Carlos Fidalgo se sumerge en las trincheras de la I Guerra Mundial

Imagen del conflicto.

Imagen del conflicto.

Por TOMÁS NÉSTOR MARTÍNEZ
astorgaredaccion.com

El escritor berciano Carlos Fidalgo publica “La sombra blanca”, “una novela de fantasmas entre las trincheras de la I Guerra Mundial”. El periodista ya había publicado la colección de relatos “Tierra adentro y otros naufragios” (2013) y “El agujero de Helmand”, novela galardonada en 2011 con el premio Tristana de literatura fantástica.

Esta primera y segunda novela a la vez, como señala el autor, realista sin duda o fantástica pero verosímil, exige la “suspensión de la incredulidad” –diría Coleridge–. No debe ser leída por escépticos ni ateos literarios.

La escritura de “La sombra blanca” llega desde las grietas abiertas de la vida, desde unas trincheras en las que respirar es un peligro y el retorno a la vida de un pasado ya perdido se antoja una quimera. Quedará como esperanza un fulgor o sombra blanca que juega en sus apariciones o se burla cuando va a ser atrapada. Ni ella será capaz de extraer u olvidar las esquirlas de la metralla domiciliada en cuerpos asustados o en alma deshabitada.

A través del texto, el lector es guiado en el frente, se refugia ante los bombardeos y los disparos, tiembla y duda antes de asomar la cabeza en la primera línea de fuego; charla con cuantos van poniendo voz queda a la locura de esa primera gran guerra del mundo.

La agilidad de la escritura, el dinamismo de la acción o la sorpresa ante lo inesperado, los rostros desencajados que el lector ve ante sí o las conversaciones entrecortadas a las que asiste encogido, todo lo maneja Carlos Fidalgo con la maestría del escritor que se siente creador y aliado de sus personajes. Elguin, Lennox, Bill Savage, Atkinson, Bradford, Rawlison … van tejiendo un texto que de la angustia lleva a incierta esperanza.

La mujer que flota en el mar, una luz blanca que surge inesperada, la silueta de una dama de blanco en medio de la oscuridad:¿sueño, deseo o alucinación?

Portada del libro

Portada del libro “La sombra blanca”.

El texto que nos entrega el autor es preciso y nuclear: cada palabra es fundamental, incide en lo necesario, huye de lo superfluo.

Desde Argyll a Glasgow adiestramiento y tren hasta embarcar para el salto al continente. “Y ¿cómo será Francia?” se pregunta un recluta novato. Atrás quedan rebaños, la campiña, las fábricas y un rey. ¡¡Dios salve al rey!!, gritan los oficiales. Para la tropa no es necesaria la salvación o, tal vez, no la merezcan.

A pesar de todo, queda espacio en el texto para lo real maravilloso: remolinos de pétalos, nube de amapolas, perros que “muerden al aire y ladran al cielo dando bocados hasta hincarle los dientes a la tarde”. Metáforas de vida amarga, pero .. ¡¡vida!!

 

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