El placer de educar con la música

Taller de música en el colegio de Tordesillas.

Taller de música en el Ceip Pedro I, de Tordesillas (Valladolid).

Los niños se emocionan con la música, se entusiasman con una canción, desarrollan su creatividad con un baile. Es la experiencia vivida en un Taller de Música impartido por profesionales en un colegio de Tordesilllas (Valladolid). Aunque en España es una actividad poco utilizada en el sistema educativo, los especialistas hablan de que la música mejora las capacidades de autoestima del niño, despierta sus emociones, enseña a escuchar y a coordinar sus movimientos, a respetarse y a comunicarse mejor.

Por ISAAC MACHO

El “teatrillo” del Colegio de Educación Infantil y Primaria (Ceip) Pedro I, de Tordesillas (Valladolid) está vacío, con las sillas apiladas al final de la sala. Un grupo de 19 niños y niñas de cinco años esperan con impaciencia qué sucederá a partir de las 11, momento en el que van a asistir a un taller de música.

Marta García, la profesora, les ha traído ordenadamente hasta la puerta, pero esta mañana les ha notado inusualmente inquietos. “Los niños estaban con mucha curiosidad por saber cómo sería el taller que iban a hacer gracias a su compañero Adrián” (ganador del premio infantil del II Festival Solidario de Tarjetas de Navidad que conllevaba este taller de música para todos los compañeros de su clase). “Yo, la verdad, poco pude explicarles” –continúa la maestra– “pues para mí también era una sorpresa pero sí que les dije que seguro que bailaríamos, cantaríamos y que nos divertiríamos un montón”.

Salen a recibirles cantando, fuera de la sala, los músicos Katrina Penman y Jorge Bombín. Ante la sorpresa de los pequeños, les van invitando a pasar a este espacio sagrado de las emociones. Se sientan en semicírculo para que ellos y los músicos puedan verse y seguir de primera mano la evolución del taller.

Lo primero, la presentación de los músicos: “yo soy Katrina”, “yo Jorge”, “yo me llamo Julio…” que pertenecen a los grupos Los Veteranos de las Galias y La Cajita de Música. A continuación sugieren a los peques que digan también sus nombres: Jorge, Marina, Adrián… hasta la veintena.

Durante la función nadie pronunciará una palabra, excepto alguna exclamación espontánea que se escape. El hilo conductor de todas las conversaciones será a través de las melodías, la danza, la mímica, los gestos, o el movimiento de los objetos…

El acordeonista, Julio Oviedo, fundador de Los Veteranos de las Galias, sentado en la tarima del escenario, vestido con un kilt (falda escocesa-irlandesa-gallega de la cultura celta) y camisa blanca, acaricia el acordeón para acompañar al coro de actores. Abre el baile Carolans Welcome, un vals tradicional irlandés.

Comienza la función. Niños y niñas siguen los ritmos, los tonos y la frecuencia que marcan los artistas.

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“La música es fundamental en los colegios, permite grandes avances en los niños porque entra en acción su desarrollo cognitivo, psicomotor y socioafectivo, incluso y especialmente, para los niños discapacitados en los centros de integración terapéutica”, avanza Oviedo que cuenta con dilatada experiencia en este campo.

Para hablar de la importancia de la música, dice, “solo tenemos que  tener en cuenta que las canciones son lo último que olvidamos”.

Sobre las bondades del ritmo y las melodías, este profesional de Los Veteranos de las Galias, entre otras formaciones, apunta también que “las emociones forman parte muy destacada del aprendizaje, es justamente lo que queda en la memoria hasta el punto de que transforma nuestro cerebro haciéndonos personas más armónicas, más rítmicas”.

Julio Oviedo menciona al profesor y neurólogo Jordi Montero en su libro Permiso para quejarse quien escribe que nos movemos por emociones y que estas “son la base de nuestro cerebro”. Junto a esta modalidad artística sobresale igualmente el baile, otra de las actividades que realizan durante la sesión del taller de música. “El baile es la materialización de la música –sentencia– porque genera unas vibraciones de gran intensidad interior “.

Los niños dan vueltas, se cogen de la mano, saltan, se agachan, ríen, bailan… Así sucede con La danza del oso, con sus melodías melancólicas celtas que trasladan a los protagonistas a otras épocas de castillos encantados o hadas… Luego llegará La polka de Ryan, de profundo acento irlandés.

La profesora trae a la memoria los momentos previos al inicio del taller donde “la mayoría de los niños estaban muy contentos pero lo que no les gustaba mucho era bailar y dudaban un poco, aunque cuando llegó la hora de participar todos bailaron un montón, incluso los que no querían. Y los juegos de ritmo les gustaron mucho”.

Otra de las componentes de Los Veteranos de las Galias y también de La Cajita de Música, Katrina Penman, insiste en que la danza y la música “invitan a la convivencia, a hacer cosas juntos, facilitan el ritmo, la psicomotricidad, la vida social y los peques aprenden a tener respeto a los compañeros y a ellos mismos, incluso pedir silencio es un acto de prudencia, reflexión, solidaridad, hasta puedo estar en silencio para percibir lo que pasa a mi alrededor”.

También Jorge Bombín, colaborador de Los Veteranos de las Galias, entiende que “cuando un grupo de niños y niñas está escuchando o participando del juego de la música consigue una atmósfera de dicha, de disfrute junto a gente que quiere, difícil de definir, realmente enriquecedor”.

“Estamos convencidos de que estos talleres fomentan mucho la autoestima, y lo hacen de forma muy cuidadosa ya que consiguen algo nuevo, distinto, que propicia que los propios niños se sientan bien”, asegura Penman.

Los pequeños espectadores mueven las manos con pañuelos de colores, manejan objetos, dan palmadas, golpean la pierna, interactúan, se sientan, juegan, escuchan… Luego llegan piezas como La mazorka de SommyIrish washewoman y, para terminar, la música pegajosa que anima a los integrantes del Carnaval de Lanz (Navarra).

Música como sinónimo de participación, una de las claves de esta actividad cargada de movimiento, emociones e imaginación. “La música, con todas sus variantes, logra lo que es muy difícil que consiga un profesor dando clase, la unanimidad de todos los alumnos a la hora de asociarse, algo que hemos notado, incluso, entre los alumnos discapacitados”, recalca Bombín, quien alarga el aprendizaje hasta  los propios profesionales que imparten el taller: “nosotros también aprendemos de ellos”.

“Un niño pequeño es un intento de comunicación constantemente y en esa tentativa adquiere respuestas sobre cada uno, por eso es algo muy importante que participe él, que participemos todos”, aconseja el profesor. Y prosigue: “damos mucha importancia, pues, a la participación, independientemente, de si lo hace bien o no, aunque estamos convencidos de que al final logra hacerlo bien”.

Taller de música en el Ceip Pedro I, de Tordesillas (Valladolid).

Taller de música en el Ceip Pedro I, de Tordesillas (Valladolid).

Con más frecuencia de lo deseado, piensan estos profesionales, salvo los conservatorios y otros centros específicos de este tipo de enseñanza, el sistema educativo considera a la música como una optativa, cuando, a su entender, se trata de una materia imprescindible para mejorar las capacidades musicales innatas de los pequeños. Pero no solo en este campo.

El hecho de que en una actividad como esta del taller de música no se utilicen fichas o cuadernos de trabajo, no quiere decir que el niño no aprenda, no progrese, ya que como reitera Katrina Penman, “vemos cada día con meridiana claridad que enriquece a los pequeños, por ejemplo, en la autoestima, en el respeto, en su forma de relacionarse con los padres, en el aprendizaje para escuchar, en la coordinación de movimientos, en la creación en equipo…”.

Después de 45 minutos de sorpresa en sorpresa, de acción y juego ininterrumpidos, la insinuación de Katrina Penman y Jorge Bombín de que la actividad tocaba a su fin, hace saltar, como un resorte, a uno de los niños con una pregunta espontánea de quien disfruta con la celebración: “¿ya habéis terminado?”

Todavía quedaba tiempo para rodear y abrazar a los músicos, darles las gracias y hacerse la foto todos juntos. La euforia desatada entre los alumnos dejaba a los críos satisfechos y con ganas de pedir un bis imposible. Poco a poco van dejando el “teatrillo” mientras la profe daba instrucciones para regresar al aula, con orden, como vinieron.

Marta García, la maestra, reconstruye la escena de los niños de vuelta a clase, tras la sesión del taller de música: “estaban emocionados y se lo contaban a todas las personas que veían, fueran profes u otros niños. Creo que un ratito más de la actividad no les hubiera importado”.

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* Este Taller de Música es consecuencia del II Festival Solidario de Tarjetas de Navidad, organizado por la Fundación Segundo y Santiago Montes y la Asociación Zona Comercial Torrecilla. Los componentes de los grupos Los Veteranos de las Galias y La Cajita Mágica actuaron desinteresadamente.

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