Chamanes amigos

Imagen del espectáculo de “8rmigas”, el pasado 31 de octubre en el Auditorio de León. © Fotografía: Abel Morán.

Imagen del espectáculo de “8rmigas”, el pasado 31 de octubre en el Auditorio de León. © Fotografía: Abel Morán.

El poeta y músico leonés nos envía su personal reseña del espectáculo Al otro lado del viento, de la compañía de danza 8rmigas, que se pudo ver el pasado 31 de octubre de 2014 en el Auditorio de Leon, con Rosario Granell y Eduardo García (danza, canto), Gonzalo Ordás (música) y Alexplays (proyecciones, iluminación).

Por ILDEFONSO RODRÍGUEZ

Al otro lado del viento hay un páramo, unas tierras de secano; puede que haya un tapial de adobe, donde se han colgado exvotos. Entre el polvo aún se encuentra algún resto de vidas pasadas; hay también un tosco carretón con enseres, más restos, utensilios de aquellas vidas.

¿Qué vidas fueron aquellas? El cochecito de juguete está ahí para decirlo todo: es el páramo de los nómadas que todos fuimos una vez, allá en el otro mundo, en la infancia.

Así que al otro lado del viento está el otro mundo, el mundo perdido. El mundo de lo que ya está muerto. Y sólo hay un modo de llegar hasta allí, de invocar, de atraer aquello de nuevo a lo próximo, a lo vivido aún. Ese modo es la magia. Y funciona, o al menos les funciona a las chamanas de Siberia. ¿Y nosotros, tan lejos de Siberia, pero tan necesitados de volver de cuando en cuando allá, a aquella lejanía, como cualquier yacuto? Nosotros tenemos rituales a los que llamamos arte. Y antes que el arte, tenemos, lo mismo que cualquier chamana, sueños (1). La mejor descripción para lo que estoy tratando de decir, nos la ha dado un poeta, Góngora:

El sueño, autor de representaciones,

en su teatro sobre el viento armado,

sombras suele vestir de bulto bello.

Así que sobre el viento mismo, sobre lo airado y lo inestable, las sombras cobran cuerpo, cobran belleza. Los pálidos sedientos del otro mundo han vuelto por la gracia del sueño, y vuelven coloreados, hermoseados. Vuelven para bailar, para saltar, moverse, cantar, cobrar vida de nuevo. Un ritual, un juego de los sentidos avivados. Puede suceder en cualquier lugar, en la cueva de Chauvet, en un lago con cisnes, o en la caverna misma de Platón. Yo lo vi hace unos meses en una cripta, y la otra noche en el escenario del Auditorio. Y siempre es lo mismo, cuando es magia verdadera, cuando funciona. Cuando los que realizan el ritual son capaces de transformarse, cuando tienen del don de la metamorfosis. Siendo así, todo está dirigido al mismo fin: luces, música, baile, canción, están ahí para trasladarnos a los sentados, los quietos en las butacas. Nos llevan al más allá de nosotros mismos, nos transportan al sueño mismo de la especie.

Y ese sueño, para no ser pesadilla, es un sueño de belleza (“bulto bello”): luces crepusculares del páramo aquel, panes de oro en la arcilla, sombras que se inmovilizan para ser estatuas o se arrancan en una carrera olímpica. Voces, músicas, colaboran con las sombras movedizas. Eso es lo que invocan los chamanes. Y funciona. Yo se lo vi a hacer al brujo poderoso que fue Fernando Urdiales, cuando en El gran teatro del mundo era capaz de transformar las palabras terribles y culpables de Calderón en un tendedero de hermosuras colgadas, jirones de esa belleza a la que aspiramos para evitar la pesadilla. Otra vez: la escenografía del bulto bello. La noche del Auditorio se lo he visto hacer a Rosario Granell, Eduardo García, Gonzalo Ordás, Alexplays, chamanes amigos, generosos, capaces de lograr, por un ratito, que volvamos allá y nos consolemos con la visión y la audición de la belleza del otro mundo.

— — —
Nota: (1)
El páramo que vimos la otra noche podría llamarse Luvina. Así lo dice Juan Rulfo: “Dicen los de Luvina que de aquellas barrancas suben los sueños; pero yo lo único que vi subir fue el viento, en tremolina, como si allá abajo lo hubieran encañonado en tubos de carrizo”.

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Un Comentario

  1. Bella reseña, delicada invocación al poder de la palabra cuando esta tiene sus raices en el silencio poliglota del sueño, casi siempre eterno, de los muertos, y de nosotros los insomnes mientras vivos.

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