Notas sobre ‘AZCA’, de Alba Flores Robla

Un momento de la presentación de ‘AZCA’ en la librería Tula Varona. Fotografías: Eloísa Otero.

Reproducimos el texto leído por Sergio Fernández Martínez en la presentación de “AZCA”, el nuevo poemario de Alba Flores Robla, que tuvo lugar en la librería leonesa Tula Varona el pasado 21 de abril de 2021.

NOTAS PARA LA PRESENTACIÓN DE AZCA

Por SERGIO FERNÁNDEZ MARTÍNEZ

Buenas tardes a todos y muchas gracias por venir.

Es para mí una alegría poder presentar este libro y acompañar a Alba en un día tan especial y en un sitio tan especial como Tula Varona, al igual que especial es su nuevo libro, AZCA, editado por Yago Ferreiro para Ediciones Venera, un sello del Colectivo Laika, y en colaboración con Mr. Griffin.

Para quienes no la conozcáis, Alba Flores Robla nació el 28 de diciembre de 1992 y el 21 de abril de 2021 está presentando su nuevo libro, AZCA, aquí, con nosotros; afortunados que somos. En este lapso de tiempo, no tan largo, vivió en Madrid, vivió en León, vivió en Villarrodrigo de Ordás y vivió y vive en el corazón de todos los que la queremos, que somos muchos.

El libro, AZCA, que vio la luz hace unas semanas, ya se ha convertido en uno de los favoritos de la generación, ha sido reseñado en diferentes medios, como Zenda, le han hecho un sticker de WhatsApp viral y está a punto de salir a la calle la segunda edición. Las lecturas de Rosa Berbel, David Refoyo, Luna Miguel, Guillermo Marco Remón o Javier Calderón, compañeros de generación de Alba, han señalado cómo la suya, la de Alba Flores es una auténtica personalidad literaria, cómo buscan en ella su voz particular, su forma de contar, de recordar, de sentir; esa mirada íntima que nos ofrece, a caballo entre lo autobiográfico y lo ficticio, que es una de las características esenciales de su poesía. Esa voluntad radical, con la que Alba elabora su mundo propio, la ha convertido, como digo, en una personalidad literaria precisa y reconocible.

Su editor, Yago, nos recuerda que «Alba Flores Robla es una de las voces más impresionantes de la poesía española reciente. Y también una de las más huidizas». A este respecto, me gustaría recoger también las palabras de Yago respecto a la publicación de AZCA. Yago define AZCA como «un libro que he tenido la suerte de leer antes que nadie y de editar antes de que Alba triunfe como se merece; un poemario de amor granítico, de asfalto y ausencia, pero también de bosques que crecerán en algún lugar, sin que podamos verlos. Un libro que nos va a venir bien después de tanta bruma».

No debemos olvidar que AZCA es el cuarto libro de poemas de Alba, pero el primero tras el exitazo de Digan adiós a la muchacha, con el que ganó el premio Adonáis en 2017, y el Ojo Crítico de Poesía en 2018. Previamente, Alba había probado suerte editando Tu hueco supraesternal en la plataforma de autoedición de Amazon y, más tarde, publicó Autorregalo en Ediciones en Huida. Estos cuatro libros, a excepción de Tu hueco supraesternal, pueden encontrarse en librerías, en bibliotecas y son muy recomendables. Y digo esto, aparte de para animaros a comprarlos, leerlos y regalarlos, porque AZCA se instala en esa trayectoria vital y poética que va revelando su presencia y nos permite guiarnos siguiendo el rastro de lo no visible; porque Alba demuestra, a lo largo de su obra poética, cómo no se necesita lo extraordinario para hallar el deslumbramiento, sino que en el día a día cotidiano también hay misterio. Y ella lo traduce en un lenguaje llano, legible, sencillo, para todos.

Algunos lectores que ya han podido leer el libro han observado como temas principales de AZCA la levedad del amor juvenil, la percepción del paso del tiempo en el tránsito hacia la vida adulta y la mirada que observa con atención la cotidianidad. Son cuestiones que ya aparecían en Digan adiós a la muchacha. En mi ensayo sobre la poesía leonesa y la colección Adonáis, publicado por Eolas este mismo año, comento precisamente que ese libro se construye sobre una decidida estética naíf, pero se mantiene y se sustenta en un hondo lirismo que trasciende la superficie textual. Yo creo que uno de los grandes logros de Alba es precisamente renovar un tópico tradicional como es el tempus fugit y si lo consigue, en parte, creo que se debe a que no se limita al entorno más inmediato, a la materialidad física de nuestro siglo, sino que se sirve de materias comunes, fruto de ese proceso vital compartido por todos, que articulan las reflexiones centrales de su poética. Y a ello le acompaña una conciencia muy determinada que surge de la memoria y que tampoco se muestra vacilante al proyectar sus dudas ante un futuro incierto.

