En torno a ‘Canciones para una música silente’, el último libro de Antonio Colinas

Antonio Colinas y Tomás-Néstor Marínez. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Antonio Colinas y Tomás-Néstor Marínez. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Reproducimos el diálogo que mantuvieron, cara al público, el poeta Antonio Colinas y el profesor Tomás-Néstor Mártínez en La Bañeza, con motivo de la presentación de último poemario del primero, ‘Canciones para una música silente’, en la feria del libro de esta localidad leonesa.

Desde astorgaredaccion.com

Antes de iniciar el dialogo Tomás-Néstor Martínez leyó un fragmento del poema ‘Un río, un monte, aquella mar’, perteneciente al libro ‘Canciones para una música silente’, de Antonio Colinas:

“Aquel río y sus sotos de álamos
tienen la forma de mi alma.
Aquella isla, y ninguna otra,
tiene la forma de mi alma.
Aquella ciudad, y ninguna otra,
tiene la forma de mi alma.
¿Y este valle?

Tomás-Néstor Martínez: La poesía de Antonio Colinas es una voz única en el panorama de la lírica castellana actual, siempre ha seguido un camino muy personal, fuera de etiquetas y generaciones literarias. Jamás han logrado colocarlo en ninguna tribu literaria lírica ni poética. Dice el profesor José Enrique Martínez que una de las más altas aventuras líricas de nuestro tiempo es la obra de Antonio Colinas.

Yo creo que ‘Canciones para una música silente’ y en general la obra de Antonio Colinas se puede calificar como ‘poesía seminal’, ‘poesía fértil’. En su palabra y en el poema está siempre la simiente, una simiente a menudo enterrada, pero una simiente que invita siempre a la búsqueda, a una especie de quietud desasosegante y en tránsito. Siempre es capaz de generar en  el poema una atmósfera y un clima tan mágicos que, retomando las palabras del poeta y ampliándolas, no puede ser poesía para perezosos, es más un tipo de poesía para quienes de verdad conocen la vigía. En cuanto al poemario que presentamos, considero que es un recorrido que lleva hasta el ascenso, a la búsqueda, a la superación de los contrarios y de las dualidades, por ejemplo, cuando dice “Y tú eres yo, y yo soy tú / Acaso porque sé que ya no sé sabiendo.”

Entonces, ambas, las múltiples dualidades o contradicciones que pudieran aparecer no lo son tales, sino que una y otra, ambas, van al encuentro de una especie de unión en la unidad suprema del ser, como se dice en alguno de estos versos. Estoy convencido de que ‘Canciones para una música silente’ es una obra ligada a la poesía mística, según el autor mística o metafísica; yo creo que la mística está unos peldaños por encima de la metafísica. Y creo que este libro puede ser considerado como un libro de ‘mística civil’, un libro de ‘mística laica’, de ‘mística universal’ en tanto en cuanto la mística no es patrimonio de ninguna creencia religiosa. Ya el título del poemario me invita a pensar que estamos ante un libro imbuido de poesía mística.

Es un libro por otra parte total, un libro que va de oriente a occidente, de Pekín a Cartagena de Indias, con detenimiento y voz sobre el mediterráneo, con el astrolabio observando los territorios de todos los olvidos, como dice en alguna ocasión.

El libro sigue abriendo espacios siempre nuevos, aunque sean reconocibles, es  como si los viéramos por primera vez, porque la palabra poética siempre es nueva aunque esté muy usada y esa palabra nunca estará desnuda, porque la palabra desnuda no deja de ser puro esqueleto, palabra muerta, por lo tanto tendrá más o menos adornos, pero de ningún modo abonará el ámbito de las palabras desnudas.

Antonio Colinas: La crítica que ha tenido este libro ha sido en general muy positiva y alguno de los críticos a menudo iluminan al propio autor, le dicen cosas en las que él no ha reparado. Uno de los críticos ha señalado que ‘Canciones para una música silente’ podría contener ocho pequeños libros, en la medida en que es un libro con ocho secciones, y cada una tiene su tonalidad. Era uno de los problemas que me planteaba este libro según lo iba escribiendo. Yo veía que tenía algo de rompecabezas, pero las piezas no me encajaban, veía que aparecía Extremo Oriente, había en el libro poemas muy breves y poemas muy extensos, poemas muy transparentes y poemas irracionalistas y todo eso no encajaba; y al final en unos días que tuve en soledad y oyendo música, llegué a esa última sección de ‘Llamas en la morada’, pues me proporcionó la pieza final de ese rompecabezas, de este libro de libros que se dan aquí.

