Pablo Rodríguez: “Las instituciones olvidan que los teatros son de todos y que los artistas pueden gestionarlos”

Pablo Rodríguez posa para esta entrevista de TAM TAM PRESS. © Fotografía: I.M.

Pablo Rodríguez posa para esta entrevista de TAM TAM PRESS. © Fotografía: I.M.

· “La Feria de Teatro de Castilla y León no creo que sea un chollo para las compañías de la región”

· “Vivimos en una tierra en la que siempre creemos que lo de fuera es mejor que lo nuestro, en eso las instituciones tienen un suspenso”

· “La agenda de la ciudad la deciden los que gobiernan y no existen casi iniciativas privadas e independientes”

· “En la sala Ambigú quisimos crear un lugar de encuentro artístico con el público, una escuela de espectadores, cursos, talleres… pero el Ayuntamiento de Valladolid no nos dejó”

· “Es triste encontrarte con teatros vacíos o sin programación cuando podían ser lugares de ensayos, investigación y creación artística por poco dinero”

· “La crisis ha bajado los cachés, disminuido los salarios, dejado el trabajo en condiciones precarias… ha acabado con muchos de los logros de la profesión”

Por ISAAC MACHO

Pablo Rodríguez es director, músico, cantante, productor y profesor, pero sobre todas las cosas, se siente actor. En este cuestionario, realizado vía internet, califica a la subida del IVA al 21% como un atentado contra la cultura y critica la falta de compromiso de los responsables públicos con los artistas de la tierra. En este momento, este profesional polifacético ensaya en Madrid “Proyecto 43-2″, un espectáculo que será estrenado en abril en la sala Cuarta Pared.

—”Buenas noches señores de la cultura y amigos del cine español… señor Wert, usted no está incluido en esto último”, soltó Pedro Almodóvar al saludar y antes de entregar el Goya de Honor a Antonio Banderas. ¿Cómo lo ves?

—Bien. Se trata del discurso de uno de los mayores representantes de nuestro cine, y además comparto su opinión. Lamentablemente nuestro ministro de Cultura no es ni un señor de la cultura ni amigo de nuestro cine, o así nos lo ha demostrado. Es un afamado analista, sociólogo, estadista… pero no un hombre de la cultura. Estoy cansado de ver a ministros a cargo de ministerios que no tienen nada que ver con su recorrido profesional. Creo que la palabra cultura se le queda grande. Pero quizá todo este problema se origina el día en que se suprime un Ministerio de Cultura y se adjunta al de Deportes y Educación… Creo que son entidades lo suficientemente importantes y necesarias como para que sean gestionadas individualmente.

—¿Eres partidario de las críticas políticas en un acto como los Goya?

—Quizá la pregunta habría que hacerla al contrario: ¿sería un buen lugar para elogiar las políticas culturales del Gobierno? Yo creo que sí, ¿no? Seguro que al ministro no le importaría nada y no consideraría que ese no es el lugar… Los Goya no solo deben ser una entrega de premios con alfombra roja, sino una oportunidad para mostrar cómo está el sector, para analizar y reflexionar. No se puede esperar que salgan al escenario todos con sus mejores galas, a sonreír y poner buena cara. El Gobierno ha castigado mucho al cine español, con sus políticas y con ciertos comentarios de ciertos ministros, y eso se tiene que saber, por no hablar de la ausencia de un ministro de Cultura en la gala de premios más representativa de nuestro cine, como ocurrió el año pasado.

Espectáculo "Pedro y el capitán", de Cuarteto Teatro. © Fotografia: Félix Fradejas.

Espectáculo “Pedro y el capitán”, de Cuarteto Teatro. © Fotografia: Félix Fradejas.

—Bertolt Brecht concebía al teatro como una forma de resistencia. ¿Ese planteamiento es actual o una cuestión olvidada?

—Yo creo que no. Existen dos tipos de teatro, el de entretenimiento, el más convencional, el que simplemente tiene como objetivo brindar un buen rato al espectador y hacerle olvidar sus problemas, al menos, durante una hora y media, y el teatro que reivindica, que critica, que quiere hacer reflexionar al espectador de los problemas actuales de nuestra sociedad, y que encuentra sobre el escenario una forma de expresar sus preocupaciones. Ambos son necesarios y ambos pueden convivir. El espectador es el que decide qué quiere ver, escuchar, sentir… cuándo va al teatro.

