CARLOS AGUILAR: ‘Ya desde niño yo era un loco del Séptimo Arte’

El historiador de cine Carlos Aguilar.

Este sábado 31 de agosto los astorganos tuvieron la oportunidad de reencontrarse con el reconocido historiador del cine y novelista Carlos Aguilar en una mesa redonda en la Casa Panero de Astorga, guiada por la escritora Noemí Sabugal, y organizada por Marciano Sonoro Ediciones en colaboración con la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Astorga.

Por JESÚS RAMÓN PALMERO
Desde astorgaredaccion.com

A lo largo de casi cuarenta años Carlos Aguilar ha publicado más de setenta libros, contando en su nómina con la Guía del Cine de la editorial Cátedra, seis veces reeditado, que se ha convertido en el libro de cine más vendido en España. También ha realizado, para la misma editorial, monografías de directores como Sergio Leone, Clint Eastwood o Jesús Franco entre otros. Además es autor de varias novelas de temática cinematográfica como Coproducción (Ed. Valdemar) o Nueve colores sangra la luna (Ed. La Factoría de Ideas).

Colaborador en diferentes periódicos y revistas es también habitual del programa Historia de nuestro cine de La 2 de TVE donde lo podemos ver con frecuencia presentando y debatiendo sobre destacadas películas del cine español.

Y curiosamente su pasión por el cine procede de su infancia ligada a Astorga y a su abuelo Obdulio Gutiérrez Velasco, músico astorgano, perteneciente a la familia de los propietarios Cine Velasco, y proyeccionista tanto en el Cine Velasco como en el Gullón.

En esta entrevista nos adentramos en sus recuerdos astorganos de infancia y en su trayectoria profesional.

– Regresas a Astorga, en esta ocasión, para charlar sobre tu trabajo teórico acerca del cine y sobre tus novelas. En torno a 70 libros, publicados en 37 años de dedicación profesional a la escritura, respaldan tu trayectoria. Lo que poca gente sabrá es que tu querencia hacia el séptimo arte y hacia la música brota precisamente en Astorga, concretamente de tu abuelo Obdulio Gutiérrez Velasco. ¿Qué recuerdos tienes de tu abuelo y de aquella Astorga que visitabas de niño?

Maravillosos, no doy con otro adjetivo. Era una ciudad con un encanto envolvente y especial, de hecho la primera que conocía tras crecer en Madrid, antitética en todos los sentidos. Mi abuelo era un hombre severo y tierno a la vez, con una querencia superlativa por el cine. Recuerdo que veía varias veces las películas que le gustaban, que se conocía de memoria escenas y diálogos, y que admiraba en especial a Spencer Tracy. También me enseñó un poco de solfeo, así como violín y piano; llegué a tocar ambos instrumentos, pero lógicamente de forma muy rudimentaria e infantil… pero en cualquier caso algo, por no decir mucho, debió entrarme en el espíritu gracias a él respecto a querer y comprender la música, así como el cine, si bien ya desde niño yo era un loco del Séptimo Arte, y me conocía de memoria todos los cines de barrio que había cerca del domicilio familiar, que por fortuna no eran pocos. También creo que heredé de él el gusto pronunciado por ciertas comidas que conocí entonces, y que nunca dejaron de figurar entre mis favoritas: el congrio, el bacalao, la lengua de ternera, la cecina y los cangrejos de río.

– Hay aspectos en tu infancia que recuerdan al personaje de Salvatore en esa joya que es Cinema Paradiso de Tornatore. ¿Consideras que esa cercanía a los cines Velasco y Gullón ha sido importante en tu trayectoria posterior?

– Sin la menor duda. Mi abuelo pertenecía a la familia que regentaba el cine Velasco, y, entre otras labores, se encargaba de un impuesto que había entonces para la protección de los infantes huérfanos. Yo le acompañaba en eso, también le ayudaba con una especie de entradas que había, de todos los colores posibles, lo cual me fascinaba. Quizá mi pasión por el policromatismo procede de ahí, no en vano en mi piso cada habitación está pintada de un color diferente. También me dejaba entrar en las cabinas de proyección, ver las latas de las películas, mirar cómo se montaban… y veía todas las películas que proyectaban ambos cines, durante los veranos que pasaba en Astorga. Jamás hacía ejercicio y apenas salía al campo, salvo las veces en que mi abuelo me llevaba a pescar cangrejos de río, lo que me interesaba era ver cine continuamente y adentrarme en la música. Me temo que no he cambiado mucho desde entonces…