También Antonio Lucas en su crítica, hablaba de ‘summa poética’, pues decía que reúne todas las voces y todas las obsesiones o mundos que se han dado en mi poesía y  ahí se encuentra entonces el universo mediterráneo, estando muy presente ‘Nuestra tierra’; no solo la de La Bañeza, sino también nuestras comarcas desde el Órbigo hasta Vidriales, ya en los límites de Zamora. En este libro está más la Bañeza del monte, del encinar, del pinar, que la de la ribera, como sucedía en ‘Preludios a una noche total’, y en definitiva es un libro que yo he sentido como esencial, como muy mío, tal es así que hasta esta presentación dialogada con Tomás Néstor, todas las demás presentaciones las he querido hacer yo mismo, por el pudor que me daba que otra persona hablase de él.

Tomás-Néstor Martínez: La obra de Antonio Colinas está siendo estudiada en multitud de universidades de todo el mundo. Coincido con Lucas en que en el presente libro hay una convocatoria de ocho libros, pero pienso que hay una unidad, pues aunque parezcan títulos distantes, hay una enorme unidad del primero al último, quizás en los ‘poemas civiles’ la sensibilidad sea más telúrica, más humana. Estamos ante un libro de libros en el que hay una coordinación y un hilo conductor, que es ‘el Hombre’, ‘la Naturaleza’ desde muy distintos puntos de vista y la ‘Somatización de la Naturaleza’.

Antonio Colinas: El profesor José Olivio Jiménez de la Universidad de Nueva York, a raíz de la publicación de mi libro ‘Noche más allá de la noche’, fue el primero en hablar de este sentido místico o mistérico que se puede dar en mi obra. Es un concepto con el que la crítica ha trabajado mucho, con interpretaciones variadas.

Yo prefiero hablar de lo ‘mistérico’ en el sentido  de que el sustrato místico que puede haber en mi obra tiene un sentido universalista,. Para mí, la mística es una filosofía de los orígenes que está en todas las culturas. De este nuevo libro se ha dicho que es un libro más metafísico que místico, ha vuelto a salir el concepto de lo sagrado en mi obra que, siempre lo tengo que explicar, no es un término clerical, lo sagrado está presente en los humanos desde el origen de los tiempos, toda la realidad es sagrada cuando no está perturbada, cuando no está saqueada, cuando no está explotada, toda la realidad es sagrada cuando el ser la mira con ojos de piedad. Se trata de conceptos de uso muy delicado.

En ‘Canciones para una música silente’ con ese sentido unitario que tú dices, hay un viaje hacia el silencio, hacia la desnudez de la palabra y eso se da en la última de las secciones donde la presencia de esa música silente por la que también me preguntan. ¿Qué es la música silente? pues la música silente es una música no oída, no escuchada, pero que sí la sentimos; una música que llevamos dentro, como algo armonioso, convivencial, de ser pleno; algo como ‘la música callada’ de Fray Luis de León;  una música no escuchada, pero sentida. Este otro término del título, ‘Canciones’, remite a que una buena parte de los presentes poemas van entonándose con esa música no oída hasta figurar en canción, más que en poema. Los poemas de la sección final, ‘Llamas en la morada’ pueden ser considerados como verdaderas canciones.

Antonio Colinas y Tomás-Néstor Marínez. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Antonio Colinas y Tomás-Néstor Marínez. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Tomás-Néstor Martínez: A lo largo de todo el poemario, percibo a un ser humano que, sin esperar la revelación, convive con lo revelado…

