Javier Bauluz: “Rebelarse contra la injusticia es una obligación”

Javier Bauluz en Zamora (noviembre 2018). © Fotografía: Mariam A. Montesinos.

· “Cuando se convierte en normalidad un discurso discriminatorio y racista es que estamos más enfermos como sociedad de lo que pensábamos”

· “El discurso fascista, de forma clara, está siendo asumido por los partidos mayoritarios y tradicionales”

Entrevistamos a Javier Bauluz, aprovechando la visita a Zamora del fotoperiodista asturiano para participar en la segunda edición de Etnovideográfica —el festival de cine documental impulsado por el Museo Etnográfico de Castilla y León—, donde impartió una conferencia sobre Fotoperiodismo y Derechos Humanos y un taller sobre la preparación de un proyecto de reportaje fotográfico.

Por CLARA PONTE
Fotos: Mariam A. Montesinos

Llega de recorrer las costas andaluzas para retratar la insidia administrativa con los migrantes y se va hacia México, Madrid o su Asturias natal, no sabe bien. Javier Bauluz lleva más de 30 años cámara en mano, retratando conflictos, migraciones, guerras o situaciones de injusticia en todo el mundo, aunque recuerda que su primer acercamiento a la pobreza y los Derechos Humanos fue un reportaje sobre un poblado gitano a poca distancia del centro de Oviedo, en su ciudad. Ha puesto en marcha uno de los proyectos periodísticos más interesantes de la era online, periodismohumano.com, que espera una mejor oportunidad. Fue el primer español en ganar el premio Pulitzer en 1995 por su trabajo en Ruanda. Y desde hace veinte años organiza el Encuentro Internacional de Fotoperiodismo Ciudad de Gijón, reunión y cantera de grandes profesionales.

Han pasado ya 18 años de una de sus fotos más reconocidas, en las costas andaluzas, una pareja bajo su sombrilla en un día de playa mientras a unos metros yace el cuerpo de un inmigrante. ¿Piensa que algo ha cambiado en materia de Derechos Humanos en este tiempo?

En lo esencial no ha cambiado nada. Pero no en estos 18 años, en los últimos 30, desde el primer muerto en una patera en el sur. La imagen siempre era y es la misma. Inmigrantes que bajan de un barco de Salvamento Marítimo, les ponen la manta roja de Cruz Roja y listo. Una imagen real pero falsa al mismo tiempo. Porque casi todas las pateras llegaban a tierra y esas personas estaban tiradas como animales, sin ninguna clase de atención humanitaria básica, con dos guardias civiles que les tenían que hacer una hoguera para que no se enfriaran. Médicos Sin Fronteras acabó montando un campamento de emergencia humanitaria (¡de emergencia humanitaria!) en el sur de Europa. Ahora está sucediendo lo mismo (https://www.lamarea.com/2018/10/31/cuando-los-naufragos-son-migrantes/), pueden pasar seis horas en la cubierta del barco de rescate, empapados, tiritando, sin bajar a puerto. Si fueran blancos y europeos esto no sucedería.

Usted ha estado en conflictos muy violentos en medio mundo y sin embargo repite mucho lo surrealista de la situación en las costas andaluzas.

Esto sucede cuando vas a un sitio con un conocimiento previo, como periodista, y comienzas a ver cosas que ni tú mismo sabías. Como que España todavía no haya aprendido a recibir con un mínimo de humanidad y dignidad a unas personas que son náufragos. Se les trata como a números, estando descalzos, hambrientos, desorientados, ansiosos… Y se ofrece esa misma imagen real pero falseada. Porque Cruz Roja está con el 99% de los migrantes un minuto, tiempo para darles algo de ropa, preguntar su nombre y poner una pulserita. Inmediatamente después se van a un almacén, detenidos, durante hasta tres días, 100 personas en 200 metros cuadrados. La imagen que podría tomar ahí, si me dejaran entrar, sería la misma que en una cárcel Filipina o de El Salvador. Y según el Sindicato de Policía (SUP) el año pasado, incluso a 47 grados. Después lo ha visitado el Defensor del Pueblo y ha denunciado que aquello no puede servir de centro para la gente. No se le hizo ni caso. Todo eso me parece surrealista. Y que además nos vendan una imagen de que todo está bien. La manta no lo es todo, ¿qué pasa antes y después?.

¿Le ha pesado alguna vez la foto de la sombrilla?

No, no, para nada. Es una foto que sigue siendo válida. Una foto que aguanta 18 años y sigue hablando, me parece muy bien. Ahora mismo, mientras buscaba muertos por los Caños de Meca, podría haber hecho fotos similares, gente surfeando a pocos metros de donde estaban saliendo los cadáveres.

En un mundo lleno de violaciones de los Derechos Humanos, ¿cómo elige los trabajos que aborda?

Los elijo y me eligen. Me entero de que está pasando algo, encaja con historias que me interesa contar y, sobre todo, procuro no ir a historias que está haciendo todo el mundo y se están haciendo bien. Intento aportar algo. Muchas veces hay temas que parecen una cosa y cuando te metes y ves la realidad, descubres otra, como lo que estábamos hablando en la frontera sur. La informaciones están basadas en la comunicación oficial y muchas veces no coinciden con la realidad.

Javier Bauluz en Zamora (noviembre 2018). © Fotografía: Mariam A. Montesinos.

Durante su conferencia en Etnovideográfica dibujó un panorama de escalada fascista desolador en Europa, pero también en el resto del mundo. ¿Qué le motiva cada día a seguir trabajando?

Yo soy optimista, pero soy realista también. Llevo desde el 96 con inmigración. Me mueve que la gente sepa qué pasa para que después decidan. Cuando no tienes información real no puedes tomar decisiones adecuadas a la realidad. No es mucho más. Yo no pinto ese panorama, tomo todas las noticias dispersas y junto el puzzle. Este es un barco que va a los arrecifes, y además a una velocidad tremenda. En dos años, lo políticamente correcto ha cambiado. Hoy es correcto ser xenófobo y racista. Cuando se convierte en normalidad un discurso discriminatorio, racista, etc es que estamos más enfermos como sociedad de lo que pensábamos. Y si eso se convierte en poder político, encontramos gobiernos como el de Salvini en Italia, prohibiendo desembarcar a nadie, en contra de cualquier ley italiana, europea o internacional. Si sigo ganando votos, me da igual, incumplo la ley. Europa no está contestando a eso porque sucede en un montón de sitios. Vengo diciendo lo mismo desde hace más de dos años. Una de las cosas que más me han sorprendido no es que los grupos de ultraderecha estén creciendo, que sí y mucho, el problema es que el discurso fascista, de forma clara, está siendo asumido por los partidos mayoritarios y tradicionales de muchos lugares. Primero para no perder votos; y segundo para meter miedo a la población y decir a continuación que los vas a salvar, una de las mejores formas de cosechar votos de siempre. Ahora mismo en la presidencia de Europa hay ministros fascista, en coalición con el partido de derechas de Austria. Cuando acompañé a la caravana de migrantes desde Grecia (http://huelladigital.univisionnoticias.com/crisis-refugiados-javier-bauluz/index.html), en Austria sí nos recibieron como personas, tanto que felicité al jefe del operativo porque venía de ver la xenofobia todo el camino. Pues aquella bienvenida se ha convertido en un gobierno de ultraderecha con miembros en el gobierno fascistas, y encima en la presidencia europea.

Siempre se ha dicho que España se mantiene al margen de esa oleada fascista…

Ya no, ya se acabó, están usando esos mismos argumentos. Hasta ahora así era. Pero ahora mismo se utiliza el mismo discurso de Salvini, Orban o Lepen. Y eso les hace ganar muchos votos, porque además no ha habido un discurso claro, contundente y entendible por parte de partidos de la izquierda, centro izquierda o democráticos. No hay una alternativa clara. Incluso a veces hacen políticas represivas con la migración para no perder votos. El Aquarius muy bien. Y después vuelves a hacer deportaciones ilegales, masivas en Ceuta y Melilla.

Cuando hablamos del incumplimiento de la Declaración de Derechos Humanos solemos mirar fuera, pero Javier Bauluz pone el foco también en España, no sólo con los migrantes. ¿Cuál es su examen actual?

La ley mordaza es fundamental, una ley que públicamente nos negamos a cumplir. No voy a dejar de practicar mi libertad de expresión porque unos señores se inventen una ley que va contra los principios básicos de los Derechos Humanos y un sinfín de leyes nacionales e internacionales, incluida la Constitución. Revelarse contra la injusticia es una obligación o debería serlo. La ley mordaza además se ha aplicado arbitrariamente y, como mínimo, ha metido mucho miedo a gente dispuesta a manifestarse. Por otro lado, los desahucios siguen en primera línea, un tema que comenzamos a denunciar en periodismohumano.com. Ahora mismo se sigue hablando de ello y no se pone el nombre del desahuciador: una entidad bancaria, como si no tuvieran nombre.

Javier Bauluz en Zamora (noviembre 2018). © Fotografía: Mariam A. Montesinos.

¿En qué punto está periodismohumano.com?

Está fondeado en la bahía, esperando el momento de volver a navegar. Tuvimos un gran éxito de crítica y público, 300.000 personas en Facebook cuando los medios grandes no tenían ni la mitad. El problema es que a veces, cuando eres demasiado pionero, se vuelve en contra. Cuando empezamos, la palabra crowdfounding, que hoy ha conseguido sacar adelante el proyecto #portodas de La Marea, no existía. Y menos aún plantear un proyecto sin la financiación tradicional. No conseguimos hacer entender que los periodistas también comen.

Se cumplen también diez años de la publicación de Latidos de un mundo convulso, un libro que reunía imágenes de diez de los fotoperiodistas más representativos del momento. Los participantes, generacionalmente, erais muy próximos. ¿Hay relevo en el fotoperiodismo actual?

Claro que lo hay. En el encuentro de fotoperiodismo que organizo desde hace años, una de las cosas más importantes para mí era el taller para jóvenes. Diez o doce de los invitados eran sus profesores, día y noche. Y de ahí mucha gente joven son reconocidos periodistas, como Manu Brabo, otro Pulitzer después de estar muchos años yo solo. Después incluso vino como invitado y profesor. En mi última estancia en Nicaragua, los dos únicos fotoperiodistas de fuera eran ex alumnos, uno de El Salvador y otro de Guatemala. Han pasado veinte años, unas 400 personas. Pero qué más da que haya un montón de buenos profesionales dispuestos a contar buenas historias, si después no se puede comer. Los medios no están invirtiendo nada en fotoperiodismo.

Decía en una entrevista que con el fotoperiodismo había encontrado una forma de ganarse la vida que le gustaba, le permitía ver mundo y hacer algo de sociología e historia desde la primera línea ¿Mantiene esa visión de la profesión?

He dicho muchas veces que la cámara para mí era mi cuchara, mi pincel y mi fusil. En muchos lugares hay suficientes fusiles, metafóricos o no, y es más importante una cámara para mostrar al resto del mundo qué está sucediendo. Después la gente puede actuar o no, pero que no se pueda decir que no se sabe lo que pasa. Para mí el periodismo es eso. Mi función es contar historias relacionadas con los Derechos Humanos.

Javier Bauluz en Zamora (noviembre 2018). © Fotografía: Mariam A. Montesinos.

En esas historias ¿queda espacio para el arte o la estética?

El fotoperiodismo son dos cosas, forma y contenido; la parte más periodística de la historia y el cómo contarla con una imagen. Intento compensar ambos. Busco el equilibrio, unas veces quizá ganará un lado sobre el otro, pero trato de balancear.

¿Coincide su criterio con el de los editores?

Hoy en día ya no existen editores de fotografía. Cualquiera decide qué foto va, cómo se corta… las mías o las de cualquiera que haga una foto, las de internet, las del cuñado. No hay inversión de ninguna clase en imagen fotoperiodística, lo que es absurdo conociendo la fuerza y el valor de las imágenes. Hay imágenes que te entran dentro y pasan a ser parte de tu archivo vital. Hoy en día también hay una sobresaturación de imágenes, habría que cuidar más el trabajo para que una fotografía consiga llegar.

En cuando a coincidencia de criterios, Capa decía que si tu fotografía no es suficientemente buena es que no has estado suficientemente cerca, algo que entiendo no sólo física sino también emocionalmente. Cuanto mejor entiendas lo que están pasando esas personas, mejor lo vas a contar.

¿Y eso no pasa factura, no hay desgaste emocional?

No creo que pensar sea desgaste emocional. Hoy en día cualquier cosa que nos incomode un poco, sea lo que sea, ya es una cosa brutal. Yo disfruto mucho del trabajo: dar vueltas para entrar en un sitio, adivinar dónde sucederán las cosas, dónde pondrás los pies, estar preparado antes de que pase lo que vaya a pasar. Eso es una ciencia fascinante, basada en la observación de las personas, en el conocimiento adquirido de los gestos, los estados de ánimo. Estás procesando toda esa información para conseguir al final hacer tu trabajo, definir la historia con una imagen. Hay un montón de variables. Antes, durante y después hay todo un mundo, físico, mental y emocional.

Como periodista ha vivido el periodo analógico y todo el cambio hacia el digital. ¿Hacia dónde cree que camina la profesión?

El problema no es el formato en donde se publica, hay que usar todos los formatos posibles. Hay que acercar la información a todos los ciudadanos. El periodismo es una función social al servicio de los ciudadanos, y no de otros intereses económicos y políticos. Si perdemos la credibilidad, estamos perdiendo nuestra única arma. Está claro que el sistema de medios tradicionales cae en picado pero los nuevos no han conseguido aún una sostenibilidad económica. Nosotros nos planteamos en periodismohumano.com un sistema distinto, para no depender de los poderes, pero no lo conseguimos. Quizá estábamos demasiado adelantados a la época. Porque además pedíamos que la gente pagase por algo que estaba en abierto, que cualquiera podría ver. En España el concepto de donar empieza a existir ahora. Así que ahí está nuestro barco, dispuesto a zarpar en cualquier momento.

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