Japón, donde los deseos se esconden

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A primeros de junio, la profesora Juana G. Linares y la fotógrafa Ana Escalera emprendieron rumbo a Japón para aproximarse a sus culturas. Una de sus primeras percepciones fue darse cuenta del profundo e inevitable choque de contrastes. En su crónica viajera constatan el amor que los japoneses profesan a los bosques, mientras se les educa para la contención emocional en público; combinan tradición y vanguardias; cultivan el silencio, el respeto, la discreción en el orden y el refinamiento en diferentes situaciones. La autonomía es otra de sus convicciones.

Texto: JUANA G. LINARES
Fotografías: ANA ESCALERA y JUANA G. LINARES

Del violeta de las nubes
Al morado de los iris
Se dirige mi pensamiento

Chiyo-Ni (Kaga No Chiyo. 1703-1775),
escritora japonesa.

Los viajes moldean nuestro espíritu, dejan huellas en nuestra vida y nos enriquecen al descubrir nuevos matices, nuevas percepciones del mundo, nuevas relaciones con el entorno, y nos hacen más humildes, más tolerantes, más humanos.

Pero es necesario abrir los ojos y el corazón a la aventura, aligerar todo lo posible la mochila y someterse a un tiempo de adaptación antes de sumergirnos en la nueva cultura.

Viajamos a Japón a inicios de junio de 2016; en total 27 horas de viaje, con escala en Estambul, nos transportan al otro lado del planeta en poco tiempo para conseguir esa adaptación, si lo comparamos con los largos años de los viajeros históricos. Las ocho horas de espera en Estambul dieron sentido a esas frases escolares “Estambul, Bizancio, Constantinopla, cruce de caminos, de culturas, de lenguas…“. Sin salir del aeropuerto, solo deambulando entre las dos terminales, local e internacional, nos dimos cuenta de la enorme densidad y variedad de población que se movía ante nuestros ojos: ropas monocromáticas o de colores variopintos en las mujeres, distintas maneras de cubrirse la cabeza o el cuerpo; grupos de hombres ejecutivos europeos o asiáticos, nórdicos, o musulmanes. Personas de todas las razas, unas esperando entretenidas con sus móviles, otras dormitando tumbadas en las salas de espera, otras circulando ante nosotros, y alguna haciendo Taichi para sobrellevar la espera. Mujeres musulmanas con diversas vestimentas siguiendo un hombre y encargadas de los niños, carritos eléctricos trasladando a personas mayores hasta las lejanas terminales…mientras por los enormes ventanales se puede seguir el hipnotizador tráfico de aviones a una media de uno cada tres minutos, y todo el proceso de carga y descarga de equipajes, combustibles, pasajeros.

Por fin embarcamos para Osaka y tras 12 horas de múltiples entretenimientos, películas, juegos, comida y seguimiento por la ventanilla del paisaje que se desliza va bajo el avión, llegamos al aeropuerto internacional de Kansai en Osaka. Aterrizar un Airbus 330/ 200 de casi 200 toneladas y con 250 pasajeros en una isla artificial en la bahía de Osaka sobrecoge al más pintado. Según nuestra guía, (Masako), este aeropuerto se construyó aquí para evitar el ruido a las poblaciones vecinas. Un país que planifica sus construcciones teniendo en cuenta el impacto ambiental nos da idea de su nivel de desarrollo. Por eso las autopistas están flanqueadas por altos paneles de protección acústica y muestran periódicamente señales de bebé durmiendo, para recordar no hacer ruidos innecesarios.

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Japón es un festín para los sentidos. En este primer acercamiento nos sorprende la armonía entre el paisaje y las construcciones de templos; viviendas y rascacielos; bosques y cultivos de arroz; respeto de las normas sociales, educación, cuidado del entorno, silencios, limpieza, sensibilidad y refinamiento en la comida. Puede sonar a tópico, y probablemente lo sea, dado que nuestro acercamiento a esta cultura es selectivo, somero y superficial. Hablamos de impresiones y percepciones recibidas en apenas 12 días.

