Eva Schenk, una vida entre fronteras con el hambre apretando el corazón

Eva Schenk en la casa de Sueros de Cepeda donde realizamos la entrevista. © Fotografía: astorgaredaccion.com

Eva Schenk en la casa de Sueros de Cepeda donde realizamos la entrevista. © Fotografía: astorgaredaccion.com

A lo largo de su vida Eva Schenk ha residido en cinco países distintos sin moverse de Alemania. Esta germana que pasó hace unos días por Astorga (León) para dar testimonio del sinsentido de las guerras, ha asistido durante sus 81 años de vida a un ‘baile’ de fronteras en el corazón de Europa cuyo ritmo lo han marcado las armas. “La guerra no da soluciones a los problemas; se puede y se deben resolver con la diplomacia”, asegura con contundencia.

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Eva Schenk nació en 1933 en la ciudad libre de Dánzig (hoy Gdansk), un enclave estratégico en el mar Báltico pretendido por Polonia y Alemania, cuya anexión por parte de Hitler en 1939 desencadenó la Segunda Guerra Mundial. Esta mujer clara de ojos azules y contundente palabra, supo con tan solo 6 años, a través de las lágrimas de su madre, que aquel sonido de los aviones nazis sobrevolando su casa era el comienzo del derrumbe de su mundo de juegos y muñecas. Desde aquel 1 de septiembre de 1939 hasta que 50 años después cayera el muro de Berlín, Eva Schenk pasó de ser ciudadana libre de Dánzig a formar parte de la Alemania de Hitler, después transitó por el sector norteamericano de la Germania cuarteada tras la Segunda Guerra Mundial, vivió su época más feliz en la República Democrática Alemana (en el este de la Europa de la Guerra Fría) para acabar habitando hoy en el Berlín de la Alemania unificada.

“¿Qué es la patria para mí? —se pregunta—. Es el lugar donde pueda compartir mis ideas con los demás, donde exista un mismo modelo de pensamiento y de convivencia (como ocurre en Europa) y donde mis hijos puedan desarrollarse en libertad, en paz y tolerancia”.

Civiles alemanes huyendo de la ciudad libre de Dánzig en febrero de 1945. Foto: wikipedia.

Civiles alemanes huyendo de la ciudad libre de Dánzig en febrero de 1945. Foto: wikipedia.

Esta mujer, pacifista convencida, aprendió el poder de la palabra para acercar a los pueblos en conflicto en la península de Hel. El 18 de marzo de 1945, el día que Eva Schenk cumplía 12 años, soldados rusos entraron disparando al aire en la granja donde su familia logró refugiarse una vez finalizada la guerra y después de que perdieran definitivamente su casa en Dánzig (en aquel momento ya ocupada por Polonia). Con la tarta de cumpleaños recién hecha por su madre en la cocina, ella, sus hermanos y su madre fueron obligados a salir al patio, “pensé que para matarnos. Al momento llegó un auto del que se bajó un oficial ruso que hablaba alemán” y, como después comprobaron, “amaba la cultura, la lengua y la literatura alemana”. Aquel oficial “le dijo a mi madre” que no entendía cómo con esa riqueza un país podía haber engendrado tanta barbarie. En un momento de la conversación, se interesó por la familia del mando del ejército ruso, que “sacando una fotografía de la cartera le mostró una mujer muy guapa, un niño y una niña, mi madre le preguntó dónde vivían y él le contestó que los alemanes los habían matado. Entonces todos empezaron a llorar, a continuación mi madre sacó la tarta de cumpleaños y la repartió entre todos”.

Eva Schenk pasó por Astorga a relatar su experiencia dentro del ciclo ‘Cien años buscando la paz’, organizado por la Concejalía de Cultura, para que la escuchen otras generaciones porque cree que “en el interior de cada persona hay un concepto fundamental que es la paz. La guerra es un negocio para los que quieren hacer dinero“, un negocio que en Alemania dibujó la imagen sobrecogedora de miles y miles de personas obligadas a abandonar sus hogares por los deslizamientos de las fronteras, entre ellas la familia de Eva que vagó meses y meses con los atillos donde llevaban sus escasas pertenencias de Dánzig a la península de Hel, de allí a Berlín, a Thüringen, a Hamburgo o a Göttingen, siempre con el hambre apretándoles el estómago y el corazón.

Checkpoint Charlie, el famoso paso fronterizo de Berlín que dividió la ciudad entre el este y el oeste desde 1945 hasta 1990. Foto: wikipedia.

Checkpoint Charlie, el famoso paso fronterizo de Berlín que dividió la ciudad entre el este y el oeste desde 1945 hasta 1990. Foto: wikipedia.

En la actualidad, cuando Alemania ha ido superando las heridas de dos guerras mundiales y de la tensión este-oeste de la Guerra Fría, esta anciana que estudió Literatura en la universidad vive ahora en un país que ya ha asimilado la caída del Muro de Berlín, una frontera amurallada que partió al país germano en dos e impidió durante años a Eva Schenk visitar a su familia del lado oeste: “Ahora se vive bien, hay tolerancia, solidaridad, cosmopolitismo y lo más importante, paz”.

Quienes el pasado martes se acercaron a la Biblioteca Municipal de Astorga para escuchar a esta mujer fortalecida por las situaciones límite que vivió, se encontraron con el relato de una defensora de la desaparición de las fronteras y europeísta convencida, cuyo testimonio evidencia que las páginas de la historia bélica de la Humanidad nunca deberían haberse escrito.

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