Identidad y memoria. Breve acercamiento a la narrativa de Patrick Modiano

Patrick Modiano.

Patrick Modiano.

El profesor, poeta y etnógrafo de La Alberca (Salamanca) afincado en León se acerca a la obra del último Premio Nobel de Literatura, el francés Patrick Modiano.

Por JOSÉ LUIS PUERTO
desde AstorgaRedacción.com

La concesión del Premio Nobel de Literatura, el primer jueves de cada mes de octubre, siempre suele constituir una sorpresa. Casi siempre las ‘quinielas’ se equivocan. El argentino Jorge Luis Borges fue el eterno aspirante al Nobel e, indudablemente, uno de los escritores en nuestro idioma que más lo merecían. Se fue sin él; lo mismo que el portugués Miguel Torga. El peruano Mario Vargas Llosa, también eterno aspirante, lo terminó consiguiendo. El Nobel de Literatura da para toda una sociología literaria y no pocas veces tiene que ver con la geopolítica.

Este año ha recaído sobre el narrador francés Patrick Modiano (1945), un novelista de sobra conocido por los lectores atentos, puesto que no pocos de sus libros ya estaban traducidos a nuestra lengua, por editoriales como Alfaguara primero y Anagrama después.

Estos días de atrás, charlando con un guía turístico francés, apasionado por la literatura, al preguntarle que cómo había caído en Francia la designación de Patrick Modiano como Nobel de Literatura, me decía que muy bien, puesto que es un escritor muy discreto y nada endiosado, que está a lo suyo, esto es, a la tarea de escribir sobre todo aquello que conoce y que le preocupa. Algo, por otra parte, característico de algunos narradores franceses de su generación, como Jean-Marie Le Clézio (también Nobel), Pascal Quinhard o Pierre Michon, autores que llevan una vida independiente, centrada en su trabajo y alejada de cenáculos literarios al uso.

No es Modiano un narrador hermético, como les ocurría a los autores del ‘nouveau roman’, sino que tiene un gusto por el arte de narrar, que va desarrollando con sutileza, a través de hilos casi invisibles; de ahí que, siempre que lo leemos, se nos imponga la imagen de la tela de araña para caracterizar sus novelas. Sus asuntos terminan atrapándonos sin darnos cuenta. El autor, a través de sus palabras, de sus puntos de vista, de su plasmación de ambientes y personajes, de una indagación sobre ellos siempre intensa pese a no parecerlos, nos va fascinando y seduciendo. Y, debido a una gran sabiduría, que parece clásica, aunque sea completamente contemporánea, en el arte de narrar, vamos siguiendo con deleite el curso de cada uno de sus relatos.

En no pocas de sus novelas, Patrick Modiano va estableciendo una suerte de cartografía del París contemporáneo, del París del que guarda memoria o del que se ha documentado. Y, en tal cartografía, –siempre en busca de esos “puntos fijos” de que habla en su novela En el café de la juventud perdida–, vemos existir a toda una caterva de seres con identidades y vidas problemáticas, siempre en busca de anclajes que les den sentido, siempre en busca de esa posibilidad de recomenzar su vida, de buscar vinculaciones con un pasado que han vivido y que se desvanece.

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La ocupación francesa durante la segunda guerra mundial; el París de los sesenta, que está prefigurando el mayo del 68, con los poetas malditos, la bohemia, los situacionistas… son dos de los contextos históricos contemporáneos en los que se desarrollan algunos de los asuntos de su narrativa.

Se ha dicho que las dos grandes preocupaciones que constituyen los grandes ejes de la obra de Patrick Modiano son las de la búsqueda de la identidad y el poder de la memoria. Muchos de los seres que pueblan sus novelas y relatos viven y tienen identidades problemáticas y frágiles; de ahí que sus desarrollos narrativos tiendan, a través de la memoria y de un continuo ejercicio de pesquisas (las fotografías suelen aparecer como documentos de fijación de identidades en el pasado) a tratar de fijar tales identidades, como única posibilidad de fijar el sentido de cada existir.

El propio autor, en otra de sus novelas, Calle de las tiendas oscuras, hace indicar a Guy, el protagonista de la misma: “Hasta ahora, todo me ha parecido tan caótico, tan fragmentario… Retazos, briznas de cosas me volvían de repente según investigaba… Pero, bien pensado, a lo mejor una vida es eso… / ¿Se trata de la mía efectivamente? ¿O de la vida de otro, dentro de la que me he colado?”

Modiano ha hurgado también de modo narrativo en su propio existir y en el de los suyos, a través de libros como El libro de familia (1970) o Un pedigrí (2004), donde la figura de su padre, un ser problemático para el novelista, termina siendo rehabilitado.

La narrativa de Patrick Modiano nos reconcilia con la literatura y con el placer de leer. Nada en ella está impostado, ni chilla, ni chirría. Es una literatura verdadera, que habla de nosotros mismos y de esa identidad problemática del ser humano en el mundo contemporáneo, a la vez que del recurso de la memoria como anclaje de ese sentido que ha de tener el existir de cada uno. Merece mucho la pena leerlo.

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