¿Para qué se escribe un diario?

Luis Marigómez (izquierda) y Avelino Fierro (derecha).

Reproducimos el texto que el escritor segoviano Luis Marigómez leyó el pasado miércoles 6 de junio de 2018, en el marco de la Feria del Libro de Valladolid, como presentación del libro “La vida a medias” (Eolas Ediciones) del escritor leonés Avelino Fierro. El acto tuvo lugar en la Sala Experimental “Fernando Urdiales” del Teatro Zorrilla.

Por LUIS MARIGÓMEZ

Hay casi tantas clases de diarios como de diaristas. Podría ser el género literario más abierto, más incluso que la novela, si no es una variante de esta. ¿Para qué se escribe un diario? Puede que para confesar pecados, para presumir de hazañas, para señalar acontecimientos importantes… La diferencia básica primera quizá esté en para quién se escribe. La mayoría de los diarios que escriben los adolescentes, que son los que más practican el género, son para ellos mismos, puede que para ratificar que existen en esa edad difícil. En principio, un diario es para uno mismo, y solo la perversión de la modernidad ha hecho que podamos leer los diarios de Kafka como si fueran otra obra literaria suya. Esa perversión está ya tan instalada que se escriben diarios para ser publicados, por ejemplo, los de Avelino Fierro. Eso hace que quizá el componente íntimo disminuya bastante y no nos vayamos a enterar de secretos que están bien guardados, por ahora. Pero hay una buena cantidad de valores, de tesoros, que encontrar en esos libros.

En este volumen, ‘La vida a medias’, el autor tiene a bien dar algunas pistas de sus para qué. «Para apurar este tiempo que calla y huye; para notar que los sueños se posan en mis ojos; para no sentir el miedo del futuro; para que mis pies se mojen en la espuma de los días; para sentirme a veces feliz; para transitar un poco más atento por este mes de abril; para refugiarme, sentirme protegido, ovillarme, buscar un lugar más mío, un cobijo; (…)». El autor, según sus palabras, escribe su diario para sí mismo, y luego, lo entrega a sus lectores, primero en la revista electrónica ‘Tam-Tam Press’ y después en volúmenes editados con cuidado exquisito por Héctor Escobar en su editorial.

Andrés Trapiello, en el prólogo, escribe «Avelino Fierro podría decir: “Yo solo soy lo que he leído, las músicas que oigo, la pintura que veo, los lugares a los que viajo”. Estos son los temas principales que aparecen. Libros, sobre todo de poesía, con algunos autores recurrentes, Rilke, Pessoa o Gil de Biedma; música, en un espectro amplísimo, que va de Beethoven o Wagner a clásicos del pop como Lou Reed, The Doors, los Rolling Stones, los Beatles; grupos modernos, como Sonic Youth, Massive Attack…; en pintura el abanico es aún mayor. El autor disfruta con un amplio espectro de productos artísticos, procurando evitar las trincheras de los bandos, lo que no es tan fácil. Cuenta viajes a Alemania y a Portugal, a menudo con gran aparato teórico de libros y guías. Pero no hay muchas estampas turísticas. De un viaje a Múnich se cuenta el vuelo de ida, con turbulencias, y el trayecto en tren desde el aeropuerto a la ciudad. Pueden aparecer visitas a museos a ver determinadas pinturas. Yo diría que Avelino Fierro disfruta todo lo posible de la vida, a la manera de los epicúreos, con placeres pequeños, apartando las desgracias, domésticas o no, quitándoles importancia.

Pero hay más en este diario, están los amigos, el paso del tiempo, las estaciones, las distintas luces del cielo, los paseos a solas… En este tomo, el autor está preocupado por lo que debe contar en sus páginas y cómo hacerlo, hay un a modo de crisis. Recibe consejos de cómo pulir sus textos, los busca en otros autores. Cita a Blanchot: «El interés del diario reside en su insignificancia. Esa es su inclinación, su ley. Escribir cada día con la garantía de ese día y para recordarlo, es una manera cómoda de escapar tanto al silencio como a lo que hay de extremo en la palabra. Cada día nos dice algo. (…)»

Hay citas todo el tiempo, casi siempre de fragmentos de poemas. A veces parece que Fierro escribe para colocarlas, para compartir sus lecturas. “Las citas llenan mis días y mi escritura de la vida de los otros, y le dan cierto lustre, a veces casi fulgor.” La poesía es esencial en la vida que muestra el autor. “La poesía es buena porque ejercita músculos que se usan poco. Expande los sentidos y los mantiene en condiciones óptimas. Conserva la conciencia de la nariz, el ojo, la oreja, la lengua y la mano. Y sobre todo, la poesía es metáfora o símil condensado. Como las flores de papel japonesas a veces las metáforas se abren a formas gigantescas…”. Alguna vez incluye algún poemita propio: “Entre dos luces, / el arroyo del tiempo, / la vida a medias.”

El último elemento fundamental de este diario, de los diarios de Avelino Fierro, es el dibujo. El autor no solo brega con el día a día utilizando palabras, también, de vez en cuando, regala a sus lectores estampas de detalles que ve y plasma con exquisita delicadeza. Con las letras a veces teoriza o recoge teorías sobre lo plástico, con su plumilla despliega sus aptitudes y propone que el lector se dedique por un instante a la contemplación. Hay un precedente de peso en esta doble faceta de diarista dibujante, Ramón Gaya (que fue además un grandísimo pintor), y que por supuesto aparece citado varias veces.

¿Se escribe un diario para contar quién es uno? ¿Quién es para los demás? Quizá no haya grandes secretos en ‘La vida a medias’, pero sí hay intimidades, pequeñas desgracias narradas con humor. Fierro se mira en otros diaristas: Mann, Pessoa, Pla, Gil de Biedma, Piglia, García Martín y Trapiello… Son textos absolutamente dispares. “Ahora que he comenzado a leer los diarios de Renzi, el tomo segundo, pienso levemente, sin demasiada concentración ni insistencia, en las características del género. Ya ven que lo expreso así, distante, disimulando, embozado, acobardado, porque en el fondo lo que hago es preguntarme a mí mismo por mi escritura y por mi actitud, por si debo decir esto o lo otro y –lo que es fundamental– por si merece la pena seguir escribiendo.”

(…)

“Sí, anotar en un cuaderno la vida, toda la vida, para que lo lea una mujer. Una lectora atenta, que se horrorice o se fascine; puede que con eso sea suficiente.”

Portada del libro.

  1. Felicidades por el blog. Hablando de diario no sé si conocías “Diario de un papá filósofo”. https://ernestocapuani.wordpress.com/2018/06/04/del-libro-diario-de-un-papa-filosofo-os-dejo-esta-reflexion/

  2. José Luis Avello Álvarez

    Me ha satisfecho leer a Luis Marigómez: porque coincido con él. Avelino Fierro nos regala su universo e incluso nos introduce en él. Salimos del anonimato para descubrirnos en un mundo ajeno al nuestro. Nos hace repasar escenas, olores, incluso nos extiende su pantón de colores… y, a veces, nos recobra las mismas imágenes que alguna vez también hemos percibido. Nos da su universo y nos ayuda a fijar y recordar el nuestro, aún inédito.

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