Hombre Árbol

© Fotografía: Óscar García Bárcena.

“Quien no se ha subido nunca a un árbol no sabe lo que se pierde”, dice el protagonista de este nuevo relato de Sol Gomez Arteaga, dentro de su sección “Trazos de sombra” sobre el sufrimiento relacionado con los misterios y desórdenes de la mente. / Ilustrado con una fotografía de ÓSCAR GARCÍA BÁRCENA.

HOMBRE ÁRBOL

Por SOL GÓMEZ ARTEAGA

Un árbol, no veo qué problema hay, es un lugar para vivir como cualquier otro. Y mejor, mucho mejor… Mirar el mundo desde arriba, contemplar el cielo de tú a tú, divisar la lejanía de los campos desde la copa es una sensación que no tiene parangón.

Quien no se ha subido nunca a un árbol no sabe lo que se pierde.

Ya desde muy pequeño miraba un árbol y algo antiguo, instintivo, atávico, me impulsaba a escalar su tronco, sentarme en una rama. Una Navidad, calculo que tendría como cuatro años, a mi hermano mayor le regalaron un libro de árboles que le pareció un tostón y que acabé heredando. Recuerdo con qué emoción, mientras otros niños jugaban a los legos o al scalextric yo lo abría, pasaba las páginas buscando árboles frondosos, me detenía cuando un alcornoque, por ejemplo, llamaba mi atención, me pasaba las horas muertas distribuyendo arquitectónicamente, como si de una casa se tratase, su espacio: en las ramas más externas y exuberantes solía ubicar el comedor, en otras también exteriores, pero algo más peladas, la cocina, mientras que las habitaciones las colocaba en espacios interiores, silenciosos, frescos, a los que accedía por intrincados pasillos entre rama y rama.

A mí los árboles me gustan todos. Aun siendo de la misma especie, cada uno es distinto, con personalidad propia como los humanos, y a todos les he sabido sacar su esencia, su positividad. Aunque si me dan a elegir prefiero los más espesos y robustos. Robles, castaños de indias, encinas, pero también olmos o hayas son mis favoritos.

Además, ¿no dicen que venimos de los árboles? ¿No se bajó el mono del árbol para convertirse en hombre? Aunque en el suelo, no nos engañemos, todo está lleno de partículas dañinas e invisibles que contaminan el aire, también de ruido. Por eso me subí, en busca de oxígeno y, sobre todo, para refugiarme de un mundo irremediablemente hostil. Yo respeto que los demás hagan la vida que deseen y me gustaría recibir el mismo trato. Pero mi familia no me deja en paz. Cuando me fui de casa se empeñaron en buscarme, pusieron una denuncia, y ahora siguen empeñados en que me quedé en ese mundo que llaman civilizado, por mi bien, dicen, aunque en el fondo solo les importa su paz, su tranquilidad, su bienestar.

La familia es un invento social que tendría que desaparecer, deberíamos ser como los pájaros que nada más nacer abandonan el nido para siempre y si te vi ya no me acuerdo. Además, alimentándome de bayas, de hortalizas, de pámpanos, de pistachos, de palos de regaliz y otros frutos que pillo por el campo me las apaño bien. Sí, ya sé que esos productos tienen dueño, pero más roban los políticos y sobre ellos no recae ninguna responsabilidad. ¡Qué ésa es una salida de pata de banco! También lo sé, por eso y para que nadie me vuelva a acusar de furtivo, he pensado trabajar duro y comprarme una parcela con árboles cerca del río que está en venta, un lugar precioso desde el que se oye el sonido de una cascada entre las rocas, el canto de las alondras y el cri-cri de los grillos al caer la tarde. En mi parcelita viviré a mi libre albedrío como siempre he soñado.

No hay mayor felicidad que estar boca abajo suspendido en la rama de un árbol, levitando. Al principio, para no caerme, me sujetaba las muñecas y los tobillos con correas, pero de tanto permanecer en esta postura he llegado a acostumbrarme, hasta consigo quedarme dormido, tener preciosos sueños. En esa postura, estoy convencido, se sueña mucho mejor.

Sé que todo esto puede parecer extravagante, pero más lo es el humo que sueltan las fábricas del extrarradio de las ciudades, conducir a velocidad de vértigo, petardear con las motos por la calle, soltar tacos, agredir, extorsionar, por poner ejemplos del “modus operandi” de los humanos a pie de calle. ¿Acaso he hecho yo algo de esto? No y no.

Mienten los que me acusan de ser una alarma social porque justo cuando me pilló la Guardia Civil le estaba explicando a una excursión de boys scouts que el mundo se había vuelto del revés, que eso que llaman civilización es un concepto erróneo, pervertido, y que una renovada, revolucionaria y desde luego más sana forma de vivir, encabezada por el “hombre árbol”,  surgiría cuando tomáramos conciencia de la necesidad de auparnos otra vez a las alturas y en vez de estar todo el día a la gresca pudiéramos saludarnos pacíficamente desde las copas como hacíamos al comienzo de los siglos.

Y hasta de proselitismo me acusan porque un chico rubio, más listo que el hambre, sentado conmigo en una rama, me miraba como un ser extraordinario e imitaba mis ademanes, pero no está en mi cabeza ser profeta de nada, aunque les aseguro que esto que digo, esto que digo… ocurrirá tarde o temprano.

 

Un Comentario

  1. ibienanairanei

    Todo lo bueno de la vida se resume en una palabra y descripcion que es lo que acabo de leer, buena interpretacion y analizacion.

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