El rap vende más que el rock, ¿y qué?

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El rock es un universo distinto al rap. 

Por CARLOS DEL RIEGO

‘El hip hop y rythm & blues vendieron más que el rock el año pasado en Estados Unidos’, publicaba como gran noticia la revista New Musical Express hace unos días. Sin embargo, tal cosa no debería resultar tan llamativa por varias razones.

Que los géneros más fáciles de digerir sean los más fáciles de vender no debería sorprender a nadie, de hecho, en cómputos globales la música más simple siempre ha resultado más vendedora…, al menos en el corto plazo; por su parte, el rock venderá más o menos, pero siempre ha contado y contará con público fiel dispuesto a rascarse el bolsillo, siempre, y si los grupos del momento flojean, siempre están los clásicos. Por otro lado, el estudio del que habla dicha revista musical se refiere tanto a venta física como a descargas, cuando los compradores de rock siempre han preferido el soporte real, sobre todo en formato de vinilo; en este sentido no es despreciable el hecho de que el rap se consume muy mayoritariamente a través de Spotify y otras plataformas digitales. Asimismo, también hay que tener presente que los cantantes de rythm & blues a los que se refiere la noticia tienen poco o nada que ver con el sentido, las formas y las intenciones que ese género ha tendido desde que apareció, de manera que puede afirmarse que todo ello, todo lo que se dice r&b hoy, es pop comercialote, muy de usar y tirar, muy de consumo rápido (aunque, eso sí, tan válido y respetable como cualquier otro competidor en las listas).

También hay que tener en cuenta que, del mismo modo que una impresora 3D no es una impresora, el hip hop no es música (para que algo pueda llamarse música ha de poderse tararear, escribirse en una partitura o interpretarse de forma instrumental), es decir, el rapero no canta (sino recita) al igual que la impresora 3D no imprime (sino modela, construye); por ello su conexión con el rock (con la música en general) es exclusivamente mercantil: son competidores dentro de la industria del entretenimiento. Por lo demás, desde un punto de vista artístico, podría decirse que el hip hop es un mundo separado de la música en general, y especialmente del rock, por muchos años luz. En fin, que comparar el rock con el rap es como comparar una novela con el manual de instrucciones de la lavadora.

En realidad, hasta hace poco la música rock tenía una consideración específica, estaba un tanto apartada de los puestos altos de las listas de ventas, contaba con mucha menos repercusión radiofónica y apenas tenía presencia en el día a día del gran público; en otras palabras, el grupo y el comprador de rock sentían el encanto de lo clandestino (rebelde, libre, irreverente, independiente, ‘underground’). Hoy la cosa es distinta, y aunque las radiofórmulas sigan emitiendo más rap y/o regaetón que rock, a nadie le extraña ya atisbar una pieza heavy como sintonía de un anuncio, esperar en la cola del banco o hacer la compra en el súper mientras la música de ambiente la pone una banda de metal. Tal vez por eso hay quien ya ha puesto en el mismo saco la música rock y ese (muy respetable) recitado con soporte musical que llaman hip hop.

Y se puede ir un poco más allá si las cosas se ponen en perspectiva. Así, muchos, muchísimos discos que encajan perfectamente en lo que se entiende como rock clásico siguen vendiéndose en la actualidad; el caso más evidente es el de The Beatles, que casi todos los años están entre los artistas más vendidos a pesar del notable inconveniente de haber dejado de publicar hace casi medio siglo; y podrían citarse muchos más discos, muchos más artistas cuyas canciones, a pesar de pertenecer a otras épocas, no desentonan en la actualidad. Sin embargo, resultará muy difícil vender, radiar o escuchar  álbumes y títulos de rap con diez o veinte años.

Lo que resulta innegable es que en Estados Unidos, principalmente, quienes hacen hip hop y los/las cantantes de ese supuesto rythm & blues alcanzan los picos de ventas y gozan de mucha más fama y presencia en los medios que las estrellas del rock, aunque a esto también contribuye el hecho de que las estrellas del momento lucen mucho menos brillo que las supernovas de las eras doradas del rock; y es que no aparecen quienes tomen el relevo a los viejos dinosaurios. Y a ello se suma que los hip-hoperos y cantantes de presunto rythm trabajan mucho las redes sociales, buscan llamar la atención permanentemente, sobre todo con sexo, insultos o manifestaciones de cateto ignorante. Y los que se dedican al rock destinan más tiempo y ganas a la música que a la difusión personal.

Sea como sea, echar un vistazo a las listas de éxitos de Usa (el mercado más voluminoso) o de cualquier país con ventas significativas puede resulta más aterrador que la niña del exorcista. Lo bueno del asunto es que, más o menos, siempre ha sido así, de modo que ¿qué hay de noticia en una situación que, salvo excepciones, es la regla general?

La competencia entre los diversos sectores de la industria del entretenimiento es salvaje y cuenta con muchísimos rivales, por lo que tiene su lógica que el rock & roll tire menos del consumidor que antes. Pero eso no debe considerarse deshonor o derrota por parte de sus incondicionales, no es una situación nueva y, además, tal vez vuelva a sentirse el cosquilleo de disfrutar con aquello que no le gusta al sistema, a la industria, al comercio.

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