Final de curso

La actriz, bailarina y coreógrafa leonésa Rosario Granell.

La actriz, bailarina y coreógrafa leonésa Rosario Granell.

Por MAGDALENA ALEJO

Estamos a finales de otro curso académico, donde los profesionales de las artes escénicas que imparten disciplinas artísticas concluyen el trayecto. Las muestras de obras, de trabajos colectivos, las puestas en escena de lo ensayado durante meses llenan los salones de actos y teatros de los centros educativos, centros cívicos o locales de los municipios.

Ha pasado un año escolar, donde los profesores-monitores de teatro o danza han puesto todo el empeño para que su alumnado se esfuerce y ame el arte con todas sus fuerzas; la recompensa, el aplauso final de las familias que se acercan al evento.

Con el periodo estival que se avecina, quien tenga tiempo puede acercarse al Anuario de Estadísticas Culturales del Ministerio de Cultura 2013 para sacar su propia reflexión sobre el estado de la cultura en este país. Se observa que hay alguna profesión en peor situación que la de actor, la de bailarín, por ejemplo, o que Castilla y León está mal pero en comparación con otras comunidades, hasta se salva de la quema. Ahora bien, si se es actriz mayor de 50 años y está en activo, ¡cuidado!, no quieran estudiar el caso como especie a extinguir, el porcentaje de profesionales con este perfil es mínimo.

En la edición de junio, el periódico mensual La Marea realiza un Dossier con Propuestas para salvar las Artes. En ese estudio recoge las opiniones de profesionales de diferentes sectores: libros, teatro, cine, música, artes visuales… Casi todos ellos están de acuerdo en la necesidad de crear públicos y hábito en la cultura, y también coinciden en que los grandes eventos funcionan como fuegos artificiales que demuestran, mil veces repetido, que no generan afición ni gusto por el arte en general.

Una vez más los modelos de la vecina Francia son los deseados para este lado de los Pirineos; valores, que ni los ciudadanos ni en muchos casos los profesionales aceptan para ponderar el arte en la medida justa que necesita.

Los talleres artísticos gozan de un razonable número de alumnos, danza y teatro entre ellos, pero ¿cuántos son espectadores asiduos a las salas de exhibición? ¿cuántos han leído un libro sobre teoría teatral o texto dramático? ¿acuden a la danza? No digamos a la ópera…, mal parada en este anuario que nos abre ciertamente los ojos si buscamos la objetividad.

Desde el curso artístico, que llega a su fin, existe la obligación de crear espectadores críticos con las artes escénicas, forofos de los teatros para disfrutar de las representaciones que allí acontecen, amantes del teatro y la danza en la exhibición como parte de su formación y de su ocio. ¿Empezamos?

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