Un calendario para recordar la reforma psiquiátrica del colectivo Villacián

El psiquiatra José Manuel Susperregui fue uno de los miembros del colectivo Villacián. © Fotografía: L. Fraile.

El psiquiatra José Manuel Susperregui fue uno de los miembros del colectivo Villacián. © Fotografía: L. Fraile.

La asociación La Revolución Delirante ha editado un calendario con fotografías en las que se recorren algunos de los episodios vividos por este grupo de profesionales, que fueron los responsables de la reforma psiquiátrica impulsada en Valladolid a partir de 1975.

Por LAURA FRAILE
últimoCero

Junio de 1978. Los técnicos del Hospital Psiquiátrico Dr. Villacián se encierran en asamblea permanente para defender sus puestos de trabajo y democratizar el centro asistencial. Descubrimos su imagen en la hoja del mes de marzo, donde podemos ver una fotografía en blanco y negro en la que una veintena de ellos posan vestidos con amplios pantalones de campana. Junio de 1982. La locura piensa mientras los psiquiatras se columpian. La frase corresponde al mes de mayo. En esta ocasión aparecen tres fotos en color que reflejan diferentes escenas de ocio al aire libre. Más adelante, la imagen de una carroza que representa a un pulpo rosa en cuyos tentáculos han colgado palabras como psicopatía o neurosis nos traslada a unos Carnavales en los que la locura quiso estar presente, ser nombrada, ser tenida en cuenta. Todas estas imágenes están incluidas en el calendario que acaba de editar la asociación La Revolución Delirante y ofrecen un recordatorio de todo lo que supuso la reforma psiquiátrica en una ciudad como Valladolid.

Para comprender las consecuencias de su aparición es preciso hacer un viaje al pasado. Estamos a mediados de los años 70, en el barrio de Parquesol, dentro del manicomio provincial. El panorama es desolador. Largos corredores, salas enormes en las que no hay espacio para la intimidad, ventanas con barrotes, hacinamiento, personas atadas, poca atención médica. Tras una visita a este centro, José Luis Mosquera (presidente de la Diputación entonces) propone construir uno nuevo. En ese momento, un grupo de jóvenes profesionales de la psiquiatría toma la iniciativa y le propone iniciar un proceso de reforma tendente a favorecer la desinstitucionalización de los pacientes. Entre estas personas están Fernando Colina, Aurelio Castilla, Juan Alonso Franch, Antonio Soto, José Ángel Macías o Fernando Leal Herrero, aunque después se sumarán muchos más. Aquí comienza la historia del colectivo Villacián.

Este grupo de profesionales, la mayoría de ellos dentro de la treintena de edad, era conocedor de la reforma psiquiátrica que había comenzado en los años 50 en otros países europeos como Francia e Inglaterra, que permitió la implantación de comunidades terapéuticas. Esta iniciativa se iría extendiendo después por otros países como Italia, donde municipios como Trieste o Gorizia fueron testigos de la revolución antipsiquiátrica de Franco Basaglia. “Muchos de nosotros habíamos conocido estas reformas a través de las revistas científicas así como en nuestros viajes. En mi caso, unos años antes había visitado Inglaterra, donde pude conocer cómo funcionaban las comunidades terapéuticas. Además, a finales de los 60 se produjo un hito, ya que tradujeron en España La institución negada, de Franco Basaglia. Esta obra se convirtió en nuestro libro de cabecera“, explica el psiquiatra José Manuel Susperregui, quien también se sumaría a este grupo de profesionales.

Una de las imágenes del calendario editado por la asociación La Revolución Delirante. © Fotografía: Colectivo Villacián.

Una de las imágenes del calendario editado por la asociación La Revolución Delirante. © Fotografía: Colectivo Villacián.

La construcción del nuevo Hospital Psiquiátrico Dr. Villacián, que se inauguró en el año 1974 en el barrio de Parquesol, ofreció la oportunidad de introducir unas mejoras que permitieron humanizar la asistencia de las personas afectadas por un trastorno mental. Una vez conseguido el traslado de los 650 pacientes desde el antiguo manicomio provincial, llegó el momento de reorganizar el trabajo. “Una de las medidas que implantamos fue la puesta en marcha de un régimen de puertas abiertas. Esto ofreció a los internos la posibilidad de disfrutar de una libertad de movimientos para pasear o bajar a la ciudad. A veces salían solos, otras acompañados entre sí o de un auxiliar”, comenta José Manuel. En esos años (hablamos de mediados de los 70) Parquesol no era todavía el barrio que hoy conocemos. En él había principalmente granjas avícolas y vaquerías, y habría que esperar a los años 80 para que se empezaran a edificar las primeras viviendas.

