¿Artista vs. delincuente?

Anahí Van Der Blick

Anahí Van Der Blick

Por ANAHÍ VAN DER BLICK

Nací artísticamente hace pocos años, por entonces ya oía a los grandes artistas (que se distinguían por llevar gafas de pasta y fulares al cuello) hablar de la famosa crisis del teatro, qué digo del teatro, del arte en general. Oía cómo filosofaban unos con otros comentando que a la gente de a pie ya no le gustaba acudir al teatro, que no se fomentaba lo suficiente, que se había perdido comunicación con el espectador o usuario cultural y que de seguir así el teatro estaba abocado al fracaso.

Estás conversaciones, furtivas, a las cuales yo no estaba invitada a participar, me llevaron inconscientemente a un pasado no tan lejano cuando me entrevistaban en la Escuela de Arte Dramático para valorar mi matriculación. La pregunta era simple, e incluso obvia, podríamos decir que tonta:

– Señorita, ¿usted por qué quiere ser actriz? En ese momento se me envasó el corazón al vacío y agradecí con toda mi alma que me hicieran esa pregunta. Mi primera respuesta inmediata fue:

– El teatro me hace feliz, y cada vez que subo a un escenario se me pone el “culo duro” de la emoción. Expliqué después que me sentía una persona comprometida con mi sociedad y el teatro me parecía una de las mejores herramientas para hacer llegar mensajes que son de difícil acceso a la gente, debido a la imposición del discurso único y además remover al individuo no solo de manera racional, sino también emocional. Me sentí inmediatamente libre y satisfecha de mi respuesta.

Por eso, pertenezco a una generación de artistas que no vivió las vacas gordas (si es que algún día las hubo) y dando los primeros pasos profesionales aprendí a atajar ciertos problemas y medí qué actitud tener para intentar paliarlos.

Voy a hacer un breve resumen de la situación actual de las jóvenes compañías de teatro:

1. Compañía joven (y no tan joven) que para su contratación depende de los Ayuntamientos o la Junta de Castilla y León.

2. Compañía joven pide subvención para llevar a cabo proyectos innovadores y el Ayuntamiento y la Junta se la niegan por no poder justificar suficiente currículum.

3. Ayuntamientos y Junta no se fían de que gestionen de manera adecuada el “dinero de todos” (ellos sí lo saben hacer bien…).

4. Compañía joven tiene montajes auto subvencionados que no lucen lo bastante como para ser contratados.

5. Compañía de teatro joven aprende a hacer cualquier cosa para sobrevivir ya que no se le permite participar de la cultura oficial de su ciudad o Comunidad. Necesita buscar alternativas.

(De esto no me quejo, al contrario, creo que de esta manera he conseguido tablas para compensar, con creces, el poco tiempo que llevo en la profesión.)

En fin, este pequeño ejemplo real, no es el único, pero me sirve para llegar al tema que me preocupa: las incoherencias de quienes gestionan la cultura y el nulo apoyo al trabajo de base.

Podríamos decir que su discurso es alentador, no verás ni oirás ni leerás nada en contra de la cultura. Ellos defienden una sociedad liberal, de libre mercado, y la autodeterminación a la hora de llevar tu negocio, Pero ese es el problema: ¿hasta qué punto debemos considerar la cultura como un negocio? Y lo que es más importante: ¿por qué no nos permiten salirnos de la cultura que consideran como la correcta? O estás con ellos o contra ellos.

Si sus espacios y sus circuitos no son accesibles, ¿por qué no nos dejan que busquemos un camino alternativo? ¿Por qué no permitir una contracultura?

El artista le da alergia al poder desde tiempos ancestrales, le molesta, le estorba y no va a parar de manifestar su descontento con este colectivo hasta que se haya dado por vencido o hasta que todos bailemos a su son…

En Valladolid, hemos sido testigos de grandes mutilaciones artísticas por parte de los gobernantes y han sufrido censuras todos aquellos artistas que han dicho lo que ellos no querían oír.

Cerraron la Escuela Municipal de Arte Dramático, clausuraron la Escuela Municipal de Música para que no nos reproduzcamos, para que nadie se salga de la norma. Ya no se pueden ver manifestaciones artísticas en los bares, se prohibieron bajo amenazas de multas impagables, se niegan licencias de cafés-teatro, se rechazan permisos para actuaciones de calle y si te los conceden te hacen recomendaciones acerca de las cuestiones que no sería de buen gusto que aparecieran. Todo huele a chamusquina.

