Errikarta Rodríguez y Eduardo Blázquez: Resignificación de la mitología o escribir la belleza de la palabra “paz”

LAS LÁGRIMAS DE ROMEO
Errikarta Rodríguez y Eduardo Blázquez Mateos
Libro de arte. Fotografía y expresión artística.
Editorial Amarante, 2020

LAS LÁGRIMAS DE JULIETA
Errikarta Rodríguez y Eduardo Blázquez Mateos
Narrativa
Editorial Amarante, 2020

Por MARIFÉ SANTIAGO BOLAÑOS

El relato mítico no es evasión o engaño. Bien al contrario, es el depositario de un universo de sentido que si aflora y se comparte da forma al espacio de lo común, crea lo que llamamos “cultura”. Sin embargo, ese archivo activo de deseos, de decepciones y esperanzas puede ser manipulado en reescrituras que destierren su valor y lo acaben sustituyendo por eso que, en su ambivalencia, llamamos “tradición”. En casos extremos, y son, desafortunadamente, frecuentes, ese poder que el relato mítico lleva en sí, el que hallaría con facilidad universal aquello que nos une y no lo que, sin tener que hacer demasiado esfuerzo, sabemos que nos separa; en casos extremos, digo, la fuerza psíquica que el mito posee, la ritualidad que subyace al relato, la ceremonia que da vida y continuidad a dicha ritualidad, se pierden. Se pierden y se olvidan. El olvido del ser, se ha dicho en Filosofía. Melancólica tarea, entonces, la del pensamiento que, primero, no se zafará de ese anhelo de amor que intuye, siente y, sin embargo, no tiene. Melancólica tarea porque no es en el aquí mostrenco donde está aquello que, sabe, ha de restituir, mediando la razón, porque para hallarlo tendrá que limpiar los escombros de un mundo que esconde la grandeza. Es necesaria la fuerza de la creación, del arte. Esa certeza arrastra la mitología, en el mejor de los sentidos, como memoria ancestral que teje pasados y los hace un ahora vanguardista protector del porvenir.

El País Vasco ha tenido momentos recientes de dureza extrema. No se circunscribían a su geografía pues lo que salía a la superficie era centro de un dolor colectivo, de un miedo y una frustración endémica a los que condujo ese relato de desolación que en Europa, en España, en Euskadi y el mundo grabó con violencia el siglo XX. Contra las paredes de la historia, retumbaba un alarido de impotencia que buscaba, en algún lugar acaso inexistente y ya lejano si alguna vez estuvo, la salvación, la posibilidad, el tiempo. Un “tejido matria” que amparase a los seres humanos huérfanos tras la “imposición patria” que decretaba la abolición de los afectos y, como escribe María Zambrano que ha de ser la vivencia democrática, impedía mirarse en los ojos de los demás sin temor. Sostener la mirada es una señal atávica de reto violento o de seducción amorosa; así de contradictorios son los ojos. Aunque quizás esa dicotomía, ese amparar por igual la luz como acoger la sombra, es la forma de mirar los detalles, de suspender la tradición heredada y dejar que los ojos se hundan entre los brazos de la cultura desde la que se ha dado forma a tal tradición con esa urgencia aceptada que las herencias simbólicas imponen.

Eduardo Blázquez y Errikarta Rodríguez sostienen la ingente tarea de ser una suerte de homeros dispuestos a la liberación propia y ajena, sin miedo a la libertad. Recordemos que el nombre griego lleva inserto un corazón “rehén” y, bien al contrario, Eduardo y Errikarta saben que libertad y belleza son palabras idénticas que solo se diferencian por el contexto donde son dichas. Tomarán, en invisibles lacrimatorios de cristal, las lágrimas de Romeo y las lágrimas de Julieta y las dejarán depositadas en la tierra de las mejores ilusiones, esa que se parece al sueño creador y acaba siendo jardín de concordia. Resignificar los mitos, sostenerlos en el tiempo y dejarlos que polinicen de paz el espacio de lo común, hermoso conjuro.

Nada que abandonar en el camino. Salvo la soledad exigida, la ocultación impuesta y, desde luego, la intolerancia que tan infelices llevan haciendo a los seres humanos desde el ille tempore de la mitología…

El amor que mueve al Sol y las demás Estrellas. Euskadi y Gredos, los lugares del sol y las demás estrellas. Llueven, escuchando ya la llegada de la primavera, estas lágrimas de Julieta y de Romeo, para que no se separen nunca…

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