Otra de las medidas implantadas en este Hospital fue la creación de unidades mixtas, una iniciativa que según comenta José Manuel causó un cierto revuelo entre las morales más tradicionales. También derivó en algún que otro improperio entre la prensa de la época, que calificó a los integrantes de este colectivo de irresponsables y de corruptores morales de los enfermos. Aun así, la reforma siguió avanzando. Este nuevo modelo, que apostó por la creación de una red comunitaria de atención a la salud mental, también favoreció la implantación de un equipo interdisciplinario desde el que mejorar la atención. “En la praxis se tradujo en que todos podíamos hacer de todo, lo que difuminó nuestros roles. Cualquiera podía hacer el acompañamiento terapéutico o participar en los juegos y las salidas externas. De esta manera, nuestra labor no era la suma de cada uno de los profesionales, sino algo más”, continúa José Manuel.

La reforma psiquiátrica vivió una segunda etapa en los años 80 en la que, según indica este psiquiatra, se trató de compaginar lo intra y extra hospitalario. “En ese momento pusimos el acento en hacer asesoramientos a las familias y los médicos de cabecera para que pudieran descubrir los síntomas iniciales de un brote psicótico agudo. Nuestro objetivo era prevenir y evitar ingresos. Si al final alguno tenía que ingresar en el hospital, intentábamos acortar ese periodo”, aclara este psiquiatra.

Imagen correspondiente al mes de julio. © Fotografía: Colectivo Villacián.

Imagen correspondiente al mes de julio. © Fotografía: Colectivo Villacián.

Durante aquellos años las principales patologías eran problemas neuróticos (que no siempre requerían hospitalización) así como esquizofrenias y psicosis maníaco-depresivas (que solían acabar en ingresos en la unidad de agudos). A estos casos se sumó la atención de personas que habían caído en el alcohol y la heroína.

“A primeros de los años 80 la heroína se convirtió en nuestro caballo de batalla. En ese momento faltaba preparación porque la situación era novedosa y aún no había servicios especializados. Muchas personas drogodependientes desarrollaban cuadros psicóticos, así que los centros de salud mental acabaron usándose también para las curas de desintoxicación“, comenta este psiquiatra, quien indica que en aquellos años fueron uno de los primeros centros del país en incluir el tratamiento con metadona.

En este camino, la incomprensión del entorno siguió estando presente. “Fuimos muy vapuleados por los políticos de entonces. De hecho, incluso nos llamaron a declarar ante el tribunal sin que nos dijeran claramente de qué se nos estaba acusando. La animadversión entre los políticos era tal, que en un pleno el presidente de la Diputación nos llamó ratas de las cloacas franquistas“, asegura José Manuel.

Aun así, la reforma siguió su curso. “En nuestro esfuerzo por cambiar la imagen del loco organizábamos fiestas y festivales en el terreno de la finca del hospital a las que acudían familiares y el resto de la ciudadanía. También vinieron a hacernos reportajes para la tele. Ramón Sánchez Ocaña grabó allí uno de los programas de Más vale prevenir, en el que se habló de la asistencia psiquiátrica. Más adelante vinieron los del programa Vivir cada día para reflejar el trabajo que hacíamos allí a lo largo de una jornada”, continúa José Manuel.

El paso del tiempo vino acompañado de la implantación de otras medidas que formaron parte de la llamada “reforma oficial”, que fue desarrollada por el Ministerio de Sanidad a partir del año 1985. “Un comité de expertos escribió un informe para la reforma psiquiátrica que se plasmó en el artículo 20 de la Ley General de Sanidad de 1986. Posteriormente se creó el Servicio de Salud Mental de Castilla y León, que se encargó de la planificación, y se agilizaron trámites burocráticos referidos a cuestiones como las contrataciones”, resume este psiquiatra, quien en este recorrido por las medidas más recientes también resalta la apertura en el año 2009 de la Unidad de Agudos del Hospital Río Hortega.

“Hoy por hoy se ha impuesto el paradigma médico, así que podemos decir que las multinacionales farmacéuticas han ganado la batalla”, se lamenta José Manuel. A pesar de todo, aún quedan profesionales que, sumados a muchos otros, creen y ponen en práctica otros modelos basados en un enfoque comunitario e integral de la persona. En el caso de Valladolid, los herederos de este espíritu se han reunido en torno a La Revolución Delirante, una asociación formada por psiquiatras, psicólogos, médicos, enfermeros, auxiliares clínicos, terapeutas ocupacionales, trabajadores y educadores sociales.

Creada en el año 2011, su actividad se centra en la organización de jornadas encaminadas a mejorar la preparación de los jóvenes profesionales que trabajan en el área de la salud mental. A esta propuesta se suman otras que, a través de festivales de música, la publicación de libros o la realización de programas radiofónicos, animan a difuminar el límite entre la locura y la cordura y a romper prejuicios.

La última iniciativa de este grupo ha sido la realización de este calendario homenaje al colectivo Villacián, que puede adquirirse por 10 euros mandando un correo electrónico a la dirección revoluciondelirante@gmail.com. Los fondos recaudados servirán para financiar sus actividades, que continuarán a partir del mes de abril con la puesta en marcha de una nueva edición de su cineclub.

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