Esta mirada personal, juvenil (o incluso infantil) si se quiere, y ese tesón en mantenerla, es, como digo, una de las claves poéticas de Alba. En esa mirada se vislumbra la vivencia interior de la formación de los instintos, la fuerza del sentimiento amoroso, como un flujo de energía que ve, absorbe y transforma la realidad. Este es, de momento, el gran tema poético de Alba. Un tema que soporta las diferentes elaboraciones de cada libro, donde la madurez se va imponiendo con el paso de los años.

Entre el público, los editores de los sellos leoneses Eolas, Mr. Griffin y Ediciones Menguantes.

INVOLUCRAR AL OTRO

Así, Alba ha estructurado AZCA como un tratado sobre el amor: primero, un aviso (un memorable aviso, diría yo) a los lectores; le sigue una introducción; más tarde un marco teórico; luego un estudio principal y finalmente termina con las conclusiones. Concuerda entonces con esa equivalencia entre escribir poemas e imaginar geografías, un espacio similar a una habitación donde entran las visitas, se observa por la ventana, se espera a alguien y se siente la inquietud de lo que está por venir. Esta disposición del texto no hace sino interpelar al tú, al otro, a convertirlo en personaje del libro, y establece con él un diálogo que reverbera en el ámbito de la intimidad. Creo que esta voluntad, la de involucrar al otro, le sirve a la voz lírica, a la protagonista de los poemas, para vivirse a sí misma interiormente. Es esta la apuesta poética de Alba, la que perfila y ajusta el tono del poemario, sus imágenes, sus recursos, sus temas y su estructura; un acercamiento en ocasiones titubeante, tembloroso, y en ocasiones directo y violento a la sencillez, a la imaginación y a los diferentes matices del sentimiento amoroso.

Comentaba antes que Digan adiós a la muchacha supuso un éxito literario, tanto por el eco alcanzado entre los lectores como por el reconocimiento a nivel crítico e institucional del libro (ambas cuestiones, por cierto, nada sencillas de suceder simultáneamente) y, a su vez, en ese poemario aparecen las características de ese mundo tan personal y tan poético, porque lo es, de Alba Flores. Esas mismas características, moduladas por un nuevo eje temático, otorgan un nuevo sentido a la realidad. En AZCA hay momentos inocentes, momentos de timidez, pero también momentos de descaro que insisten en esa formación de una mirada propia. Y, como agazapadas, aparecen otras claves que conducen los pasos por los que nos guía el poemario: las contradicciones, el deseo, la soledad, el desengaño, el diálogo con los otros y con uno mismo.

Y sobresale también la tensión que crea el hueco, el hueco que regula los diferentes ámbitos amorosos de AZCA. Es el hueco una imagen que sobrevuela todo el texto y que, por un lado, denota una negociación con el tú poético y, por otro, construye un espacio de quietud y recogimiento, construido más allá de la pérdida o de la no consecución del amor. Esta cuestión es perceptible desde el comienzo y el final del primer poema, el poema que abre el conjunto, y del que leo la primera estrofa:

Solo habrá texto.
Solo habrá gente que llora frente al texto.
Seguro que mueven la cabeza hacia los lados,
insisten, repiten en voz baja,
no, no, no, no
yo habría hecho las cosas de otra manera.

Y también los dos versos finales de ese mismo poema: «¿Dónde estarás tú / cuando eso pase?». Esto nos permite distinguir las múltiples dimensiones de la poesía de Alba, donde no se da nada por hecho, ya que nada se encuentra escrito en un solo plano, sino que se conjuga en varias capas a la vez. A su vez, esto repercute en otros aspectos de su poesía, pues al leer sus poemas terminamos aceptando que la realidad puede presentarse bajo múltiples formas. Por otro lado, está la elección de las palabras. Mientras leía AZCA, me venía a la cabeza una carta de Pere Gimferrer a Leopoldo María Panero, donde dice que «en poesía, es más importante la palabra “manzana” que la palabra “soledad”». En AZCA, efectivamente, aparece la palabra «manzana» (un par de veces, por cierto), la palabra «bicicleta», la palabra «cabaña», la palabra «uva» pero no la palabra «soledad».

Pero yo creo que es mejor que nos acompañe ella en esta lectura y que todos podamos ver cómo en AZCA el amor se convierte en la gran experiencia vital y el poema se convierte en el medio de introspección en el que el yo se encuentra simultáneamente con los otros y consigo mismo. Como lectores, podremos así descubrir la perspectiva y la realidad de una mujer que se identifica con su sujeto poético e histórico y hace de su mundo lírico un espacio concreto y singular en el que florece todo un mundo de juventud. En AZCA no hay símbolos desgastados, no hay metáforas manidas, sino un progresismo inédito del amor vital, del amor poético.

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