“Carta al Rey”

© Fotografía: Óscar García Bárcena.

Nuevo relato de Sol Gomez Arteaga, dentro de su sección “Trazos de sombra” sobre el sufrimiento relacionado con los misterios y desórdenes de la mente. En éste aborda “un tema bastante recurrente en psiquiatría: un delirio de filiación en el que la protagonista tiene la creencia -inamovible- de que sus padres reales no son sus padres iniciando un periplo de búsqueda del que cree que es su progenitor. En estos casos suele suceder que la familia que se busca es poderosa o con vinculaciones importantes”. / Ilustrado con una fotografía de ÓSCAR GARCÍA BÁRCENA.

CARTA AL REY

Por SOL GÓMEZ ARTEAGA

Querido padre:

Esta tarde he recibido la visita de ese extraño que se quiere hacer pasar por ti. He hecho como que no me daba cuenta de la impostura y me he dejado besar. Me ha traído una bolsa con ropa, nos hemos sentado, me ha empezado a contar cosas de la que dice que es mi hermana; le he seguido la corriente, pero al rozarme con sus dedos no he podido aguantar más y me he puesto en pie, rígida como una estatua. Él también se ha levantado y cuando por fin se ha ido me he lavado la cara y las manos cien veces. Es la suciedad del plebeyo que tanto aborrezco. No debería, ya lo sé. Una princesa ha de ser condescendiente con sus súbditos, pero no puedo evitarlo. Hay olores que me provocan el vómito y el de este hombre que dice que es mi padre pero no lo es, me lo provoca. Antes de marchar le he pedido que me traiga colonia y jabón Roger Gallet que tanto me gusta, y gomas del pelo para mi compañera de habitación… Tiene un cabello hermoso Julia, el otro día quise hacerle una trenza, pero como no tenía con qué atarla al final se la solté. Me ha dicho a todo que sí. Iba a pedirle que me trajera también la falda larga de tul y la corona, pero en ese momento me vino a la cabeza la entrevista que había tenido por la mañana con el médico y me corté. Al salir ha dejado en la habitación un olor a sudor agrio, casi insoportable, y como aquí todo tiene barrotes no he podido airear. Qué rabia.

De la entrevista con el Dr. Durán quiero hablarte. No pudo ir peor. Me preguntó qué me pasaba y creyendo que era médico de verdad le conté que con seis años me habían secuestrado y vendido a esa familia que solo me quería para trabajar. Le dije que presencié como pagaban unas monedas a los sicarios, detalle que no olvidé jamás, pero que no entendí hasta que hace unos meses viendo la tele saliste tú, y dirigiéndote a mí me hablaste del secuestro y me pediste que te buscara. Entonces las piezas me empezaron a encajar. Desde ese día no he cejado en el empeño de reunirme contigo, por eso me fui del pueblo y ya estaba en la puerta de Palacio cuando la Guardia Real me detuvo y me trajeron aquí, a este lugar de locos. Pero que estaba segura de que enseguida se iba a aclarar todo. Entonces le miré, padre, confiando en sus muchos conocimientos busqué sus ojos, y vi que miraba el techo, eso no me gustó nada, y cuando me preguntó si había ingresado en algún otro hospital psiquiátrico con anterioridad acabé de mosquearme. “¿Cree que yo también estoy loca como ésos?”, dije señalando a la puerta. Entonces saqué del bolso tu foto y la puse encima de la mesa. “Mire, los mismos ojos almendrados, la misma barbilla, la frente ancha, la nariz aguileña, la mirada bondadosa, aristocrática, el porte, el porte… ¿Es que no tiene ojos en la cara?”. Creo que gritaba cuando dije esto, pero cómo no iba a gritar… “Y la prueba irrefutable”, “¿Qué prueba irrefutable?”. “La del ADN que demostrará a todo el mundo, ¿me oye bien? que yo soy la hija del rey”.

Ya completamente desatada me puse en pie mientras él daba instrucciones a la enfermera. Le dije que quería irme cuanto antes de allí, recobrar mi libertad y que si no me soltaban se atuvieran a las consecuencias. Muy tranquilo me contestó que no me iba hasta que no lo dijera él. Pedí hablar con el juez de nuevo. “Ya hablaste ayer y decretó tu ingreso involuntario”, “Quiero verlo”. En ese momento me mostró un papel que, estoy segura, se sacó de la manga.

Falso, es falso todo, son unos impostores, la primera, la familia que no es familia con la que he vivido todos estos años, el médico, la enfermera odiosa que me puso la inyección, es todo un complot contra mi persona.

Por eso pedí boli y papel, para contarte estas atrocidades que me están pasando. En el mostrador las auxiliares se hacían las remolonas, pero a fuerza de insistir no les quedó otra que dejármelo. Estoy convencida de que cuando leas esta carta pondrás las cosas en su sitio, donde siempre tenían que haber estado y serás condescendiente y generoso con los buenos y castigarás a los malos.

A veces pienso, no creas, que estar en un sitio tan horrible es una prueba más de nuestra gran fortaleza frente al infortunio y también una oportunidad de cambiar las cosas. Porque cuando todo esto se aclare, que se aclarará, estoy segura, y vivamos juntos, decretarás que todos los psiquiátricos tengan un jardín para pasear con una fuente por la que discurra el agua las veinticuatro horas y prohibirás las sujeciones y harás que los médicos pasen por un minucioso proceso de selección, y desde luego, el Dr. Durán será destituido de inmediato, no es venganza, no, padre, es que has de entender que no todos los médicos por mucho título que tengan están capacitados para comprender la mente humana… Y a Julia, la muchacha con la que comparto habitación, qué pena me da, tan sola, con tu permiso me la llevo de dama de honor.

Se me acaba la hoja y aprovechando los márgenes se despide de ti tu hija amantísima que te quiere y espera verte pronto.

S. B. y B.

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