—¿Puede alguien pensar que el IVA cultural al 21%, subido por este gobierno, es una nimiedad?

—Es un atentado en toda regla. Hay estudios y análisis que así lo demuestran. Pensar lo contrario es no querer admitir la realidad. Ahora mismo estoy dentro de una producción, de una compañía privada, que va a entrar en un teatro público de Madrid a taquilla, y no te puedes imaginar la imaginación que hay que tener para que salgan los números y no se pierda dinero… Nos queremos parecer en todo a países como Alemania, que hoy en día marca nuestras direcciones económicas, Francia, Inglaterra… y nos jactamos de decir que cada día estamos más cerca de ellas a nivel económico y social… Que se les ocurra a cualquiera de los gobiernos de esos países, a los que tanto queremos parecernos, aumentar el IVA cultural al 21%… ¿Por qué en eso no nos queremos parecer? ¿Se trata de una medida meramente recaudatoria? Eso demuestra el poco interés y la escasa importancia que se le da en este país a la cultura desde las instituciones. Sin embargo, sí que se fomenta la industria del porno, los toros y el fútbol… Parece un discurso muy manido, pero es que es tan evidente… Porque si se trata de recaudar y de arrimar el hombro desde todos los sectores, fíjate si no se recaudaría con un IVA al 21% con las entradas del fútbol… Pero en eso no hay miedo, hay pánico. Y así nos crece el pelo… No olvidemos la anécdota de “Sara-Mago” en boca de una ministra de Cultura de hace no muchos años… Y todavía nadie ha dado una explicación para el IVA reducido del porno, el fútbol y los toros y un IVA cultural tan sanguinario y de los más altos de esa Europa a la que tenemos como referencia día y noche.

—Y qué respondes cuando hay aficionados que dicen que si la gente no va al teatro será porque no tiene calidad ya que en el caso del cine, 2014 ha sido un buen año, afirman, sencillamente, porque las películas eran magníficas…

—Mira, en Estados Unidos se llevan a cabo los mejores musicales del mundo, son pioneros en ello y nadie les supera. Y eso se debe a que no solo hay una inversión pública enorme en ello sino también a la formación que reciben atores, cantantes, directores, músicos y todos aquellos implicados en la industria. Un actor o un cantante de Broadway están muy formados, a años luz de la preparación que tiene uno al otro lado del charco en ese sentido. Quiero decir con esto, que cuando hay interés en algo un gobierno puede potenciar una industria y hacerla grande. Hace años no se veía la Fórmula 1 en este país y hoy en día hay millones de seguidores y mucha calidad en nuestros pilotos, hasta convertirse en referentes mundiales, y eso ha sido gracias a la labor de un gobierno que se ha implicado en fomentar y acercar ese deporte a los ciudadanos. Ojalá pusiese el mismo interés en la industria cultural. La calidad del cine español o del teatro, o de la música, no solo depende de la inspiración que tengan ese año sus artistas, tiene que haber un apoyo institucional detrás que impulse, que confíe y que fomente el acercamiento de la ciudadanía al mundo cultural. Quizá habría tanta gente que descubriría el placer de asistir a un concierto o una obra de teatro…

—Ya está abierto el plazo para que las compañías que lo deseen presenten sus propuestas para participar en la XVIII Feria de Teatro de Castilla y León-Ciudad Rodrigo del próximo mes de agosto. ¿Qué te interesa más de esa Feria?

—Tengo un sabor agridulce con la Feria de Ciudad Rodrigo. Desde que fundamos nuestra compañía, hace casi diez años, ninguno de nuestros espectáculos ha sido seleccionado. No entendemos muy bien las razones y te hablo de espectáculos muy bien acogidos por el público y por los que hemos sido felicitados por los propios compañeros de profesión. Me parece importante y necesaria una Feria de Teatro en nuestra Comunidad, no solo por la oportunidad de fomentar trabajos propios sino también por la dinamización del sector en general, pero no estoy muy de acuerdo con su programación estos últimos años.

—¿La Feria es un chollo para las compañías de la región?

