Calendario (1)

Calendario (1). © Ilustración: Avelino Fierro.

Después de 125 entregas (y tres libros consecutivos, publicados en Eolas Ediciones), el autor anuncia que va a dejar de escribir el “Querido diario” por algún tiempo, que necesita un cambio de rumbo. “Tengo material para el cuarto libro, y estoy un poco cansado”, explica en un e-mail. “Pero sigo llenando las hojas de una libreta con palabras: no sé lo que saldrá de ahí, si una novela, un ensayo, un poema desmesurado… También escribo unos apuntes en prosa, a los que he puesto el título de Calendario“, añade, adjuntando una muestra. Así que hemos decidido ir sacándole algunos. El autor también nos pide que enviemos en su nombre “besos y abrazos a los lectores del Querido Diario“, y que os demos las gracias “por vuestra atención en estos años pasados”. Eso hacemos. Y con ganas de seguir por nuevos derroteros…

CALENDARIO (1)

Por AVELINO FIERRO

Ahora quiero contar aquí cuatro cosas de este día que va pasando, de esta mañana clara, y parece que inocente, de febrero. De esta mañana de poco aire, con paseantes y hombres y mujeres con bufanda que caminan con los ojos abiertos, entre este lamento de la historia –que dura ya tanto, qué derrota sin sentido– y la esperanza de que pase al fin algo. Siempre es abril o está a punto de serlo, escribe el poeta; no, así no, es siempre como hoy, febrero. Arisco e inclemente un poco, sin blusa de seda ni cabellos azules que sujeta con un lazo encendido. Cuánto mejor es engancharse a los ojos bajo cubierto en esta sala de espera de vacunaciones, de niños de goma, rosas y patosos, y madres que huelen todavía a leche agria y migas de pan. Y Libertad, que lee sus apuntes de inglés, que levanta a veces la vista y enciende en esta esquina rescoldos de luces. Yo no sé si es cobarde –o tristeza– pensar en estar aquí todo el tiempo, con enfermeras de bata blanca y grageas azules y rojas, muñecos para los más pequeños, llantos y berrinches. Porque en este lugar la historia, ya digo, husmea un poco, araña con sus zarpas las hojas de la puerta de entrada de cristal, da la vuelta al ambulatorio, pero pasa al fin de largo, se detiene sólo un coágulo, que no gira ni miente. Si luego compro unos zapatos en el centro y al llegar a la oficina me chistan los laborales y me entregan un libro que viene de Travessera de Gracia, 47, nada menos, y el cielo se inclina, vuelvo a saber otra vez que hoy es febrero. Y que hay que seguir tentando con los brazos estirados, enhebrando pasos en el laberinto, con los ojos cerrados, como un ciego. Poco más puedo decir, que llega el mediodía y al cruzar el puente veo la nieve. Y otra vez me entran ganas no sé si de llorar o de hablar mucho o escribir. O decir como el poeta que ahora leo, voy a contar la historia de mi vida en un abecedario ceniciento.

 

  1. Blanca

    Ya dirás por qué me parece un pelin triste y nostálgico .

  2. José Luis Avello Álvarez

    Espero con inquietud la segunda página de este calendario de Avelino. Me alegra que empiece con el mes de febrero. Enero aún pertenece al año anterior, es un complemento de diciembre. Febrero es más joven, por eso contiene menos días. Me gusta como se narran las escenas, bajo la atenta y disciplinada mirada del autor, con un dominio absoluto del “paisaje” inmediato y su entorno. Es la caracterización perfecta de un febrero leonés. Y febrero y Avelino son uno mismo. Solamente concede una licencia que rompe la intimidad: la alusión a la editorial Penguin Random House. Gracias por seguir siendo tú mismo.

  3. Alfonso Carlón.

    Avelino, admiro el tesón y la perseverancia en tu incansable viaje con Mi Querido Diario puntualmente recibido, caigan chuzos de punta o bíblicas sequías, en mi dirección de correo electrónico del Extremo Oriente. La bocanada de León entra por la pantalla con olor a morcilla y helada del febrero leonés que describes tán gélidamente. Casi que me parece que estoy allí buscando la cafetería de la Plaza de Santo Domingo o quizás apretando el paso en la Calle Ancha. Y lo has descrito muy bien Avelino, esa mañana de febrero esperando que pase algo, que pasa siempre aunque la fotografía se haya congelado. No sé si es una llamada de Socorro o por el contrario nos lanzas un Salvavidas a tus lectores. En cualquiera de las dos situaciones podemos estar.
    Desde Pekín un gran abrazo.

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