“La gente de mi barrio”. Fotografías de Ana Escalera

En ocasiones, los fotógrafos orientan su oficio a recoger con su cámara paraísos lejanos, tribus no contaminadas por la civilización o líderes mundiales que deciden nuestro destino. Ana Escalera prefirió fijarse en quienes viven cerca de su casa. Quiso fotografiar a sus vecinos no por sus apellidos ni por tener sino por ser, por estar a su lado durante tantas horas al día. “La gente de mi barrio” es el título de un trabajo gráfico que, como ella o el dueño de la tienda, se pierden entre el bullicio de la calle. Así encontramos el peluquero, al músico jubilado, al carbonero, a la librera italiana, al lutier, al argentino que enmarca cuadros… Hasta 70 rostros que han recuperado su dignidad. Las fotos solo las expuso una vez, cerca de sus quehaceres. Luego se las regaló a cada uno de los protagonistas de esta historia mágica.

Por JUANA G. LINARES

Ana Escalera, fotógrafa de profesión, llega a Sevilla hace unos siete años a las inmediaciones de la calle Feria. Elige vivir en esta zona por el aire de pueblo de sus casas y tiendas. Le gusta pasear por sus calles estrechas que se resisten a cambiar su trazado de siglos; le gusta el rumor bullicioso del mercado, del “jueves”, de la Alameda…; y lo que más le fascina es la variedad de rostros que circulan con total libertad por la zona. Pero echa de menos la conversación, el saludo cordial, el contacto humano al que estaba acostumbrada hasta entonces. Es consciente de que eso se consigue con el tiempo y la constancia.

Y entonces una idea iluminó su mente: hacer lo que ella sabe hacer como nadie: RETRATAR a las personas que viven a su alrededor y dejar así constancia de su paso, de su trabajo en el barrio. No tuvo que esperar mucho. Un buen día entabló conversación con un rostro amable y le pidió una pose. Al principio, la sorpresa: “¿por qué yo?”, “¿para qué?”. No estamos acostumbrados a sentirnos protagonistas observados por los demás. Pero Ana transmite una serenidad y una confianza que conquista a cualquiera. Tras esa pose vino otra, y otra, y otra… Después de dos años su colección era muy significativa: personas nacidas en el barrio y que continúan el trabajo de toda de su familia, como es el caso de Luis, el de la carbonería, o Tomás el de la mercería, o Melado, el peluquero, o Juanma el de los pollos. O la peluquería de Mariló, con el sabor de los años setenta, punto de reunión de amigas que ahorran dinero todo el año para alquilar un coche de caballos e ir juntas un día a la feria de Sevilla como unas señoras. O el grupo de hombres de la casa de acogida “Los Bienaventurados” de la calle Feria. O tenderos y tenderas del mercado y tiendas vecinas: Juan, Alonso, Antonio, Reyes, Raquel, David, Rocío… Así como un grupo de vecinos que llevan ya en el barrio más de veinte años y que realizan actividades muy diversas: Osi y el yoga, Miguel y sus tiendas de productos de la India, Juan el del Gastor y su guitarra flamenca, Esperanza y su librería “El gusanito Lector”. Extranjeros que encontraron en el barrio las medidas de sus ideales: un espacio a mitad de camino entre ciudad y pueblo donde aún persisten las relaciones humanas, como el argentino Marcelo y sus marcos; el uruguayo Joaquín y su clínica dental; el norteamericano músico de la sinfónica jubilado, Jimy y su madre Evelyn; la italiana Annamaría, de “El viajero sedentario”, ocupada en el rescate y cuidado de los galgos abandonados… Y muchas personas jóvenes que derrochan su energía en talleres de pintura, de masajes, salas de flamenco, luthiers de guitarras, o en la hostelería, impregnando los alrededores de La Alameda de vida. Y así hasta más de setenta rostros a los que Ana Escalera ha conseguido presentar en un gesto de serenidad y alegría por la vida.

Tras dos años de trabajo ha llenado el patio del Centro Cívico Las Sirenas de Sevilla con estos rostros anónimos y los ha convertido en protagonistas y a la vez espectadores de una obra colectiva en la que han descubierto su propia dignidad.

Muchas de estas personas no habían entrado nunca en este espacio de cultura y el día de la inauguración fue muy emotivo al comprobar las reacciones ante sus fotos, que no conocían, y las de sus vecinas y vecinos con los que tal vez no habían cruzado una palabra. Se había producido la magia: se había recuperado ese sentimiento de pertenencia a un barrio común que hacía tiempo se había diluido.

Y había sido obra de Ana, una forastera que llegó al barrio hace poco tiempo pero a la que ahora saludan agradecidos cuando se la cruzan por la calle.

Ana Pitacasso. © Fotografía: Ana Escalera.

Ana Pitacasso. © Fotografía: Ana Escalera.

  1. Rafael Escalera

    Como hermano me siento orgulloso de la calidad de persona que es Ana, no me extraña nada lo que ha hecho en el barrio , el cariño que habrá derrochado, la sonrisa y paz que transmite. Su trabajo espectacular, como todo lo que hace, desde aquí le doy un gran abrazo

  2. Tadeo García

    Enhorabuena a Ana por ese bonito trabajo y la profesionalidad que evidencia. No en vano pertenece a una reconocida y apreciada casta de fotógrafos en Llerena, su ciudad de origen (y la mía).

  3. Carmen Cervera

    Fui desde Cádiz expresamente a ver la exposición y quedé encantada, me pareció un trabajo fantástico como todo lo que he visto de Ana. Gracias por hacernos partícipe.

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