Fotografías de Carmen Coque, marc GreenBase y Olga Orallo en el colegio marista San José

Los fotógrafos en la sala de exposiciones, con los alumnos del colegio.

Los fotógrafos en la sala de exposiciones, con los alumnos del colegio.

El martes 14 de febrero se clausura la exposición “Cuatro días” de los fotógrafos Carmen Coque, marc GreenBase y Olga Orallo en la Galería Didáctica del colegio marista San José (León).

La exposición se podrá contemplar también, a partir del 17 de febrero, en la galería Cinabrio (C/ Gran Capitán 11, San Andrés del Rabanedo, León).

Los tres fotógrafos explican, en este texto, el objetivo de la exposición y su elección de las imágenes:

Con las fotografías que componen esta exposición tratamos de representar de una manera gráfica la expresión popular “La vida son cuatro días”. Cuando nació la idea pensábamos hacerlo a través de cuatro retratos, uno para cada una de las cuatro etapas de la vida, pero a medida que el proyecto iba madurando decidimos incorporar una quinta foto que representara el final de ciclo. Con esa idea nos fuimos a fotografiar cementerios, en busca de ese quinto retrato que completara nuestra exposición. Un retrato del que fue niño, fue joven, fue maduro, fue viejo y… ya no es.

Todas las imágenes son en blanco y negro, y eso es algo que tuvimos claro desde el primer momento porque nuestra intención era priorizar la dureza de la vejez y la muerte sobre la dulzura de la infancia y la juventud. En este contexto, el color en lugar de aportar información lo que haría es distraer al observador de lo fundamental de cada imagen.

Como podrá comprobar el espectador que se acerque a ver la exposición, cada uno de nosotros muestra estas cuatro etapas de un modo diferente. Ese comparar puntos de vista entre compañeros es lo que nos motivó a exponer de manera conjunta y no individual, pensábamos que era enriquecedor que cada uno mostrara su punto de vista y a la vez nos permitía jugar con la idea de que al cerrarse un ciclo siempre se inicia uno nuevo.

También nos pareció importante combinar imagen y palabra. Por ese motivo nos pusimos en contacto con tres escritoras –Reina Canalla, Charo de la Fuente y Mar Mirantes– para que expresaran en forma de poesía lo que nosotros como fotógrafos habíamos tratado de expresar a través de la imagen.

Cada uno de nosotros tiene diferentes motivos para haber elegido los retratos que componen esta exposición, y no otros, como representantes de cada etapa. A continuación pasamos a comentarlos individualmente:

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Carmen Coque

Para Carmen Coque la fotografía es una forma “de ser, de estar”. Poder alcanzar y dominar la capacidad de contar historias de vida con sensibilidad utilizando para ello el principal instrumento del fotógrafo, los ojos, es un objetivo a alcanzar.

Siempre ha pensado que las limitaciones que pueden existir en las imágenes habiten también en ella, ya que, ¿no somos lo que vemos? Leyendo y escuchando a los grandes maestros de este arte, ha aprendido que el diálogo interior tiene que preceder a todas y cada una de las imágenes, es por eso que le resulta difícil explicar el por qué de ellas aunque recuerda, perfectamente, dónde, cuándo y lo que sintió al “encerrarlas”. Simplemente, ¡apasionante!

¿Por qué el blanco y negro? Porque la vida, para ella, se viste de esta manera adornando cada momento, bueno o malo. Nunca se pregunta el motivo de cada escena, estaba allí esperándola, como esas señales que la vida te manda. Una de ellas, un día, le señaló el nuevo camino a recorrer, y esta vez, con una cámara al cuello.

Algún día  llegará “ese momento” en el que nuestros ojos se vuelvan a llenar de todas y cada una de las visiones que nos han perseguido o acompañado día a día y que de nuestras bocas broten palabras de agradecimiento en un intento de despedirnos, de la forma más bella, de esta vida. “Ese día”, ella tendrá que recordar a muchas personas, y entre ellas estarán el hombre azabache, ella, un viejo columpio y el lugar donde descansan aquellos con los que espera reencontrarse.

Esta exposición, para Carmen, representa un regalo para todos esos artistas que la han acompañado, guiado, enseñado y alentado. Gracias a ellos hace realidad un sueño. Gracias.

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marc GreenBase

Para representar la infancia opté por la imagen de un niño tomando un helado en una tarde de verano, quizás porque son recuerdos que a todos nos han quedado grabados. Elegí el contraluz por dos motivos, porque al mantener el rostro en la sombra cualquier persona que contemple la imagen se identificará fácilmente con el niño, y además se consigue mantener el anonimato del menor.

Con un chico con la cara tatuada, lleno de piercings y con dilatadores en las orejas quise representar la juventud, porque me parece que el espíritu rebelde y con ese punto de locura es lo más característico de esta etapa.

Como tercera imagen elegí un hombre maduro, también tatuado porque enlazaba muy bien con la fotografía anterior. Pero en este caso uno de los tatuajes representa varios nombres, probablemente los de sus hijos, lo que nos da idea de que la familia pasa a ser una prioridad de esta etapa, algo que obliga a sentar la cabeza.

Para representar la vejez opté por un retrato de un hombre no demasiado mayor, y elegí esta imagen por la expresión que muestra, de asombro o sorpresa, con la boca entreabierta. Supongo que esa sorpresa es la que todos nos llevaremos un día cuando al mirarnos en el espejo comprobemos que hemos dejado la madurez atrás y hemos empezado la última etapa.

Finalmente, como quinto retrato, para representar al que ya no es, elegí una cruz antigua en un día de invierno en el que se escapaban copos de nieve. Con esa sensación de frío, que todos asociamos a la muerte, y con la imagen altamente contrastada en la que destaca la silueta de la cruz, nuevamente a contraluz, trato de que el espectador vuelva a sentirse identificado y contemple la imagen como un fotograma de su propio futuro.

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Olga Orallo

Para  la Primera etapa, La Infancia, me incliné por una fotografía, realizada en Kuchumatán (México) verano del 2016, que representa la imagen de ocho niñas, de corta edad, que protagonizan el destello de la etapa más feliz, la protección, la ausencia de la responsabilidad, el juego, la alegría, la diversión etc…

Nos elevamos al siguiente nivel la juventud, divino tesoro, me decanté por una imagen, tomada en La Habana (Cuba) verano del 2014, callejeando y sin pasar nada a mi alrededor desapercibido, me llamó la atención un grupo de adolescentes, que salían de sus clases de ballet, sus rostros reflejaban que estaban preparadas para entrar en una etapa madura, sin perder su estado de inocencia que les caracterizó años atrás.

Tercer nivel, opté porun retrato de un hombre cubano, y avanzada edad, me acerqué a este hombre porque su figura revelaba quietud, sosiego, pasividad, sin preocupaciones, observé, sus manos curtidas, reflejo de su ciclo vital.

Llegamos al final, para la Quinta Etapa, la muerte, la inexistencia, el recuerdo de los muertos que permanecen en la memoria de los que aún seguimos vivos, escogí la imagen de un cementerio judío, ubicado en Krakovia (Polonia), un lugar vacío, escalofriante, tétrico, lápidas apiladas unas encima de otras (me siento varios minutos en el suelo, observando y reflexionando durante un largo tiempo, que no todo ha concluido, nuestra mente no lo ve).

...

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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