—Para algunas quizá sí, para otras en absoluto. Muchas veces te encuentras con compañías que siempre están ahí, independientemente de la calidad de sus trabajos y eso no me parece muy responsable. En cambio, hay trabajos estupendos que no son seleccionados. No soy de los que piensan que hay que fomentar lo de nuestra tierra a toda costa, pero sí que habría que poner más atención a lo que se hace aquí, a los nuevos artistas, que vienen con mucha fuerza y con propuestas muy interesantes… Independientemente de todo esto no creo que sea un chollo, sí una oportunidad para mostrar tu trabajo a profesionales de fuera de la comunidad, ya que tanto nos cuesta salir, pero las condiciones económicas, por ejemplo, muchas veces cuesta asumirlas.

Espectáculo "La Balsa de la Medusa", de Tetro Dran. © Fotografía: Marta Vidanes.

Espectáculo “La Balsa de la Medusa”, de Tetro Dran. © Fotografía: Marta Vidanes.

—Hace unos días, rindieron un homenaje a la pedagoga Cristina Rota, maestra de actores, en Rivas Vaciamadrid. Aquí, ¿no hay maestros de ese tipo?, ¿los profesionales carecéis de capacidad?, ¿las autoridades no se enteran…? ¿Por qué sois tan escasamente reconocidos públicamente?

—Vivimos en una tierra en la que siempre creemos que lo de fuera es mejor que lo nuestro. En eso las instituciones tienen un suspenso. Y muy bajo. Yo he tenido la oportunidad de trabajar en Valladolid y también fuera, en Madrid, y puedo asegurar que cuando he estado fuera muchas veces he echado de menos el talento y la profesionalidad de la gente de aquí. Hay mucho talento, pero ni lo fomentamos ni lo sabemos vender. Vete a Cataluña, el País Vasco, Andalucía, Galicia… y nadie pondrá en duda el talento de sus artistas, al contrario, creen en ello y lo fomentan. Allí las instituciones trabajan en esa dirección y se encargan de que el resto se entere de ello. Es cierto que Madrid es un epicentro a nivel cultural y un lugar de encuentro y residencia de muchos artistas y profesionales, es lógico, pero fuera de Madrid también existen las artes escénicas y los profesionales y tenemos que convencer a las instituciones de ello, y además creo que es una responsabilidad política y social el descentralizar todo eso. La cultura debe llegar al ciudadano allá donde esté.

—Un grupo de compañías solicitasteis gestionar la sala Ambigú, de Valladolid, ahora cerrada. ¿Qué razones os dio el Ayuntamiento para negárosla?

—Es cierto que encontramos algún impedimento por parte del Ayuntamiento para sacar adelante el proyecto… Personalmente creo que hay un cierto temor a iniciativas privadas en el ámbito de la cultura en nuestra ciudad. Tenemos un Ayuntamiento con una agenda cultural muy amplia y de mucha calidad, pero es una agenda que deciden ellos, los que gobiernan, y si te das cuenta no existen casi iniciativas privadas e independientes. En el caso de la música es muy evidente, se justifican con el tema de las licencias. No podemos olvidar que hemos estado más de un año sin poder escuchar ni un concierto o velada musical en bares de la ciudad. Detrás de eso yo creo que hay un intento por controlar cualquier movimiento cultural externo a la agenda oficial. Y eso no me gusta nada, no lo comparto. De nuevo, tenemos que mirar a ciudades como Berlín, París, Londres… a las que tanto nos queremos parecer y en las que en cada esquina, bar o garaje te encuentras con salas alternativas, conciertos de música, exposiciones… O simplemente, Madrid, en la que en los últimos años han aparecido muchas iniciativas privadas en ese sentido como La pensión de las pulgas o La casa de la portera, lugares alternativos en los que exhibir trabajos artísticos. Aquí, en Valladolid, ante una iniciativa parecida en el centro de la ciudad la policía subió a suspender la actividad…

—¿Qué pretendíais hacer?

—Era un proyecto ambicioso. Nos juntamos tres compañías de teatro de la ciudad para intentar dar continuidad a la programación que durante tantos años se había estado llevando en la sala Ambigú. Queríamos también crear un lugar de encuentro artístico con el público, la escuela de espectadores, cursos, talleres, etc… Teníamos muchas ideas y creíamos que era positivo y podía aportar mucho a la ciudad en el ámbito de las artes escénicas, creando un espacio de exhibición para las compañías de la ciudad y para compañías de fuera que por distintas razones no encuentran un lugar para mostrar sus trabajos en los espacios que gestiona el Ayuntamiento. No queríamos que se convirtiese en una “contra oferta” a lo que ya se exhibe en la ciudad sino un complemento en la programación, para crear variedad y nuevos públicos. Incluso encargamos un estudio sobre el impacto de abrir una sala de exhibición más en la ciudad, al margen de las que ya existen, y el resultado era bastante alentador. Pero al Ayuntamiento no le hacía mucha gracia y finalmente tuvimos que desistir. Aunque no nos rendimos con la idea. Seguimos creyendo en ella.