– Te formaste en Madrid, estudiando Psicología y Cine, comenzando muy pronto a colaborar en revistas especializadas en cine y obteniendo un éxito extraordinario con la publicación de una obra titánica, la Guía del Video Cine –que va por la sexta edición (corregida y aumentada), con el nuevo título de Guía del Cine, y se ha convertido en el libro de cine mas vendido en España–. ¿Cómo afrontaste en su momento esta ingente tarea documental, en la que has seguido trabajando a lo largo de 35 años?

– Con una ilusión extraordinaria y mediante una logística tan primitiva que a las nuevas generaciones parecerá delirante: una máquina de escribir Olivetti, que encima ni siquiera era eléctrica; entonces apenas nadie tenía acceso a ordenadores, no digamos ya Internet… Pero eso era lo común, te hablo de mediados de los años 80… Pero la base, digamos, intelectual, y emocional, del libro deriva de que yo había comenzado a escribir hacia los doce o trece años, siguiendo una vocación innata, aunque quizá también existiese algún factor genético, porque mi padre, Miguel de Aguilar Merlo, era un médico escritor. Así, yo escribía relatos, de seis u ocho páginas, por lo común de terror, en las últimas páginas de los cuadernos escolares, pero también reseñas de las películas que veía por doquier en unas fichitas que ordenaba alfabéticamente. Guardo todavía este fichero infantil, que de mucho me ha servido, dado que supuso la base de la Guía del Cine. De vez en cuando echo un ojo a alguna que otra de aquellas fichas, y advierto que, pese a la perspectiva preadolescente, revelan cierto gusto, criterio y sentido de la observación. Por lo demás, no puedo quejarme, pues gracias a que publiqué un fanzine sobre cine fantástico titulado Morpho en 1980, siendo todavía un estudiante, me fueron surgiendo ofertas profesionales. Desde entonces no he parado, aun acusando altibajos laborales, como suele ocurrir en todos los autónomos; pero, repito, no puedo quejarme, en absoluto. Es más, modestia aparte, soy uno de los historiadores cinematográficos más conocidos e influyentes, y envidiados, que ha tenido España. Sería intolerable, e infame, que me quejase.

– Es curioso que en una época en la que el acceso a la información a través de internet es tan frecuente, una editorial como Cátedra siga editando y actualizando un libro de estas características. Es evidente que los comentarios críticos y personales que haces de cada film es una de las claves de esta obra, pero mas allá de esta importante aportación, ¿dónde consideras que radica el éxito de la Guía del Cine?

– ¡Quisiera saberlo, jajaja!. Pero, bromas aparte, supongo que justo en lo que has comentado. O sea, en mi forma particular de compaginar la información objetiva con la valoración subjetiva. Creo que la gente que sigue mis libros lo que aprecia es justo eso, el hecho de que valore con personalidad partiendo del conocimiento de causa, sin perder de vista el rigor. Porque considero que la opinión pobre o nulamente argumentada no es más que una extravagancia inútil, a veces irritante también, al igual que pienso que la información aséptica apenas sedimenta, se olvida al día siguiente.

– Entre tus muchos libros te has acercado de forma monográfica a directores fundamentales como Sergio Leone o Clint Eastwood  (en Ed. Cátedra). Ambas cinematografías, que se plantean desde puntos de vista bastante diferentes, son auténticas cartografías de la sociedad contemporánea. Leone utiliza el western como una radiografía del comportamiento y Eastwood ha depositado especialmente su mirada en las problemáticas de la América contemporánea. ¿Qué es lo que te cautiva de estos dos auténticos gigantes?

– Es imposible sintetizarlo en pocas líneas, pero digamos que de Leone aprecio especialmente el hecho de que sus películas brindaran una especie de coproducción cultural sin conciencia de serlo, de forma espontánea y nada pretenciosa, entrelazando referencias de tres continentes (historias ambientadas en Estados Unidos, perspectiva que aglutina rasgos mediterráneos y japoneses). Y de Eastwood, amén de su espectacular maduración ética y artística, me encanta su forma de comentar a través de fábulas, en particular, la idiosincrasia estadounidense, en general, que es muy especial y nada fácil de captar ni entender desde nuestra perspectiva europea.