Antonio Colinas: Eso me trae la frase del poeta sufí que cito tantas veces. “La vida humana es un libro abierto que el ser humano solo tiene que leer e interpretar”. Ya se nos da todo revelado, pero tenemos que buscar la sintonía con  ese libro dichoso, y leerlo  correctamente y aprender de él, por ello el tema de la Naturaleza en mi obra no remite a lo rural ni a lo costumbrista, sino que, como para los románticos centroeuropeos, la Naturaleza es para mí una inmensa fuente de información y continuamente aprendemos en ella; es también el espacio en el que sentimos objetivamente la historia. Has mencionado también ‘lo germinal’ donde yo hablo de ‘ruinas fértiles’. La ruina no es el lugar de lo muerto, de lo caduco,  sino ese lugar donde el ser humano se hace las preguntas, las preguntas que para el poeta permanecen intactas, preguntas sobre el amor, acerca de la Naturaleza, sobre el tiempo, sobre lo mistérico; es decir los grandes temas de la poesía.

Tomás-Néstor Martínez: Parece ser que es a través de la Naturaleza que el hombre interpreta los gestos de los dioses, sus manifestaciones, su simbología. Lo que yo te pregunto es si el ser humano es capaz de captar e interpretar esas manifestaciones divinas, si la poesía podría ser un modo de interpretación.

Antonio Colinas: La poesía es un modo de interpretación de la realidad, la poesía es una vía de conocimiento, quizá lo que necesitamos en nuestros días es  tener  un concepto claro de lo que es la poesía, porque sucede que en Europa tendemos a intelectualizarla, mientras que en Oriente  en América Latina es algo muy próximo a la vida, presente en la calle; en los recitales de  México, en Colombia, puede llegar a haber hasta seis mil personas en una plaza, mucha gente joven, escuchando poesía; hemos perdido el contacto, ese sentido oral de la poesía; pero la poesía más allá de todo esto es un medio para conocer, y ahí es donde el poeta también es un poco filósofo; allá donde no llega el filósofo aparece el poeta…

Tomás-Nestor Martínez: Y el poema, dices, no es un producto, sino que es fruto… ¿Fruto de lo vivido, de lo no vivido, fruto de la memoria, fruto de todo lo heredado, fruto de qué?

Antonio Colinas: Es un fruto porque exige una maduración. El poema y el fruto tienen muchas similitudes, el poema es el resultado de una germinación, de una maduración en la experiencia vital; para mí la relación entre poesía y vida es primordial. Hay poetas que dicen “una cosa es mi poesía, otra es mi vida”, el producto en poesía sería el poema fabricado, ese poema que a menudo de manera engañosa es prosa fragmentada, y no el resultado de una maduración, de una experiencia vital, por eso en mi experiencia poética, poesía y vida vienen fundidas.

Tomás-Néstor Martínez: En muchos de tus poemas y especialmente en este libro se detecta una ‘somatización de la Naturaleza’, una especie de ‘in-corporación’ de la misma a la esencia humana. Por poner un ejemplo, en ‘Un ramo en la tormenta’, dices, ‘Yo mismo soy ese árbol / al que el temporal / quiere arrancar las rosas de mis brazos, / deshacerlas como sangre entre mis dedos, / darlas como ofrenda a un mundo de soledad / absoluta. Es decir: que en tus poemas la Naturaleza, en el sentido más amplio, fenómenos meteorológicos incluidos… ¿acaba siendo parte humana?

Antonio Colinas: Sí, es parte humana, porque estamos inmersos en la Naturaleza, la Naturaleza es el espacio donde respiramos, y sin la respiración no hay vida, este hecho de respirar en y con –una idea de raíz oriental–, inspiramos, espiramos, respiramos, por tanto es ese medio puro, especial, aunque en ese poema del que has leído un fragmento el verdadero protagonista es la Muerte, un paseo bajo la tormenta, hacia un cementerio, todavía estalla aquí ese tema de la muerte del que me ocupé ya a fondo en ‘Tiempo y abismo’, un libro que nació a partir de la muerte de mis padres y de algún otro ser próximo… porque la poesía también sana y salva y por ello ayuda a asumir estas penalidades tan naturales…

Nos hemos olvidado de comentar que el gran tema de este libro es la presencia de la mujer, la mujer es una presencia muy viva en mis libros anteriores de poesía; la mujer, no solo la amada, no solo la mujer que tenemos cerca, la persona que queremos, la mujer es también la amiga, la mujer nos remite al misterio de la existencia, la mujer es aparición fundiéndose con la idea del ángel, que es otra presencia que sobrevuela junto a nosotros, y la mujer puede ser también un símbolo que trasciende lo humano y nos lleva al conocimiento, pues es un ideal de belleza, de verdad, la mujer también remite a la tierra, a lo germinal; toda esta polifonía de significados se da de manera muy viva en este libro y muy claramente en los catorce retratos de mujer, que es una de  las secciones de la que voy a leeros un par de poemas….

(Aquí leyó Antonio Colinas; ‘Clara en los Uffizi’ y el X de ‘El laberinto invisible’ )

Antonio Colinas. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Antonio Colinas. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Tomás-Néstor Martínez: Decías, hace no nada, que la palabra cura; ayer en un diario nacional se comentaba que hay una “enfermera” en Gran Bretaña que receta poemas. La señora no es muy nueva, pues yo mismo llevo diciendo años que en las farmacias debieran dispensarse jamón de pata negra y poemas y un buen vino, también, y estoy seguro que gran parte de los males se curarían. La poesía es efectivamente una manera de cauterizar las heridas, un lenguaje a contracorriente, radical, chocante y que adviene cuando los otros lenguajes son insuficientes e inservibles (para sanar).

Antonio Colinas: Yo siempre advierto que en los grandes discursos, en los muy especiales, cuando ni razones ni sentimientos parecen ya servir, se recuerdan unos versos, se leen unas palabras de poeta, unos versículos de la Biblia… la poesía es el lenguaje que llega cuando ya los demás lenguajes no sirven, cuando el  lenguaje económico o el político o incluso el de la calle no nos sirve, entonces acudimos a un lenguaje universal y que satisfaga a todos, y ese es el de la poesía.

Tomás-Néstor Martínez: Nombraste antes al rey, y casi me obligas a preguntarte, ¿qué siente un poeta cuando una reina dice que lee a Antonio Colinas?

Antonio Colinas: De nuestra reina sé que conocía mi poesía desde hace ya mucho tiempo, casi desde que era estudiante en el instituto ‘Beatriz Galindo’ de Madrid. Es una gran lectora de poesía que conoce muy bien la literatura, acaso porque tuviera muy buenos profesores, alguno de ellos bañezano, como Jesús Vega. Ella conoce muy bien mi poesía y es un honor para mí.

Antonio Colinas. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Antonio Colinas. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Tomás-Néstor Martínez: No deja de ser curioso, e incluso de nota, que una reina nombre a poetas de actualidad, y nombrar a dos ‘Antonios’, como ha hecho en este caso; hay que darle una oportunidad y a ver si luego desde su nulo poder puede hacer algo.

Antonio Colinas: Me consta que estamos ante una reina que no solo cita a los poetas, sino que los ha leído, que es una gran lectora.

Tomás-Néstor Martínez: Dices, en ‘Tratado de Armonía’ que la escritura obliga a cambiar el rumbo inicialmente pensado, y dices que si en principio pensabas hacer un tipo de obra, luego la propia escritura te obliga a cambiar el rumbo del libro y segrega una obra que inicialmente no estaba prevista. Esto yo lo había siempre oído en el caso de los narradores, y aprovecho para comentar una crítica recién leída que habla de la narratividad de tu obra con la que yo estoy en total desacuerdo, lo que hay es una  constatación de sentimientos y hechos… A lo que iba, ¿también en este libro la escritura te llevó por esos recovecos que en principio no hubieras pensado o lo tuviste de las riendas desde un principio?

Antonio Colinas: La escritura en mi caso se origina a partir de un verso, se decía que es ese primer verso que nos dictan los dioses, pero lo cierto es que en mí el proceso de la escritura  nace de esta manera: hay un  verso que aparece en nuestro ánimo, es ese verso que yo inspiro cuando visito por ejemplo la tumba de Bach, en Leipzig, cuando salgo de la tumba de Santo Tomás, pues me viene ese primer verso a la cabeza, que luego dio lugar a un poema de más de cuatrocientos versos. Hay algo misterioso —”que el alma del poeta se orienta hacia el misterio”, decía Machado— en ese primer verso que se nos dicta y que luego va tirando de otros para dar lugar al poema. Hay eso de irracional en el proceso creativo.