La primera sensación es la de un país armonioso y culto. Un país que fue destrozado en la Segunda Guerra Mundial ha conseguido reconstruir todo su patrimonio y ponerse a la cabeza de los países más desarrollados en poco más de 50 años. Ello no es posible sin el fuerte sentimiento colectivo del pueblo japonés que se considera como un elemento fundamental de todo este país. Por ello no encontraremos ni una pintada, ni un papel en el suelo, ni un basurero, ni un bosque abandonado, ni un baño sucio. Japón tiene 377.835 kilómetros cuadrados repartidos en 6.852 islas. El 84% del territorio es zona montañosa, situada en el Círculo de Fuego del Pacífico, por lo que la actividad volcánica y los terremotos son muy frecuentes. El 14% está destinado a la agricultura y la ganadería, el 66% a los bosques y solo el 25% es llano, donde se concentra la población de 127 millones de habitantes con una densidad de 336 habitantes por kilómetro cuadrado (España tiene 94 habitantes por kilómetro cuadrado)

El shintoísmo es una religión animista y politeísta seguida por más de la mitad de la población y coexiste con el budismo incluso en la misma persona. Se calculan más de 100,000 santuarios: los espíritus o “Kamis” pueblan todas todo el país En cada elemento de la naturaleza existe un espíritu, un kami. El más importante de todos es la diosa del sol Amaterasu, (curioso, para ellos el sol es una diosa). Tal vez la necesidad de proteger las tierras de cultivo frenando la erosión para mantener la producción de arroz y de madera para sus construcciones favorecería la presencia y el desarrollo de la religion shintoista, para la que la naturaleza es todo un templo sagrado lleno de espíritus de dioses sobre el que reina Amaterasu, la diosa del sol.

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El amor a la naturaleza se fomenta desde la infancia y las escuelas realizan múltiples visitas a los bosques para estudiar la fauna y la flora. Japón fue consciente del valor de sus bosques para la sostenibilidad de su vida y ello ha permitido aumentar la densidad de población y el nivel de riqueza encontrando ese equilibrio entre naturaleza y explotación agraria único en el mundo. Por ello encontramos todas las montañas repobladas con cedro y ciprés japonés valiosas por sus maderas desde el siglo XVII, amén de toda variedad de coníferas, morera, alcanfor y el maravilloso bambú, presente en toda la vida cotidiana de múltiples formas.

El otro gran recurso económico de Japón está en el mar, fuente básica de su alimentación. Tema aparte sería la explotación masiva de los recursos de otros países para alimentar a su población. La variedad de árboles en los parques produce una relajación de ensueño: arces, Ginkos, hayas, cerezos, ciruelos, glicinias… no pudimos verlos en su pleno esplendor con sus flores. Japón ha desarrollado toda una nueva medicina: el Shinrin-yoku, o medicina del bosque, para tratar el estrés y la depresión.

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El bosque rodea las poblaciones por pequeñas que sean, como abrazándolas, y el paso de las estaciones ofrece un espectáculo multicolor que no puede hacer otra cosa que calmar el espíritu. Y en las ciudades son los parques, dispersos y a cuál más hermoso, los que sirven de consuelo a un ser humano inmerso en la cotidiana lucha por la vida, con sus templos shintoistas o budistas abiertos a la meditación y al recogimiento individual. El cuidado de los árboles en los parques y recintos de los templos emociona y despierta en nosotros sensaciones desconocidas: ternura por esa rama que se dobla peligrosamente y tal vez termine rota por el peso de la nieve del invierno.

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Para que ello no ocurra está convenientemente apuntalada para soportar el peso de sus años. Son muchos los árboles “apuntalados” y da la impresión de ser el “bosque de los inválidos”.

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El paisajismo nació aquí, fruto de ese espíritu zen para proporcionar la serenidad al espíritu con la creación de jardines armoniosos con piedras, árboles, agua y flores,

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o con arena y rocas, como el bellísimo jardín seco del templo de Ryoanji.

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Por eso desarrollaron el arte de los bonsáis que pueblan las puertas o patios de las casas, combinados con piedras y que recuerdan figuras o animales protectores, como si fueran minúsculos bosques o jardines.

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La población se desplaza en masa a los parques para disfrutar del domingo, y muchos colegios programan visitas escolares en grupos de 4 en 4, conducidos y aleccionados por el taxista que los ha llevado hasta allí, que son las fuerzas vivas de la transmisión cultural de Japón y del amor a la naturaleza.

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En Kioto, paseando por el barrio de Gion, aún pueden verse alumnas de gheisa que pasan presurosas camino de la escuela donde son aleccionadas por una antigua gheisa encargada de su formación. Al parecer es una profesión que está en alza hoy en día y muy estimada por la población.

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Pero Japón combina la tradición con la modernidad y está a la vanguardia de la tecnología y la investigación. La ciudad de Tokio sintetiza a la perfección esa fusión. Llegamos a la capital en el “Shinkansen” o tren bala, tren inaugurado en 1964 que alcanza los 320 Km/h, de una red de más de 3000 km por todo el país. En 2013 alcanzó la cifra de diez mil millones de pasajeros!!! Cada tres minutos pasa uno de estos trenes que solo se detienen un minuto en la estación.