– Entre los autores españoles te has acercado en varias ocasiones a la figura de Jesús Franco, un director fascinante, alejado de las ortodoxias cinematográficas pero curiosamente muy prolífico y un referente en el género del fantaterror español. ¿Crees que se ha valorado suficientemente la obra de Jesús Franco?

– Cuando yo le conocí, fascinado por su personalidad y trayectoria, Jesús era despreciado como nadie en el cine español. Después, a medida que su cine fue decayendo, hasta terminar resultando impresentable, paradójicamente se le fue reivindicando. Un colega, y amigo, Ramón Freixas, tristemente fallecido hace poco, y yo fuimos los pioneros en esta revalorización en España. Hasta el punto de que mucha gente me vincula con Jesús en modo “juntos hasta la muerte”, de forma excesiva. Pero debo ser consecuente, asumir que es lógico. Después de todo he escrito dos libros sobre él, actualmente agotados y de culto, en mi novela Nueve colores sangra la luna el coprotagonista algo tiene de Jesús Franco, organicé su retrospectiva para Filmoteca Española… Y lo asumo, no reniego de mi vínculo, en mi vida y en mi obra, con él. Por añadidura, estuvimos muy unidos durante algunos años, y hasta me parecía que Jesús, conscientemente o no, me consideraba el hijo que nunca tuvo.

– Tu interés por visibilizar el trabajo de profesionales del cine que quizá hayan sido poco valorados, y que son ciertamente desconocidos para el gran público, te ha llevado a escribir libros sobre Eugenio Martín (coescrito con tu esposa, Anita Haas) o Ricardo Palacios. No es muy frecuente que las editoriales se interesen por este tipo de publicaciones. ¿Cómo consigues llevar a cabo este tipo de proyectos?

– En efecto, siempre he procurado escribir sobre gente injustamente menospreciada, ampliando así la bibliografía sobre los profesionales del cine, cubriendo huecos en este campo, al igual que he procurado diferenciarme cuando escribo ficción. Trabajos como los que mentas han podido llevarse a cabo gracias a la confianza que depositan en mí determinados festivales, que de este modo asumen empeños con los que no se atreverían las editoriales estrictamente comerciales. Aunque debo agradecer a Cátedra que hayan aceptado libros sobre mis adorados Mario Bava y Jean-Pierre Melville, por ejemplo, pues no son cineastas precisamente mayoritarios. Sin embargo, el prestigio de Cátedra y mi credibilidad como autor han conseguido que resulten viables en términos económicos, sin llegar a ser “best Sellers”, claro, pues su naturaleza lo imposibilita.

– Tu apasionamiento con personajes tan alejados de los focos mediáticos como Joaquín Romero Marchent ha hecho que, además de escribir sobre su trayectoria, lo hayas convertido en personaje de una de tus novelas, Coproducción; lo mismo sucede con John Phillip Law y Dan van Husen en otra de tus novelas: Nueve colores sangra la luna. ¿Cómo conviven en tu día a día ámbitos de trabajo tan diferentes como la reflexión teórica y la novela?

– Pues con bastante armonía, con base en el vínculo que implica mi personalidad. O más específicamente en mi fijación por abordar temas inauditos, tanto en el ensayo cuanto en la ficción. De este modo, si en los libros de cine he optado por reivindicar gente que me resulta admirable y entrañable, a los cuales no se les había prestado la atención que yo estimaba justa, en las novelas procuré apartarme todo lo posible de la corriente general de la literatura española: las dos primeras, La interferencia y Simbiosis, son thrillers que no tienen nada que ver con la literatura policiaca española al uso, sin mensajes político-sociales de ningún tipo; luego, pueden gustar mucho, poco o nada, por supuesto. Las dos siguientes, Coproducción y Nueve colores sangra la luna, difieren asimismo, debido a su enfoque obsesivo y desquiciado, de lo usual en la ficción española ambientada en el cine; para bien o para mal, eso debe decidirlo el lector. Y la quinta, Un hombre, cinco balas, no recuerda nada a las demás novelas españolas del Oeste, debido a un enfoque a la par interiorista y cinéfilo. Éste era un proyecto muy querido de mi trayectoria, desde que era un adolescente soñaba con escribir una novela del Oeste…¡Y por fin lo conseguí, además de la manera ideal! O sea, mediante una edición preciosa de Calamar, con un diseño genial de Javier G. Romero, que además escribió el prólogo, y con un epílogo del mismísimo Eugenio Martín. El hecho de que Almería participase en la edición remata el sueño, puesto que el paisaje de esta provincia fue determinante en mi formación estética, a través de los westerns allí rodados en los años 60 y 70. En cuanto a lo que mentas de introducir gente real en historias ficticias, me divierte enormemente. Da mucho juego, además, pero también entraña grandes riesgos, por eso les reservo cometidos secundarios, aunque, como es lógico, trascendentes, de lo contrario mejor no introducirlos porque supondrían sin más guiños gratuitos.

