Impresiones de un iletrado en Danza

Imagen del espectáculo de "8rmigas", el pasado 31 de octubre en el Auditorio de León. © Fotografía: Abel Morán.

Imagen del espectáculo de “8rmigas”, el pasado 31 de octubre en el Auditorio de León. © Fotografía: Abel Morán.

El músico leonés escribe sus impresiones tras la representación de “Al otro lado del viento”, por parte de la compañía 8rmigas, que tuvo lugar el pasado 31 de octubre de 2014 en el Auditorio de Leon.

Por KIKE CARDIACO

La representación es una antología que ha cribado 55 minutos de acción de sus experiencias anteriores, La nuca del viento, en mayo en Espacio Vías y Al otro lado del viento, en la cripta romana de Cascalería en julio. Estamos por tanto ante una destilación que se sustenta sobre la recomendable prueba de acierto-error a la que la propia compañía ha sometido su trabajo.

La obra se ve como un plano secuencia que reporta varios puntos de atención simultáneos al espectador, que aquí también debe escuchar. Rosario Granell  y Eduardo García reptan, sincronizan posturas espasmódicas recorriendo la escena en un agotador y continuo movimiento que parece estar dirigido tanto a separarse, como a buscarse, huyendo de algo impreciso, ausente, pendientes de los sonidos a los que ajustan su movimiento como autómatas, a esas secuencias repetitivas y minimalistas. Esclavos del ritmo que emerge de los bucles fabricados con una Fender Telecaster que está filtrada a través de delays y otros efectos, y por la manipulación que el intérprete, Gonzalo Ordás, realiza con ella, tratándola como si estuviera en la mesa de operaciones y él fuera el cirujano. Con ella crea una densidad espectacular que puede sonar a campana tibetana, a fragmento dodecafónico o a secuencias ternarias repetidas en ebullición —como las cocciones que hacia el grupo progresivo Soft Machine— para colocar encima la guinda de un solo hiriente y acuchillado, y aquí, si se puede hablar de guitarras afiladas.

En el fondo, tras una tenue cortina de luz una proyección gigante de elementos diminutos, nanoestructuras casi, filamentos de tejidos con 10000 aumentos que a veces se reúnen con globos descendentes de DNA, o tal vez sean óvulos que buscan ser fertilizados. De la mano de Alexplays se incorpora con gran acierto este sistema analógico de proyección, basado en las exhibiciones sicodélicas de manchas de aceite en San Francisco a finales de lsd, perdón, los sesenta. Esta selección de materiales ya nos da la pista del camino que la Granell ha iniciado al acudir a esos magmas coetáneos, pues se puede decir que nacieron a la par que ella.

Hay una incesante pulsión por deconstruir y reordenar elementos de otro modo a como nos vienen dados, o ¿debería decir impuestos? La tierra primigenia que se siembra purificando todo el escenario fabricado con sustancias sintéticas, nos revela dónde está ubicada esta representación, tal vez en una cueva, cumpliendo un retorno anhelado a las raíces que al fin reconforta a los ancestros.

El momento cumbre deconstructivo, es el desmantelamiento sonoro de la canción “On the sunny side of the Street” de Billie Holliday, que permite un lucimiento singular a Rosario, desmadejándose cada vez que la canción se acelera como en las viejas 78 r.p.m, o bien se distorsiona, ralentizándose.

Si con destilación empezamos, con tequila Cuervo termina la obra, amparando ese aspecto mejicano de la pieza que por ser tan visible yo no os he querido comentar. Con ellos doy un buen trago y brindo: estas 8rmigas han encontrado una senda que va a tener muchos nutrientes, es la de nuestras propias emociones; acudiendo a los territorios que nos dieron vida y a la música que nos emocionó habitamos nuestro tiempo, somos nuestros ancestros.

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Aquí puedes leer otra reseña de este mismo espectáculo, escrita por Ildefonso Rodríguez: “Chamanes amigos“.

Un Comentario

  1. Apetece reproducir las sensaciones que este mismo espectáculo provocó en nuestro amigo Zapi, que lo resumió así en su muro de facebook:
    “No entiendo de danza, ni de casi nada, ayer nos habían convocado en el auditorio ciudad de león, para asistir al estreno del espectáculo Al otro lado del viento, que empezó con sabor a México y terminó anegado en tequila reposado. 8rmigas está formado por Rosario Granell Rosario y Eduardo García que nos hicieron sentir, vibrar y saltar en la butaca. Linternas perdidas en la oscuridad, aullidos profundos, discos rayados y hallados en el templo. Ecos y sombras menguantes y alargadas, ecos estimulados en las manos de Gonzalo Ordás Tascón a las guitarras y otros ruidos dañinos para almas neutras, eco de voces del más acá, en una noche de calaveritas como la que nos ofrecieron con el magnífico telón de fondo de las proyecciones viscosas e inquietantes de Jandro Sáenz De Miera. Y la tierra turbia, el polvo y la argamasa de arcilla y tequila reposado, se me ha quedado hasta la madrugada.”

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