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Los pasajeros, se disponen ordenadamente en dos filas a ambos lados de las puertas y dejan salir a los que llegan antes de entrar con una precisión milimétrica. A continuación el tren desaparece con una aceleración que convierte la sucesión de las ventanas en una línea fugaz. Ahora entiendo aquello de que Japón funcionaba como una bicicleta siempre en movimiento. Si se para se cae todo el sistema. Pero ¿qué pasa con aquellas personas que no llegan a tiempo a coger el tren o a mantener el ritmo de la bicicleta?, son los desahuciados del sistema, los que sobreviven con dos o tres trabajos, los que viven en las calles, o en cibercafés (son los trabajadores desechables), o en los soportales del ayuntamiento de Tokio.

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El grupo humano que sale y entra en las estaciones de tren o de metro se mueve a un mismo ritmo y a pesar de la proximidad van incomunicados, concentrados en sus móviles

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o aprovechando los trayectos de metro para dormitar en las posiciones más inverosímiles.

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La inmensa mayoría van solos, en silencio y con los colores blancos de las camisas impolutas y los pantalones grises o negros.

A veces algún escolar con su mochila y su botella de agua aparece solo entre las masas, dirigiéndose a su escuela.

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Al parecer los escolares deben ir solos a la escuela a partir de los cinco años; solo se les permite acompañarles durante el primer mes para que aprendan el camino. Objetivo. Hacerles independientes y fuertes para la vida que les aguarda. Los signos de afectividad, abrazos, besos, roces están mal vistos en público, aunque la alegría de ver a alguien les invada tras ver a un ser querido jamás se abrazan o besan; muestran su respeto con múltiples reverencias y frases de agradecimiento.

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En cambio los jóvenes ya son hijos de la globalización, cuando van en grupos son ruidosos, espontáneos, risueños, coloristas, se abrazan y juegan.

Vimos muchos grupos de escolares que se identificaban con el color de sus gorras recorriendo los templos, con sus cuadernos de clase de manera más distendida que los mayores. La pasión por las fotos es consustancial al pueblo japonés: se dejan fotografiar y se prestan a ello constantemente.

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Tokio es el paraíso de los arquitectos. Edificios que desafían los terremotos, los tifones y los monzones, pueblan las amplias avenidas surcadas por trenes, autopistas y pasos elevados.

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Mención especial merece el refinamiento de la cocina japonesa: como si jugáramos a las casitas, la comida es un juego a descubrir distintos sabores y texturas de auténticas obras de arte:

En la misma ciudad encontramos la Torre de Tokio al lado de un cementerio, contrastan el bullicio de la oferta de ocio y comercio de la torre con su derroche de neones que iluminan la noche de la ciudad con la calma y el sosiego que se respira entre estas tumbas tan particulares al otro lado de la calle.

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Templos budistas y sintoístas

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Al lado de paraísos para consumidores de moda, tecnología y entretenimientos varios

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El barrio de Ginza, las tiendas de modas y joyas más caras

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La estación y el cruce de Shibuya, barrio de jóvenes y adolescentes con grande almacenes de todo tipo.

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Pero Tokio encierra mucho más: museos de la cultura tradicional y de manga y anime, cafeterías y bares de toda fauna, incluidos aquellos donde puedes pagar para acariciar gatos por horas, o grandes salas de juego donde ahogar la soledad, o superar la incomunicación… Extremos de una sociedad educada para la contención emocional y la superación personal, al tiempo que deben servir a la comunidad de la que forman parte y sin la cual no podrían sobrevivir.

Sentimos que debemos volver para profundizar más en esta cultura tan lejana y que nos ha llegado directamente a nuestra forma de sentir.

 

  1. Muy buen trabajo!!! Se nota la profesionalidad de las autoras. Enhorabuena!!!

  2. Salud Perez Colome

    Una crónica maravillosa, toda una experiencia…… Te entran unas ganas terribles de visitar ese lugar y compartir esa cultura milenaria a la vez que moderna.

  3. Mª Angeles Escalera

    Maravillosa experiencia. Enhorabuena a las autoras de este reportaje

  4. Tadeo García P.

    ¡¡Estupendo!! Buena inmersión en ese lejano y para mí, fascinante país (envidiado también, por contraste)

  5. María José Pérez

    Muchísimas gracias profesora por compartir con nosotros tu saber,viajes emociones ,sentimientos.Una amiga muy agradecida

  6. Magdalena Blanco

    Un resumen extraordinario. Estoy encantada de haber compartido con vosotras este fantástico viaje.
    Magdalena Blanco

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