—¿Definirías a Valladolid como una ciudad del teatro?

—Sí. Puede que estés más o menos de acuerdo con la programación que hay pero es cierto que es una ciudad en la que se mueve mucho teatro. A los vallisoletanos les gusta ir al teatro y la asistencia a los espacios de exhibición es bastante elevada en general. Durante el Festival de Teatro de Calle la ciudad se llena de gente, es un éxito. Valladolid tiene mucha trayectoria de teatro, antaño era una plaza muy reconocida para las compañías y se hacían temporadas de quince días en los teatros. Lógicamente eso ha cambiado porque la profesión también se ha transformado, pero algo ha quedado en los vallisoletanos y en la afición por las artes escénicas. Y no solo en lo que se refiere al público, existe una profesión con mucha trayectoria a sus espaldas.

—¿Hasta dónde es interesante para las compañías la figura de artistas o compañías en residencia?

—A ver…en este país estamos inmersos en un paisaje cultural en el que el 90% de los espacios de exhibición son públicos. Esto se debe a una política cultural llevada a cabo durante los últimos 30 años con el fin de fomentar, potenciar y acercar las artes escénicas a los ciudadanos y que ha tenido muy buenos resultados. Pero a día de hoy nos encontramos con que una gran parte de esos espacios públicos, muchas veces, están vacíos o carentes de actividades culturales o programación, principalmente por temas económicos. El fomentar las residencias artísticas en espacios públicos se tiene que tomar como una solución a esa sequía de actividades culturales. Es muy triste encontrarte con teatros vacíos o sin programación cuando podían ser lugares de ensayos, investigación y creación artística y, además, sin la necesidad de invertir mucho dinero. Y por otro lado es muy desconcertante ver que compañías o artistas no llevan a fin sus trabajos porque carecen de los medios necesarios. El estado tiene los espacios y los artistas las ideas y el “arte”, solo hay aunar recursos. A veces las instituciones hacen suyos los teatros y olvidan que son de todos y que quien mejor puede darles uso son los propios artistas. Debería prohibirse tener cerrados los teatros cuando hay propuestas de residencias y de gestión alternativa para ellos.

—¿Qué lecciones hay que sacar de la acogida que ha tenido el espectáculo de cabaret contemporáneo Shock&Show en el Lava, con artistas de diferentes compañías, en el que has participado?

—El caso del Sock&Show es un ejemplo de colaboración exitosa entre instituciones y artistas. Es un ejemplo de cómo con una buena comunicación y gestión se pueden obtener resultados excelentes tanto para los ciudadanos como para los propios artistas. Por un lado, se levanta un espectáculo al cual puede asistir el público a precios asequibles, a disfrutar de un show de mucha calidad, y, por otro, se está fomentando la creación de los propios artistas de la ciudad. Todos aportan algo, el Ayuntamiento con sus medios -el espacio, la difusión…- y los artistas con su trabajo. Y todos ganamos: el Ayuntamiento, los artistas y los ciudadanos. Es justo decir que los artistas son los que más arriesgan, son muchas las horas de trabajo, preparación y ensayos -puedo asegurar que no se pagan con la taquilla recibida-, y sin saber, sobre todo el primer año, a qué puerto iríamos a parar. Pero parece que el buen hacer da su resultado y el público lo premia. Y así tres años. A nivel personal y artístico es muy satisfactorio, una muestra de que en esta ciudad existe mucho talento y de muchas ramas artísticas distintas: canto, baile, circo, música, teatro…, y que el público lo valora y lo demuestra llenando la sala prácticamente todos los días.

—¿Dónde reside la complejidad de este tipo de iniciativas?

