de ultramarinos) en las que Eduardo recordó cómo Navidad tras Navidad él acostumbra a realizar su tradicional compra de bacalao en este establecimiento. Uno de esos días, según explicó este escritor, Javier le dijo que conocía su poesía y que quería montar un escaparate con sus libros. Así fue como esta idea inicial, que tiene una réplica en la ciudad de Santo Domingo a través de la iniciativa `Poetas pal colmado´, desembocó en el recital de esta mañana, un evento para el que Eduardo había realizado una selección especial inspirada en los productos que se venden en esta tienda. “Lo que voy a leer casi son las Odas elementales de Neruda porque voy a hablar del pan, voy a hablar de los tomates y voy a hablar de las cosas concretas que nos comemos y que se venden aquí”, explicó desde un micro dorado situado al fondo de la tienda.

El primer poema del recital fue `Leer´, un texto perteneciente a su libro `La chica de la bolsa de peces de colores´ (Visor, 2008) en el que Eduardo recordó cómo su madre le enseñó a leer en un periódico o cómo, entre las primeras palabras que éste aprendió a silabear, destacaba una: ul-tra-ma-ri-nos. Después siguió con un segundo poema de este libro, `Filiberto González´, en el que Eduardo recuperó la imagen de ese chocolatero que acudía a Madrid, Castrodeza o Valladolid en su 600 blanco con su “enorme maleta de madera y su desbordante humanidad” para vender su chocolate familiar a la taza.

Eduardo Fraile, que recitó estos poemas vestido con un delantal negro realizado por Bulgarcita Pingos, continuó con `El poema del jabón´ de su libro `Y de mí sé decir…´ (Tansonville, 2011), una obra que está ilustrada por esta diseñadora. Entre poema y poema hubo ocasión de disfrutar de la música de la violinista vallisoletana Leyre Jáuregui, que suele formar parte del grupo Bacanal y de un cuarteto de cuerda pero que en esta ocasión actuó en solitario. Su música se enlazó con nuevos versos como los pertenecientes a `Transportes Posadas´, de su obra `Ícaro & Co.´ (Libros del Aire, 2012), en los que Eduardo narró esa infancia en la que la llegada de un camión de esta compañía siempre venía acompañada del placer del hallazgo de un paquete recién llegado de Castrodeza y provisto de huevos, un queso y algunas longanizas.

Después habría tiempo para un nuevo poema llamado `Los melones´, de su libro `Quién mató a Kennedy y Por qué. Apuntes del natural´ (Junta de Castilla y León, 2007), en el que éste recuperó el recuerdo de esas casetas verdes repartidas por la ciudad en las que podía comprarse esta fruta. De este mismo libro rescató uno más, titulado `El tomate de Longinos´, en el que pudimos descubrir a este poeta como un camarero de la Casa de Cantabria de la carretera de Soria, ése al que iban muchos jubilados de las Delicias y los Pajarillos a chatear, y hasta donde solía ir “aquel señor cuya amabilidad natural hacía del mundo un lugar más humano”; el señor Longinos.

Los versos —que fueron leídos en un entorno invadido por decenas de botellas de vino, latas de bonito en escabeche, tabletas de chocolate, sacos de garbanzos castellanos, alubias pintas o judiones de la Granja, cajas de mantecados, tarros de conservas, lomos, longanizas y, por supuesto, varias cajas repletas de filetes de bacalao de un intenso e inconfundible olor— continuaron con dos homenajes muy especiales. Uno de ellos, perteneciente a su próximo libro, tuvo como destinatario a Vidal, un pescadero que conducía un Citroën 2CV azul plomo y que, verano tras verano, era el vendedor oficial de unas cajas de sardinas que hacían las delicias del estómago del poeta. El otro poema fue `La casa del bacalao´, un texto escrito hace dos días por Eduardo con el que agradeció a Javier Heras su propuesta de realizar este recital en su establecimiento y con el que también le dio las gracias por haber permitido nutrir a su escaparate con buena parte de sus libros.

Eduardo Fraile, que el pasado mes de diciembre publicó `Retrato de la soledad´ dentro de la editorial Difácil (un libro que durante el mes de mayo presentará en la librería La Plaquette de Logroño), se mostró muy satisfecho por poder leer sus poemas en un sitio tan especial como una tienda de ultramarinos.

Hace cuatro años, este poeta tuvo ocasión de recitar parte de su obra en otro sitio muy especial, como es el caso del Aula Triste del Palacio de Santa Cruz. En este acto se celebró un desfile de camisetas realizadas por Bulgarcita que estaban inspiradas en sus poemas. Según recuerda, también ha hecho recitales en una ermita situada en la localidad leonesa de Castrillo de los Polvazares, así como dentro del proyecto `Lecturas al viento´ de Alberto Asenjo, una iniciativa que le llevó a leer sus poemas en un paraje de la Santa Espina donde se plantaron árboles y donde se enterraron algunos de sus versos. Eduardo Fraile combina la escritura con la faceta de editor, ya que desde el año 2001 es el responsable de la editorial Tansonville. A través de ella ha tenido la ocasión de publicar una veintena de títulos que, como particularidad, siempre salen al mercado con una tirada limitada de 333 ejemplares numerados.

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