“Cárcel”, el libro secreto de Nuria Antón que ve la luz en Eolas

La buhardilla de la Biblioteca Padre Isla (León) acogerá este viernes 23 de noviembre, a las 19.30 horas, la presentación del libro de poemas “Cárcel” (Eolas ediciones), de la leonesa Nuria Antón, dentro del ciclo Letras en la Buhardilla. Acompañarán a la autora el autor del prólogo del libro, Ignacio Fernández Herrero, y el coordinador del ciclo, Rafael Saravia.

Por ELOÍSA OTERO

“Cárcel” es un libro que la autora dedica a sus dos hijas, Celia y Carmen, “por ser la lluvia que me hace crecer”, y que se abre con estos dos versos: “La memoria es el fuego / donde arden las heridas”. Y, como cuenta Ignacio Fernández en el prólogo, es además una obra que durante mucho tiempo ha permanecido guardada en el cajón por distintos motivos (dolor, pudor, miedo…), pero que define un antes y un después en la trayectoria creativa de su autora:

“(…) Sucedió así que paseábamos Nuria y yo, y otros más que nos acompañaban, por Luyego de Somoza (…). Sucedió que Nuria me contó entonces la historia de un libro secreto sobre el que pedía opinión. Sucedió, pues, que lo leí (al menos lo que era un primer borrador desordenado) y que volvimos a coincidir en otro lugar (…), y que entre encuentro y encuentro, entre correo y correo, convinimos que era llegado el momento de que esos poemas ocultos vieran la luz. A mi juicio, porque constituyen el núcleo poético maduro de Nuria Antón. También porque nos hablan del mal y de la escritura como su terapia, y, claro, ineficaz sería si no se la honrase públicamente como es debido. Y diré más aún: Cárcel, que ése es el título que nos ocupa, debiera ser un antes y un después en la escritura y en el amplio quehacer creativo de Nuria. Hemos de dar por concluida, creo yo, la agitada etapa juvenil de sus primeros libros y dibujos para entrar definitivamente en el sosiego y en la sensatez que nos nace de la experiencia. Vital y literaria.

El libro es un enigma para quien en él se adentra. Nada nos descubre en verdad el misterioso título, que reaparece en forma de acróstico a mitad de recorrido. (…) Sólo dos octosílabos iniciales proporcionan el indicio de que algo ha sucedido y que va a ser contado, algo no suave, que produce heridas pero que parece superado, pues de otro modo no se escribiría. Y nos ayuda también, por supuesto, la interlocución directa, explícita más allá de la dedicatoria, que podría haber sido por sí sola una simple formalidad emocional: “se agrietan los cimientos de la casa, hija”.

Y lo que en un principio se cuenta a la hija, a las hijas, es un magma amorfo de ruinas, demencia, amargura, miedo, monstruos, incertidumbre, hojarasca, penitencia, soledad, conmoción, silencio… Acumulando todo ese bagaje terrible progresa la lectura entre dudas y culpas: “No quiero ilusionarme”, “No sé si el sol me ha cegado / o nací ciega”, “Pienso si esto soy yo”… Tal vez no podría obrarse de otro modo teniendo en cuenta el paisaje que se nos dibuja hasta llegar a un nuevo foco de atención en la segunda parte del libro, hasta que en un verso discreto y escondido se anuncia que “entonces llegó él”. (…)”

La poeta e ilustradora Nuria Antón.

A medida que el libro avanza —”El miedo es una casa sin ventanas / donde solo la tristeza es bienvenida”— la autora mira sobre todo a sus hijas, es a ellas a quienes les cuenta su drama íntimo, es con ellas con quienes se confiesa, y a quienes aconseja (“Tengo la devota profesión de ser madre”), hasta el punto en que el poemario se va convirtiendo poco a poco, en palabras del autor del prólogo, en “un manual para andar por la vida, cargado de sabiduría”.

Hasta concluir con estos versos:

¡Qué altas las montañas desde el valle
y qué pequeño el hombre desde el cielo!
Ay, hija.
¡Cómo hablarte de eso
que llaman
carcoma!

Y como no queremos destripar ni el prólogo, ni un libro que sin duda ofrece mucho más que una sola lectura… diremos solo que “Cárcel” ahonda en esa parte magullada de la peripecia existencial de Nuria Antón, a quien la escritura sirve de catarsis para “Volver a ser, / volver a sentir”.

:: Tres poemas de “Cárcel”, de Nuria Antón

Las orillas del Bernesga
se parecen al asfalto de las calles de Manhattan
cuando el río va descalzo.
La espera es como el tiempo de sequía;
se puede ver el cauce desgastado
y las horas mezclándose en el lodo.
Recuerdo el río jugando entre las piedras
y los peces escondiéndose en sus pozos.
Ahora,
el tiempo se entretiene
recorriendo los pasillos de fríos hospitales
mientras yo, en la orilla,
soy el pez que boquea
con los labios
atrapados en su anzuelo.

Ardo,
me quemo,
cenizas.
Surjo,
resucito,
amanezco de nuevo.
Busco cada día,
cada nuevo día,
y solo encuentro cristales.
Vuelvo a caer,
todo se rompe.
Pienso si esto que cae
una y otra vez
soy yo.
Estoy cansada de amanecer
sin más recompensa
que estar viva.

Aún no lo sabes
pero las cosas importantes
no se miden en centímetros;
no brillan ni se guardan bajo llave;
no tienen nombre,
porque no necesitan palabras
que adjetiven su belleza.
Aún no lo sabes
porque eres polluelo y duermes en el nido
pero las cosas importantes
no necesitan intérprete ni lecturas entre líneas;
son sujeto por sí mismas
y calientan los inviernos sin lumbre.
Aún no lo sabes
porque eres aprendiz de cometa.
Pero yo,
que ya volé,
escribo las cosas importantes
al lado de tu nombre,
al lado de vuestro nombre.

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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