Libertad de prensa

Por LUIS GRAU LOBO

Después de un verano enredado, que ha de proporcionar ramificaciones, esquejes y frutos varios al hilo de su seguramente lento cultivo judicial, al menos hemos recogido alguna cosecha de lo que venía siendo el invernadero del auténtico poder (¿en la sombra?) en provincia. Aunque da la impresión de que algunas cosas cambian para que nada cambie, como suele, al menos esos movimientos han dejado en evidencia dos de los extremos de ese tira y afloja. Por un lado los empresarios encarcelados, alguno de ellos ya encausado desde antiguo, pero aún así protagonista impávido de todo sarao, foto protocolaria y evento regional, divinizado en las conversaciones como diviniza Willy Toledo. Hasta el presidente Martínez Majo, en reciente entrevista, se sorprende de que alguien se sorprenda de saber quién mandaba en realidad… Junto a aquel, sus mini-yos, alguno tan soez que si no fuera por la indignación, la risa ahogaría la vergüenza ajena. Hasta periodiquito tiene, esta chusca imagen y semejanza.

Por otra parte, los políticos. Algunos han caído, otros han usado el subterfugio de dejar el partido, y los hay tocados a perpetuidad, porque la administración no son ellos, aunque tanto tiempo gobernando les haga creer que este es su ranchito.

Sin embargo, un tercer elemento necesario para este entramado de presión ha quedado fuera de las consideraciones y efectos de las primeras purgas. Me refiero a los medios de comunicación utilizados por los empresarios para amedrentar, afrentar o meramente presionar a los políticos (y por extensión a otros ciudadanos) que no se plegaban a los requerimientos de los propietarios de tales medios, que para eso los compraron, no porque sean negocio en sí mismo o les entusiasme la libertad de prensa. Nada han dicho esos medios sobre esas cabezas de caballo impresas, sobre las campañas en busca de negocio. Nada sobre sus enmudecimientos de los primeros días. Nada sobre sí mismos quienes tanto dicen de los demás.

Es un tópico y es muy cierto afirmar que, pese a todo, en estos medios trabajan excelentes profesionales. De hecho, esa excusa, la de la calidad de muchos de sus trabajos y reportajes, sirve para colar convenientemente la bazofia que se encuentra de vez en cuando entre col y col. Una lástima. La prensa solía contar con una línea editorial, una adscripción ideológica o política. Es su derecho y hasta su seña de identidad. Hoy algunos la han cambiado por una línea empresarial, que apuñala y saca pecho a la vez. Y lo cierto es que no importaría mucho lo que estos medios hicieran con su propia credibilidad, hasta que uno se percata de las subvenciones públicas que les permiten seguir alentando esos intereses bastardos y furtivos. Un dinero de todos sobre el que el gobierno autonómico se niega a dar explicaciones, consiguiendo que se cierre por fin el círculo perfecto de la sospecha entre quienes poseen los medios, quienes los financian y quienes se ponen al servicio de ambos.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 23 de septiembre de 2018,
en una serie llamada “Las razones del polizón”)

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