¡Oh, la, la, la cultura!

Exterior del quiosco La Cultura, en el barrio leonés de El Crucero, en sus buenos tiempos. © Fotografía: Agustín Berrueta.

Exterior de la papelería La Cultura, en el barrio leonés de El Crucero, en sus buenos tiempos. © Fotografía: Agustín Berrueta.

Nueva entrega del narrador y profesor universitario leonés, quien se ha incorporado como colaborador a TAM TAM PRESS con una singular sección quincenal de pequeños relatos cuyo título, “Lenta es la luz del amanecer”, quiere ser todo un homenaje al fallecido escritor Antonio Pereira. En cada ocasión, los relatos aparecen ilustrados por el fotógrafo leonés AGUSTÍN BERRUETA.

¡Oh, la, la, la cultura!

Por FRANCISCO FLECHA

El mundo, su mundo, si vas a ver, giraba en torno a dos lugares y a dos ideas principales: los largos inviernos en Burgos, seminario de misiones, y los lentos veranos del Crucero.

De Burgos recuerda hoy aquella anécdota del canónigo Bonilla. Cuando, en las mañanas de invierno de niebla y frío, los turistas se acercaban a la plaza de la inmensa catedral, cruzando el arco de Santa María, no se sorprendían tanto por la contemplación del portento de piedra embelesada como por la inesperada arremetida del canónigo Bonilla que, enardecido, sin duda, por la paz interior que le daba el rezo de laudes y la misa y dispuesto a la cruzada cotidiana, les increpaba apuntándoles con el dedo doctrinal:

—¡Menos cultura y más agricultura!

Y se alejaba el Bonilla, sonriente y satisfecho sin que quedara claro (y ni falta que le hacía) cuál era la intención de tal acometida.

Y del Crucero recuerda la fachada abigarrada del quiosco de la esquina, pomposamente rotulado “La cultura” y que hacía gala del nombre y la intención con la rica oferta cultural en revistas de moda y cotilleo con la que pretendía agradar a las clientas (si no pedían otra cosa) aquel quiosquero melosón y piropero con olor a Varón Dandy.

Van a tener razón aquellos que hablan de ciclos ya cerrados: el seminarista de misiones hace mucho que dejó a los negros y chinitos a su suerte, el canónigo Bonilla, que se sepa, jamás se decidió a ejercer la agricultura y el quiosco del Crucero desde hace tiempo está cerrado.

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