Y en el presente libro, me sentía desorientado, una especie de rompecabezas que no sabía cómo encajar, pero esas dos secciones finales del libro recondujeron la duda que tenía. Y luego también la presencia de una sección como ‘Un verano en Arabí’ que recupera un tema, quizás el tema central de mi obra —ya lo decía Brines en su prólogo a ‘Sepulcro en Tarquinia’—, que es el del diálogo de nuestra tierra, de esta tierra de riberas, de monte bajo, con el mundo o espíritu mediterráneo, que yo por haber vivido 21 años en el Mediterráneo siempre tengo en mis libros. Y en ‘Canciones para una música silente’ como contraposición a este mundo de las raíces aparece también ese  mundo o espíritu mediterráneo que es de dónde venimos, de los poetas grecolatinos, de Dante, Paul Valerí, en fin, de Quasimodo, de poetas que yo he amado mucho y que son poetas griegos, sicilianos, italianos y también como es el caso de Alexandre, Juan Gil Albert, mediterráneos.

Tomás-Néstor Martínez: Hay una serie de palabras que me llaman mucho la atención, unas porque se repiten con frecuencia y otras porque no se repiten con tanta frecuencia, pero son tan plásticas y definen y dibujan de tal manera la imagen, por ejemplo, ‘cuenco’ y ‘útero’, que se repiten poco, pero son perfectamente definitorias. Luego, ‘música’, ‘noche’, ‘luz’ con todas las gradaciones que alguien pueda imaginar, ‘soledad’, ‘ascenso’ o ‘ascensión’, ¿Pueden ser estas palabras de algún modo una vértebra que sirva para unificar toda la estructura de la obra?

Antonio Colinas: Otra lectura que se puede hacer de este libro  y por extensión de toda mi poesía, es una lectura simbólica, de esto escribió por  primera vez José Luis Puerto un ensayo en ‘Cuadernos Hispanoamericanos’ en el que trataba de esta lectura de los símbolos en mi obra. ¿Qué símbolos son estos? pues ‘ la tierra’, ‘la mar’, ‘la luz’ —la mar nos lleva a una sucesión de símbolos muy mediterráneos—, ‘el árbol’, ‘los distintos árboles’, ‘la montaña’. Todos estos símbolos tienen un doble significado, ‘la luz’ es la luz física, la luz de aquí en otoño dorada, o la luz fogosa del Mediterráneo, la ascensión  a la montaña es la ascensión física que aquí aparece en el poema ‘Tras el descenso de la cima tutelar’, que es un poema que escribí tras mi última ascensión al Teleno, pero esa montaña a la que asciendo es también la ‘montaña de la vida’; ‘el río de sombra’ es un concepto que está en mi obra, es el río de nuestra infancia, pero es también el río que nos lleva, el de Jorge Manrique, el camino que desemboca a la mar; cada símbolo tiene un significado doble; muy presente también ‘el camino’, ‘el bosque’; hay una serie de símbolos que tienen siempre un significado físico y otro trascendente.

Tomás-Néstor Martínez: ¿Es cierto que el arte nos apacigua, nos salva, de ser fieras?

Antonio Colinas: Creo que sí lo hace, la poesía y por extensión todo el arte tienen virtud de sanarnos; seguramente  el ser humano es menos fiera en la medida en que se ha preocupado más del arte, ha amado más el arte, ha leído más, ha cultivado su espíritu… Tiene el arte un sentido opuesto a las guerras, a las tensiones, a las discordias…

Antonio Colinas y Tomás-Néstor Martínez. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Antonio Colinas y Tomás-Néstor Martínez. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

(En este momento comenzó la lectura de poemas por parte de Antonio Colinas, el primero fue un poema que alude a la muerte de la periodista Concha García Campoy, titulado ‘Una muerte’. Leyó alguno de los poemas de la sección ‘Llamas en la morada’, formada por 27 poemas muy breves, posiblemente donde se sitúe la clave del libro: un viaje al cimiento, hacia el conocimiento, hacia los símbolos)

Finalizó leyendo la poética que expresa el último poema del ‘Canciones para una música silente’:

Solo quisiera
escribir mis palabras con silencios:
escribir el poema sin palabras.

Solo quisiera
musitar el poema
como plegaria de silencio
en el silencio.

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