Si las redes y los circuitos escénicos no pueden programar como antes y no permiten a los artistas buscarse la vida en espacios alternativos, ¿qué nos queda?

En eso es en lo que ocupo mis pensamientos. ¿Cómo saber que estoy comprometida con la sociedad?, ¿cómo saber que no estoy traicionando a esa chica de 18 años que se presentaba a la EAD muerta de ilusión y cómo poder vivir de mi trabajo sin sentirme al margen de la ley? ¿Solo se puede participar si hacemos su juego? Rotundamente pienso que no, siempre hay otras alternativas.

La contracultura es la base para una sociedad libre. Debemos reclamar nuestras libertades y nuestros ámbitos de actuación e, incluso, crear espacios nuevos donde la cultura sea únicamente entre el artista y el espectador sin intermediarios ni normas, ni miedos ni censuras, ni curriculums y lo conseguimos. Esos espacios existen, como La Bien Pagá, espacio escénico, sala alternativa de teatro en Valladolid donde creemos que esa otra manera de ver la cultura es posible. Y como este local, están surgiendo más y más, porque cada vez hay más gente que apoya el teatro, la música, la danza, la poesía.

Me niego a consentir que grandes compañías de teatro estén como hace veinte años y jóvenes compañías no consigan arrancar.

Señores, no somos terroristas, no somos ladrones, sólo gente honrada que quiere trabajar sin miedo a decir lo que piensa, sin miedo a recibir represalias ni etiquetas, estamos a favor del pueblo. Trabajamos para la gente que es lo que se supone que deberían hacer ustedes, estamos a favor de la cultura como valor primordial de una sociedad a la que vosotros habéis olvidado. Nosotros no, nunca nos olvidaremos de todos los que acuden al teatro a encontrar respuestas que ustedes no les saben dar.

Por eso, seguiremos actuando, programando y asistiendo a actos contraculturales, porque pensamos que es necesaria su existencia.

Porque el Arte es la manifestación del alma, una característica intrínseca del ser humano, siempre es beneficiosa y lleva una carga cultural imprescindible para sobrevivir. Y aunque el artista viva en una eterna crisis, el Arte y la Cultura nunca morirán.

 — — —

* Anahí Van Der Blick es actriz de la compañía Libera Teatro.

  1. Anahí, la clave de tu artículo está casi al final: la gente acude al teatro (al arte en general) para encontrar las respuestas que ustedes (l@s polític@s) no le saben dar… por eso el arte es o un adorno que pone color a lo convencional o, lo que es duro, una crítica a lo que hacen (l@s politic@s… no tod@s). ¡Qué curioso!, cada vez más los textos del teatro clásico que parece trasnochado tienen las claves de lo que está sucediendo… y de lo que viene sucediendo de hace siglos.

  2. Comparto y entiendo en buena medida tu planteamiento Anahí, sobre todo por lo que lleva implícito en cuanto a justificar una salida “underground” (por no decir al margen de la ley) para las jóvenes compañías de teatro. En la actual coyuntura se hace difícil mantener una postura de estricta legalidad frente a un sistema que, de manera en exceso extendida, margina y cercena toda propuesta artística que va más allá del mero entretenimiento comercial. Digo esto aceptando que el hecho de ser innovador, joven o de Castilla y León no supone en si mismo ninguna garantía de calidad, esa hay que ganársela con argumentos más sólidos. Digo que entiendo tu postura y que me siento más cercano a ella de lo que puedas imaginarte Anahí. Pero me gustaría matizar algunas cosas con respecto a tus afirmaciones u opiniones. No solo las jóvenes compañías presentan proyectos innovadores, es más, en mi opinión, los proyectos más innovadores de los últimos años han venido de la mano de compañías veteranas, pongo un solo ejemplo: “20N” de Rayuela. El curriculum no es tan determinante para acceder a las ayudas, solo supone un 12% en el conjunto de la valoración de las mismas y un 18% la actividad profesional mantenida en el último año, el resto, un 70%, depende del interés y la calidad de la propuesta artística. Otra cosa es que para muchas compañías jóvenes les sea muy difícil acceder a unas ayudas destinadas a formaciones o estructuras con un mínimo de estabilidad profesional, algo que a mi personalmente me preocupa mucho y que creo que sería bueno que buscásemos soluciones entre todos para evitar que tanto talento joven se pueda perder por el camino. Un abrazo.

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