Cuatro microficciones de Antonio Toribios

Portada del libro.

Portada del libro.

Publicamos cuatro de los microrrelatos incluidos en el último libro del leonés ANTONIO TORIBIOS, “Juegos de artificio”, recién publicado por el sello leonés CamparredOnda e ilustrado por fotografías de María Gómez.

TIEMPOS DIFÍCILES

Estaba el señor K desayunando cuando llamaron a la puerta. Eran los del juzgado que venían a desahuciarle. “Diantre –dijo K–, vaya manera de empezar el día”.

UNA NOTA DE EMMA

“…Aquel sería el primer gesto maternal consciente que recuerdo. Luego vinieron otros, como arroparte cuando me levantaba antes que tú para calentar el desayuno, o besarte en la frente cuando te encontraba sentado frente a la chimenea. Tú me mirabas con la ternura de los inocentes y adoptabas un cierto aire bovino, Charles, eso es lo que más me socavaba las entrañas. No es que yo sea una mala mujer, te pido por favor que no lo pienses. Me voy. No es nada personal. Solo es que no quiero convertirme en la patética protagonista de una novela de costumbres”.

NO TE FÍES DE LOS PRESOCRÁTICOS

Antes de que los bombardeos acabasen con él, era una llama viva en medio de las tinieblas de aquel infierno. Aunque, desde la muerte de Biljana, el anciano Mirsad se negaba a bajar a los atestados y hediondos refugios cuando sonaban las sirenas. Solo el estudio de los clásicos deparaba cierto alivio a su espíritu. Así que permanecía en su cuarto con varias velas encendidas mientras la ciudad se convertía en un dédalo infernal de carreras sin destino. Cuando sintió llegar el obús se puso de inmediato bajo la advocación de Zenón de Elea, pero aún así, sorprendentemente, el proyectil llegó a su meta.

MONOSABIO

—¡Orden en la sala!

El magistrado hacía tronar su voz, a la vez que golpeaba impetuosamente con el mazo, provocando cierto oleaje en las adiposidades de la sotabarba.

Yo, pobre pardillo, me sentía uno de aquellos cristianos primitivos momentos antes de saltar a la arena. Tenía que ser hoy precisamente el día de mi debut como abogado. Hoy, con un caso que mantenía crispado al público hasta el punto de que el juzgado entero no parecía sino una maqueta a punto de ser destrozada por un mono gigante.

—Mono, tu padre —dijo el acusado, como si estuviera al tanto del discurso de mi pensamiento.

Aquello ya me sobrepasó del todo.

“Estado de ansiedad inducido con episodios de autosugestión”, es lo que puso mi médico en el informe.

Pero el enorme gorila sigue sin irse. A veces se sienta a mi lado y me lee bajito La condena de Kafka.

Una de las fotografías del libro.

Una de las fotografías de María Gómez que ilustran el nuevo libro de Antonio Toribios.

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