—Generalmente, en el no entendimiento entre instituciones y artistas. Nos cuesta mucho convencer a las instituciones del valor de las propuestas novedosas, de que apuesten por nosotros, de que confíen en nuestros criterios artísticos. Nos encontramos que las instituciones muchas veces solo piensan en el rendimiento económico de esa actividad o en el dinero que se van a gastar, y en realidad olvidan que tienen la obligación moral y social de invertir en proyectos culturales y que la cultura no siempre tiene que ser rentable económicamente. Puedo asegurarte que los artistas muchas veces aceptamos condiciones y asumimos riesgos económicos inasumibles, como trabajar dos meses a expensas de si la gente irá a verte o no… Que conste, entiendo que haya compañeros que no estén dispuestos a entrar por ese aro, pero nos puede tanto la pasión…, que, en ocasiones, las instituciones se aprovechan de ello.

Espectáculo "Yo era Hamlet", de Cuarteto Teatro. © Fotografía: Marta Vidanes.

Espectáculo “Yo era Hamlet”, de Cuarteto Teatro. © Fotografía: Marta Vidanes.

—¿Cuáles son los cambios del oficio producidos en la región a la sombra de la crisis?

—Para empezar, un empobrecimiento en todos los sentidos: bajadas de cachés, disminución de salarios a los artistas, condiciones precarias en el trabajo… Esta crisis ha acabado con muchos de los logros conseguidos durante muchos años en la profesión, y de golpe y porrazo se los han cargado. Y digo se los han cargado porque la crisis ha servido de excusa a las instituciones para recortar de manera incalculable cuando luego ves que hay otro tipo de inversiones que casi ni se han tocado. Al margen de esto, creo que hay algo muy positivo en todo el panorama que estamos viviendo. Están apareciendo nuevas formas de gestión a las que no prestábamos atención cuando todo iba bien, nuevas fórmulas para sacar los trabajos adelante, nuevas vías de comunicación y colaboración con las instituciones públicas y con los espectadores… Espero que si las cosas cambian no olvidemos lo que nos ha pasado.

—Estos nuevos recortes, ¿se quedarán entre nosotros?

—Espero que los negativos desaparezcan y que se dignifique un poco la profesión, que falta nos hace en este país en el que ser actor, músico o cantante casi está considerado como vivir del cuento… eso es algo que todavía no nos hemos quitado de encima. Es decir, escribamos en una libreta lo bueno y desechemos lo malo y lo que no nos ayuda ni nos interesa debemos tacharlo para que se pueda seguir leyendo pero no volver a caer en los mismos errores.

—Tu paso por La Abadía de Madrid, ¿qué significó en tu formación?

—Soy un fanático de la formación. Continuamente estoy pensando en acudir a cursos, talleres, intercambiar experiencias… Es muy peligrosa nuestra profesión porque llega un momento en que uno se cree que lo sabe todo y deja de poner atención en su trabajo, y deja de crecer a nivel artístico. Respecto a mi paso por la Abadía, allí tuve la oportunidad de conocer a gente muy interesante. Fue un taller muy intensivo durante tres meses en los que nos exigían mucho, era un entrenamiento diario muy exhaustivo y al mismo tiempo muy enriquecedor. El Teatro de la Abadía pone mucha atención en la formación del actor y en la investigación de distintas disciplinas y métodos enfocados a la interpretación, por eso, cuando me seleccionaron para aquel taller, me alegré y me entregué al máximo. Mi paso por ese espacio me aportó mucho a nivel profesional, artístico y personal.

—Estos días podemos ver en el Español Los cuentos de la peste interpretada por Aitana Sánchez-Gijón que tiene como compañero a Mario Vargas Llosa. ¿Interpretas positiva o negativamente que un escritor famoso se suba a las tablas?

—Desconozco el trabajo de Vargas Llosa sobre el escenario. No he tenido oportunidad de verlo, pero, independientemente de este caso, opino que sobre un escenario tiene que estar todo aquel que tenga el talento necesario para hacerlo. Da igual lo que seas, escritor o fontanero, si eres capaz de emocionarte, de transmitir y expresar y al mismo tiempo comunicarte con el público. Si encima tienes la técnica necesaria para expresar sentimientos, cuentas con todo mi apoyo para estar sobre un escenario.

—¿Podemos hablar de intrusismo?

—Para mí el intrusismo es otra cosa. Podríamos hablar de intrusismo cuando una persona, sin las cualidades necesarias se sube a un escenario y contamina la profesión, generalmente, porque tiene un reconocimiento social o es conocido por otros motivos. Eso es lo que no deberíamos admitir. A nadie se le ocurre ponerse a tocar un violín delante de quinientas personas sin tener la más remota idea de tocarlo, ¿verdad? Sin embargo, para subirse a un escenario o ponerse delante de una cámara parece que la gente pierde todos sus complejos y, muchas veces, su dignidad…

—Juan Mayorga entiende que uno ha de ser modesto y conocer sus límites, pero al mismo tiempo ser ambicioso. ¿Cuál es tu horizonte?