– ¿Estas trabajando o tienes en proyecto alguna novela nueva?

– De momento, no. Pero me apetece volver a la ficción, desde luego.

– Con la instauración de las grandes plataformas como Netflix o HBO, estamos viviendo una época de apasionamiento compulsivo hacia el fenómeno de las series televisivas. En la actualidad, el cine Velasco es la única sala que sobrevive en Astorga y además gozando de muy buena salud. Esto es algo que se produce en muchas ciudades: el imparable cierre de salas de cine parece haberse detenido y las que se mantienen, se reinventan y ahí están. ¿Cómo ves el futuro de la exhibición cinematográfica? ¿Es realmente la fiebre por las series (en algunos casos, productos cinematográficos de gran calidad en todos sus aspectos técnicos) un peligro para el cine que se pasa en las salas?

– El futuro de la exhibición cinematográfica lo veo negro, partiendo de la base de que no tiene nada que ver con lo que yo conocí y amé. Bueno, casi nada lo tiene ya, empiezo a sentirme como un dinosaurio… Lo cual también me hace cierta gracia, acaso porque el Western crepuscular fue fundamental en mi adolescencia cinéfila… ¡y ahora me siento crepuscular yo, jajaja! Respecto a las series, no veo ninguna, por sistema, eso no me interesa nada. Dedicar tropecientas horas de mi vida a ver a los mismos actores en los mismos personajes supone lo último que me apetece. Prefiero las películas, que empiezan y acaban en una propuesta específica, no a lo largo de una fórmula que se estira a conveniencia.

– La música es otra de esas herencias culturales que procede de tu abuelo Obdulio Gutiérrez Velasco. Esa pasión por la música te llevo a escribir otro de tus éxitos editoriales: Cine y Jazz, también editado por Cátedra en 2014. ¿Qué ha supuesto para ti este libro?

– Uno de mis mayores éxitos, profesionalmente hablando, y una satisfacción intensa, como autor, puesto que, al igual que crear un western, incubé la ilusión de escribir Cine y Jazz mucho tiempo atrás, hace unos treinta años. Soñaba con ello, recogía material que organizaba en una carpeta, tomaba apuntes… Y repito lo que indicaba a propósito de Cátedra: su confianza en mí, en que el libro sería excelente, fue decisiva, y gracias a ella el proyecto cuajó de la forma ideal. Las dos presentaciones en Madrid fueron inolvidables para mí, puesto que, debido a la amistad que nos une, corrieron a cargo de dos mitos del sector musical, nada menos que Antonio Serrano, el mejor armonicista del mundo, y Jerry González, fallecido el año pasado.

– Para finalizar esta entrevista, nos ha dicho un pajarito que muy pronto verá la luz un ambicioso proyecto editorial en el que abordas la confluencia entre el cine y el flamenco. ¿Qué nos puedes decir acerca este nuevo libro?

– ¡Ese pajarito te ha informado muy bien! Puedo decirte que el planteamiento es idéntico al de Cine y Jazz, la única diferencia estriba en que en este caso cuento con la coautoría de Anita, loca del flamenco en idéntica medida que yo, y escritora asimismo, con premios en su trayectoria. Además, éste tiene mayor número de páginas, y un superior número de imágenes inéditas, en color o blanco y negro, procedentes muchas veces de las colecciones privadas de la gente reflejada. Estamos ilusionadísimos con este trabajo, y preparando ya presentaciones en diferentes capitales españolas. Aparecerá en octubre, y esta vez el binomio del título cambia de orden: Flamenco y Cine es su título. Y, como dicen los propios flamencos, “ahí vamos”.

Deja un comentario y fírmalo con tu nombre o no saldrá

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

A %d blogueros les gusta esto: