Torito guapo

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Por LUIS GRAU LOBO

La televisión a menudo acoge fuegos fatuos, pero también suele convertirse en una suerte de pira funeraria. El verano, por ejemplo, comienza con dos retransmisiones de tono crepuscular: el Tour de Francia y los encierros de San Fermín. Ambos acontecimientos convocan mundos que agonizan. Por ese motivo, de ambos interesa cierta literatura elegíaca, lo que se dice de ellos a título póstumo. No siendo aficionados, disfrutamos con las necrologías que los glosan, con ese aire épico y algo montuno que los convierte en una odisea acontecida a las cinco de la tarde. Léxico que desconocemos y sentidos que se escapan en su plenitud componen, en boca de buenos narradores versados en el tema, la cualidad de un cantar de gesta. Pero no es suficiente, por supuesto. También gustan las crónicas bélicas o la novela negra.

Hace años que el ciclismo gestiona sus sombras y se cimenta sobre el firme resbaladizo y empinado de lo callado acerca de los triunfos de los titanes de antaño. Y las carreras callejeras de mozos y bóvidos, contra lo que pudiera parecer, certifican el declive inapelable de las corridas de toros. De hecho, vemos en el encierro todo lo contrario, la ocasión en que los posibles heridos participan voluntariamente.

La ‘fiesta nacional’ pertenece a una nación que se desvanece. Y sin embargo, hay quien se empeña en su defensa, incluso gastando dineros públicos. Argumentos como el de la tradición tienen la misma utilidad que un reproductor de cintas VHS. Las tradiciones cambian, mueren, desaparecen; y si no lo hacen a tiempo, se convierten en barbarie, zafiedad o estorbo. También se suele recurrir a citar las manifestaciones culturales que, desde antes de Minos hasta las rave parties de Paquirrín, ha propiciado la estética taurina. Esto es como pedir la vuelta de los martirios que relatan las hagiografías católicas. De poco sirve que guste (cada vez a menos) o que se dulcifique (como en Portugal). Y respecto al hecho de que el toro se críe para tal fin, y pueda desaparecer en caso contrario, eso solo revela un tipo de planteamiento hacia tan gallardo animal. Cientos de especies amenazadas e ‘inútiles’ demuestran que nadie pretendería tal cosa. Al fin, la ecuación, de tan simple, se resuelve pronto: infligir daño a un ser vivo hasta la muerte no puede ser un espectáculo. El debate concluye ahí. Ahora solo queda que concluyan la inercia, las pataletas, la airada y añeja pose de quienes no entienden el signo de los tiempos, el progreso de los hábitos y de la forma de pensar. Mientras tanto, puede seguir emocionando que ciertos tropeles corran de madrugada delante de toros y morlacos en las adoquinadas y curvas calles del casco viejo pamplonica, pero tal cosa será tan solo el último hálito de una práctica antaño lucida y excitante, ahora, sobre todo, indigna e indignante. Ya lo resumía El Fary, intelectual del ramo, con evidencias de peso: el torito guapo tiene botines y no va descalzo.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 22 de julio de 2017)

  1. Ignacio Fernández

    Salvo por la coincidencia en el tiempo, no entiendo el matrimonio entre el Tour y San Fermín. Ya puestos, podríamos celestinear cualquier otro acontecimiento estival y quedarnos tan anchos. Muy cogido por los pelos el asunto, me temo.

  2. Josedeleon

    Con todos mis respetos a mi amigo Luis…cuyos textos son siempre de altura…considero que el cuadro”identidad”…que ilustra su texto, no es el apropiado…ya que si bien el habla de esa España casposa de pandereta y tendido …o andanada…que no se resigna a evolucionar…mi obra está fuera del tiempo…es altamente mística por ser surreal….y trasciende a todas las etiquetas banales ..aunque tenga una imagen de lo que podíamos llamar un toro…Nada más…amigos!

  3. Bueno, José de León, asumo la crítica personalmente, ya que he sido yo quien ha ilustrado el texto de Luis Grau con una obra tuya, aprovechando que tienes una exposición en La Baña. Siempre he pensado, a la hora de ilustrar algo, que una imagen, una foto, un cuadro… pueden ser alusivos, no tienen por qué contar lo que ya cuenta el texto. Es más, hasta pueden contar otra cosa…
    En su blog, Luis ha ilustrado este texto con un grabado de Goya, así que ponemos a Goya y quitamos tu cuadro místico y surreal, devolviéndolo a su éter… Y como si no hubiera pasado nada…

  4. Luis

    Querido Ignacio, tienes toda la razón. El celestineo está muy cogido por los cuernos, me temo, aunque podría achacarlo al mes de julio, la carreras, el sprint en meta, su intensidad algo premeditada (recuerda que lo alío a los encierros, no a los toros)… En fin, que lío hay. Y a mí también me gustaba el ciclismo, antes de su vampirización. De todas formas, para seguir la coña, la liaison no es mía, sino picassiana :) Abrazos.
    Ps. al artista ya le contestó Elo. Gracias por ello.

  5. Pues de paso, y por alusiones, añadimos también la bicitoro de Picasso como ilustración, acompañando a Goya.

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