Al Estado Islámico no le gustan las minorías (III)

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El fotógrafo leonés JM López continúa con su nueva serie de reportajes para Tam Tam Press, en esta ocasión desde un país asolado por uno de los conflictos más sangrientos de los últimos años, Irak. 

Por JM LÓPEZ/AFP
(Texto & Fotografías)

Desde que comenzara el conflicto el pasado mes de junio decenas de miles de cristianos han sido forzados a abandonar sus hogares en el norte de Irak con la misma rapidez con que los combatientes radicales iban ganando terreno. Han tenido que huir prácticamente con lo puesto entregando posesiones y bienes. En Mosul los yihadistas amenazaron de muerte a todos aquellos que no se convirtieran al Islam o pagaran un impuesto, dejándoles como última alternativa el exilio. Cientos de familias abandonaron la ciudad con destino a las localidades de la provincia de Nínive o a la vecina región autónoma del Kurdistán, fuera del control del Estado Islámico.

En la iglesia Saint Joseph de Erbil, capital del Kurdistán iraquí, han encontrado refugio cerca de 250 familias repartidas en tiendas de campaña en los jardines del templo y en un edificio en construcción en la acera de enfrente. “Los cristianos de Mosul escucharon que este sitio era seguro y comenzaron a llegar sin parar, tanto que estamos absolutamente desbordados y no tenemos espacio para más”, afirma Ammar Leviv, médico voluntario que pasa consulta todos los días en un pequeño dispensario de la iglesia Saint Joseph. El templo, situado en el barrio cristiano de Ainkawa, se abarrota todos los domingos de fieles que elevan sus plegarias al cielo buscando alguna respuesta a tanta barbarie. Soada Jan habla atropelladamente. La mujer, de mediana edad y de penetrantes ojos azules, pide ayuda desesperadamente. “El Estado Islámico secuestró a mi sobrina de dos años. Sus padres no pudieron escapar. Desde hace más de un mes no sabemos nada de ella”, y prosigue: “Es posible que la hayan matado, y quizás mejor así, porque vivir con estos salvajes no es vivir”. Lo cierto es que los cristianos iraquíes, una de las comunidades más antiguas de la iglesia, cada vez lo tienen peor. Desde la intervención americana en 2003 han visto reducido su número del millón y medio a poco más de 400.000 fieles el año pasado. Empezaron a pagar un alto precio porque otras comunidades los veían como un aliado del invasor.

Ahora nadie quiere volver a sus casas, tienen miedo, sueñan con emigrar a algún país extranjero que les de acogida porque allí es el único sitio donde se sentirán seguros. Francia es, por ahora, el país que más cristianos iraquíes ha recibido, pero EE.UU. tiene pendientes desde agosto unas 25.000 solicitudes de visado. El repicar de las campanas ya no se mezclará más en Mosul con el llamamiento a la oración desde las mezquitas. Han destruido sus templos, en las catedrales quitaron las cruces que fueron sustituidas por banderas del Estado Islámico, rompieron o quemaron las estatuas y el mobiliario, incluso algunas iglesias ya han sido transformadas en mezquitas.“¿Convertirme yo al Islam? Soy cristiano y moriré como tal. Prefiero que me corten el cuello antes que profesar la misma religión que esos asesinos”, sentencia Soiki Said, un policía de la ciudad de Mosul que se ha visto obligado a refugiarse en la iglesia y ha tenido que vender hasta las alianzas de boda para comprar medicinas a su hijo discapacitado.

Peor parte se han llevado los yazidíes, una minoría religiosa de origen sectario y desconocido, lo que ha provocado que sean considerados por los islamistas como ateos y adoradores del diablo. Para ellos tienen reservado el peor de los castigos. Hay testimonios espeluznantes que hablan de ejecuciones sumarias, decapitaciones, enterramientos de vivos y mujeres que fueron violadas, vendidas a forasteros o esclavizadas. Miles de personas tuvieron que huir de Sinyar y otras localidades del noroeste de Irak ante el avance del Estado Islámico. Lo hicieron andando a través de un desierto pedregoso sin comida ni agua, mujeres y niños pequeños tuvieron que soportar temperaturas de hasta 50 ºC, algunos de ellos murieron en la travesía, otros se refugiaron en un monte y resistieron a duras penas el asedio de los yihadistas con la ayuda que los organismos internacionales les lanzaron desde el aire. Ahora están repartidos por numerosos campos de refugiados a la espera de un invierno que también promete ser cruel. Algunos han conseguido llegar a Lalish, una pequeña población donde se encuentra su templo más sagrado, la Meca de los yazidíes. Según sus creencias hasta aquí tienen que peregrinar al menos una vez. Quién les iba a decir a ellos hace unos meses que tendrían que hacerlo ahora para salvar sus vidas.

Deja un comentario y fírmalo con tu nombre o no saldrá

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: