Calendario (6)

Calendario (6). © Ilustración: Avelino Fierro.

Después de 125 entregas (y tres libros consecutivos, publicados en Eolas Ediciones), el autor anuncia que va a dejar de escribir el “Querido diario” por algún tiempo, que necesita un cambio de rumbo… Y abre nueva sección, “Calendario”, asimismo ilustrada. Esta es su sexta entrega:

CALENDARIO

6

Por AVELINO FIERRO

Lunes Santo. Entra en la habitación la luz del atardecer. Cansado y no sabiendo bien qué hacer. No sé a qué viene esta tristeza, si los planetas siguen girando y los árboles están sintiendo sin duda el hervor diminuto y subterráneo de la primavera. Hoy no se ha declarado ninguna guerra y la recesión anunciada no ha cogido su mochila, no se ha puesto todavía en marcha, parece dormitar. Leo algunos poemas ingleses traducidos por Ben Clark. Uno sobre ese tren que se para en una pequeña estación sin venir mucho a cuento, insólitamente. Se ven juncos, adelfas y otras hierbas desde el andén desolado. Cosas diminutas suceden en torno: un mirlo canta, una mujer cierra los ojos y altas nubecillas se tiñen en el cielo. Llueve en otro poema unas páginas más allá, y hay de nuevo incontables juncos quebrados, altos y tiesos. En la radio, un coro de niños canta motetes de Tomás Luis de Victoria. Y como en el poema, donde la lluvia cae sobre el poeta y lava las tumbas de los muertos, quiero pensar que se filtra también aquí desde esa música algo de amor, compasión al menos. Gotas de consuelo para la soledad y las pequeñas vidas de cada uno, para nuestras cuatro paredes de las que a veces es difícil escapar, o siquiera mover los brazos, coger postura para descansar. Hay días en los que son pocas todas las muletas: la luz que nos podría guiar hasta ese horizonte que parece volverse curvo, nuestro reloj de pulsera que no quiere evitar que las horas nos multen con su desprecio, que alguien a quien amamos aguante las ganas de llorar. No somos dueños de nada, aunque prometamos a cambio corregir nuestro mal andar. No hay armisticio para la pura existencia. Y todavía, a veces, como ahora, se puede sentir más orfandad. Pues quiero dejar aquí constancia del desprecio del Destino: llama Marta por teléfono para anunciar que está ardiendo Notre-Dame. No sé si el arte es inútil… La poesía, las nubes, la polifonía y otros misterios –no sé para cuánto tiempo– van a tener que esperar.

Un Comentario

  1. José Luis Avello Álvarez

    Es imposible creer todo lo que nos narra Avelino. Una persona, un poeta que ha sabido hacer sonreír a sus gafas o ¿serán sus ojos? Es posible. Un Lunes Santo no es un día adecuado para escribir y más si se incendia Notre-Dame. Y de las cuatro paredes que normalmente nos envuelven es fácil evadirse, él lo ha conseguido muchas veces, huyendo con la mirada a través de la ventana de cu cuarto. Entiendo que desea crear un paisaje para sus lectores. Un escenario especial para todos. Una pintura de tierras despobladas, deshabitadas o a punto de serlo. Es una llamada, quizás un grito denso, de repoblación. Angustias de los páramos leoneses, sedientos de manos rudas que roturen sus suelos… Como los de Chozas, la de Abajo y la de Arriba también.

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