Cuando el destino nos alcance

Luis Grau Lobo, director del Museo de León, publica su quinto artículo de la serie veraniega de opinión “Ovejas eléctricas”.

Por LUIS GRAU LOBO

Mediada nuestra visita al León de 2121, la agencia de excursiones futuristas ‘El dormilón’, fundada, por supuesto, en 1984, ofrece un tour a través de algunas obras magnas consideradas BIC (Bien de Interés del Cosmos) y ‘Patrimonio Humano de Aquí mismo’. Conformado el grupo que acepta el ofrecimiento, nos lanzamos a ello con el ansia que caracteriza a los viajeros del tiempo.

Gracias al teledesplazamiento (modelo Trekkie 2101) nos plantamos en Ponferrada en un pispás cuántico para contemplar el rascacielos chaparro que fue elegido ‘Edificio deforme de la creación aborigen’ en la última sesión de la UMESCO. A su alrededor han surgido imitadores, provistos de almenas y torrecillas, en el estilo denominado ‘neotemple’, rivalizando en esa categoría sin alcanzar tan afamada horridez. Kilómetros más allá, se nos da a contemplar enorme boquete de antiguas canteras del siglo XX. En aquel entonces la obra visitada eran las minas romanas, pero como todo el mundo se fijaba en el atentado paisajístico que suponían las modernas canteras, se cambió la protección a estas para no perder ese punto de interés. El turismo manda. A Santiago de Peñalba no se puede llegar, la señal del Trekkie 2101 no alcanza.

De regreso a León, paramos en el yacimiento arqueo-virtual de Lancia, solo visible in situ gracias a antiparras de recreación, pues los restos siguen bajo tierra, unos excavados y otros no, como los pimientos esos. Cerca, otros lugares antiguos yacen bajo carreteras no menos antiguas que sirven para señalizarlos: allí donde pasa una, hay.

Como la Catedral ha sido prestada a una exposición temporal, San Isidoro sigue cerrado por obras y los cuadros de los Reyes leoneses se exhiben en el Museo Heraclio Fournier de Vitoria, rematamos el itinerario en el MUSAC, siglas del Museo Arqueológico Contemporáneo, dedicado a examinar con lupa binocular la época de la que procedemos y, por ese motivo, objeto de gran interés para el grupo. Nada más entrar me separo discretamente para recrearme en la nostalgia observando lo que ha quedado o se ha recogido de las primeras décadas del XXI: cascote de las Torres Gemelas cedido por el TT Museum of Springfield, un tiesto con una planta seca de Doñana, un quinto marca ‘Ayuso Beer of Freedom’, el calendario de Putin con el torso de Putin, un monigote de Trump con el pelazo de Trump, la Troika europea bailando un sirtaki, la captura de pantalla de un tuit homófobo y una mascarilla con estampado de los Tercios. Al fondo, una video instalación repite el gol de Iniesta con la conocida alocución regia: «Lo siento mucho… no volverá a ocurrir», se titula «Why don’t you shut up? 5». Sobre la pantalla, una foto de Corinna dedicada a los republicanos españoles. Hay más cosas, pero me falta ánimo. Para combatir los rostros compungidos, a la salida nos aseguran que visitaremos el Museo de Arte Arrebatadoramente Contemporáneo (MUSAAC) ubicado en el Estadio de Fútbol ‘Reino de Amilivia’.

(Publicado en La Nueva Crónica de León el 8 de agosto de 2021)

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