—Mi horizonte es poder dedicarme a esta profesión y poder disfrutar al máximo. Hago muchas cosas en mi vida: soy actor, músico, cantante, productor, profesor y mil cosas más… pero siempre tengo claro que cuando la gente me pregunta a qué me dedico, siempre respondo que por encima de todo soy actor. Desde pequeño siempre lo quise ser, aunque se me tomaba en broma, y desde que tomé la decisión de estudiar Interpretación en la Escuela de Arte Dramático de Valladolid creo que es lo único que he tenido claro en mi vida. Mi horizonte está en el escenario y en crecer día a día sobre él.

—Después de varios años de gestión del Centro de Investigación Actoral Espacio Abierto, ¿en qué momento se encuentra?

—Espacio Abierto es un proyecto que nació hace casi diez años y surgió de la ilusión de crear un lugar de encuentro, investigación y aprendizaje alrededor del mundo del actor en particular y de las artes escénicas en general. La iniciativa fue de Ricardo Vicente, actor, director y hombre de teatro de la ciudad y nos embarcó a todos con él. Tenía ese don… Durante años conseguimos crear un lugar donde compartíamos experiencias, impartíamos talleres, organizábamos encuentros y muchas más cosas. Sin olvidar nunca su objetivo principal: ser una escuela de actores. Por allí pasó mucha gente y llevamos a cabo diferentes experiencias, sobre todo, con gente aficionada al teatro que quería descubrir el campo de la interpretación y aprender. Pienso que hicimos una labor estupenda de la que nos sentimos muy orgullosos y con la que aprendimos mucho. Con el paso del tiempo, cada uno decidimos tomar caminos distintos. Personalmente, necesitaba desconectar y dedicarme a otras cosas como actor, y tomamos la decisión de darnos un respiro. Pero volveremos a la carga. Es un proyecto que nos ilusiona mucho y que nos aportó muchas satisfacciones y la gente cercana a nosotros no deja de preguntarnos y de animarnos para que retomemos de nuevo. Así que nos lo tomamos como un paréntesis.

Espectáculo "Dogville", de Rayuela producciones. © Fotografía: Marta Vidanes.

Espectáculo “Dogville”, de Rayuela producciones. © Fotografía: Marta Vidanes.

—Háblanos del montaje Proyecto 43-2… ¿Volvéis a la carga?

Proyecto 43-2 es un trabajo que surgió de María San Miguel, actriz vallisoletana afincada en Madrid. Trata el problema del terrorismo en nuestro país, en particular en el País Vasco, vivido durante tantísimos años. Quiere ser un grito y una llamada al entendimiento de toda la sociedad, de víctimas y victimarios, con el fin de conseguir encontrar vías de comunicación y entendimiento a través del diálogo para que, entre otras cosas, lo ocurrido no vuelva a ocurrir. Es un tema complejo. Se trata de un trabajo de investigación utilizando el teatro como herramienta educativa y social. El proyecto completo es una trilogía. Hace dos años estrenamos el primer espectáculo en el Laboratorio de las Artes de Valladolid, gracias a una residencia artística, en el que nos centrábamos en el tema de la convivencia y el entendimiento de una sociedad que ha tenido que vivir bajo la presión del terrorismo, muchas veces bajo el mismo techo compartiendo ideales distintos. Ahora, en abril, estrenamos en la sala Cuarta Pared de Madrid un segundo espectáculo basado en los encuentros restaurativos que tuvieron lugar hace unos meses entre víctimas y victimarios en el País Vasco. Estos acercamientos se produjeron con terroristas condenados en la cárcel que tomaron la decisión de renegar de la banda, condenar lo que habían hecho y pedir perdón a sus víctimas a la cara. Tratamos el tema de la reinserción social, del entendimiento y del diálogo como herramienta para conseguir la convivencia así como el rechazo a la violencia de toda la sociedad. Por supuesto, la obra también contempla el rechazo al terrorismo que tanto horror ha generado y que puede llegar a repetirse. Es una apuesta muy interesante que se mueve entre la ficción y el documental. Estamos muy ilusionados y muy orgullosos de poder formar parte de esta aventura. Creemos mucho en ella.

—¿Estarías dispuesto a sacrificar el teatro por la música?

—Para mí el teatro y la música van unidos. Es cierto que últimamente la música ha tenido un protagonismo mayor en mi carrera, como cantante y músico, pero nunca ha llegado a sustituir mi trabajo como actor. No sé, son sensaciones y formas de expresarte distintas y maravillosas. No sabría elegir. Como actor me siento quizá más seguro y con más recursos, nunca me asusta un trabajo, no sé si es bueno o malo… Con la música soy mucho más cuidadoso. Para mí es un terreno más “movedizo”… Espero no tener que elegir nunca y que ambas disciplinas me acompañen y se complementen a lo largo de mi carrera.

—Sueña diez minutos: ¿qué harías si compruebas que ya no necesitas depender de las subvenciones ni de las salas públicas?

—Bueno, eso significaría que soy autosuficiente, que mi trabajo es rentable y que no dependo de nada ni de nadie para hacerlo. Eso, entre otras cosas, yo creo que te da satisfacción personal. Siempre he dicho que la industria del teatro no es rentable, que para pagar todo lo que hay detrás habría que vender entradas a precios desorbitados e inaccesibles para mucha gente. Pero eso también pasa en la Ópera de Milán, en el Teatro Real de Madrid, en el Palau de la Música de Barcelona… de no ser por el incentivo económico que se recibe del Estado sería inviable mantener esas estructuras y a nadie se le ocurriría proponer que desaparecieran. Deberíamos empezar a hablar con propiedad y referirnos a inversión y no a subvención. Por otro lado, nosotros hemos tenido la suerte y el convencimiento de hacer siempre lo que hemos querido sobre el escenario con nuestra compañía y nunca nos hemos planteado dejar de hacerlo por conseguir más ayuda económica. Quizá eso nos haya hecho perder otras oportunidades y vernos en situaciones muy límites, pero nos queda la satisfacción de emprender los proyectos en los que creemos sin que intenten coaccionarnos o dirigir nuestros pasos. En la actualidad, no dependemos de esas ayudas y concebimos el teatro y nuestra profesión de la misma manera que cuando hemos recibido algún apoyo.

—Las elecciones municipales y autonómicas están a la vuelta de la esquina. Si los candidatos te dejaran libertad para diseñar el marco de las artes escénicas en la ciudad de Valladolid, ¿por qué nos les das un par de pistas?

—Uff, qué complicado… Quizá la mayor pista que les daría es que se dejasen aconsejar y se rodeasen de gente de la profesión, de los propios artistas y personas que conocen el mundo de las Artes Escénicas, que lo viven día a día, que conocen su problemática y sus virtudes, para crear un marco cultural comprometido con los ciudadanos. Les animaría a que se fijasen en aquellos modelos culturales que funcionan, que son beneficiosos para la sociedad y que pueden ser un ejemplo a seguir, no solo en nuestro país sino fuera de nuestras fronteras. Muchas veces nuestras instituciones culturales cuentan con muy buenos gestores pero no piden la colaboración de artistas y profesionales que conocen a fondo el medio. Creo que el entendimiento entre ambos es la clave para conseguir buenos resultados.

—Tienes el micrófono abierto. ¿Podrías hacerle una pregunta a la consejera de Cultura y Turismo?

—Tengo muchas, pero hay una que me parece esencial: ¿confía usted realmente en los artistas y profesionales de nuestra Comunidad?

Un Comentario

  1. Hola, Soy Marcelo Rocca director del CiTi y el Grupo de teatro de títeres El Retablo de la Ventana. Muy Interesante tu artículo y te cuento que nosotros gestionamos un circuito de títeres en espacios públicos. Es el Circuito de títeres del Henares que a través de convenios de colaboración con los ayuntamientos nos ceden el uso de los teatro de las casas de la cultura, nosotros organizamos la programación. Cuesta trabajo pero la verdad es que no perdimos al público por estar las salas cerradas. Al ceder los espacios podemos cobrar una entrada popular de 4 € y así el teatro llega a todo el mundo. Os invito a nuestra web y que podáis ver un pequeño ejemplo de lo que podemos hacer.
    http://www.citti.es
    https://www.facebook.com/CiTiCircuitoDeTiteresDelHenares?ref=hl

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