‘Tierra de Campos infinitamente’, de Jorge Praga / «Tan cerca, tan lejos»

Tierra de Campos infinitamente
JORGE PRAGA
Fotografías de Manuel Abejón
Ed. Difácil, 2021

El escritor vallisoletano Luis Marigómez reseña el último libro de Jorge Praga, aprovechando que se presenta este martes 14 de diciembre en las salas de exposiciones de El Albéitar (León) a las 20,15 horas, y el miércoles 15 en la Biblioteca de Castilla y León (Valladolid), a las 19,30 horas. El autor estará acompañado, en ambas presentaciones, por el fotógrafo Manuel Abejón.

TAN CERCA, TAN LEJOS

Por LUIS MARIGÓMEZ

Hay lugares que generan mitos por sí mismos. Al cabo del tiempo son, a partir de sus gentes y su espacio, heroicos, terribles, o lugares turísticos, todo a la vez. Tierra de Campos, aquí mismo, entre León, Palencia, Valladolid y Zamora es una zona bien definida, al margen de las divisiones administrativas, cargada de historia y abandono, que cumple con creces esas condiciones.

Hay algo de bibliografía sobre ella, pero no mucha, quizá el libro más notable hasta ahora sea ‘Tierra mal bautizada’ (1969), de Jesús Torbado, texto demoledor que acentúa el carácter trágico de esa tierra. Ahora, en medio del debate sobre la despoblación rural y sus inevitables transformaciones, con el peligro cierto de que muchos municipios están a punto de desaparecer, Jorge Praga entra en el territorio sin prejuicios, sin hoja de ruta definida, a ver qué encuentra. Los hallazgos son prodigiosos, por su mirada, la digestión posterior de lo que ve, y por la región en sí.

Hay tres recorridos que se alternan. De un lado, el diario de viaje, donde se cuenta lo que ven los viajeros, pueblos casi vacíos, de una extraña belleza, con sus edificios levantados literalmente de la tierra, con adobe y tapial, a menudo semiderruidos. Otra pata es el contraplano de esa mirada, la voz de unos cuantos habitantes de allí que cuentan lo que les parece, el antiguo esplendor de los campos llenos de cereal; las transformaciones que trajo la mecanización del campo; la huida a la ciudad en busca de un sueldo fijo; las diferencias entre jornaleros, a menudo llegados de Galicia, antaño, y terratenientes. Las ganas y desganas de cambiar las cosas. El tercer apartado bucea en las huellas que la historia y el arte han dejado en esa meseta, es quizá el más fascinante, por la cantidad de riquezas que atesora, a menudo ignoradas y mal atendidas, de la Capilla de los Benavente, en Medina de Rioseco, al museo de Alejo de Vahía en Becerril de Campos, pasando por las pinturas de Pedro Berruguete en Paredes de Nava, etc.

Esta trenza de acercamientos al territorio da lugar a un retrato poligonal de múltiples caras. Ya no vale la mirada fatalista de Torbado. Hay muchas más consideraciones que tener en cuenta. La falta de prejuicios y el buceo concienzudo presentan una tierra compleja, con problemas acuciantes, en una decadencia larga que no tiene visos de resolverse en breve, pero también un lugar al que merece la pena no solo acercarse, sino detenerse a preguntar, a charlar con sus gentes, con posibilidades de abrirse camino mostrando sus tesoros, bastante ocultos hasta ahora, aprovechando las nuevas tecnologías, cuando terminen de llegar, sus recursos naturales, su tierra áspera, pero también fértil si se la trata como corresponde, su aire diáfano, sus cielos abiertos…

Las fotos de Manuel Abejón son la otra cara del recorrido. Muestran las bellezas de los lugares, fachadas de iglesias, campos que se pierden en el infinito, palomares, cielos luminosos o amenazantes… pero también las heridas de la modernidad en esa tierra vieja, metales descoloridos que sustituyen a maderas, seguramente podridas cuando las retiraron, ruinas de despoblados, de castillos, de torres, estaciones de tren abandonadas… De nuevo el polígono de muchos lados sobre el que no cabe lanzar una afirmación simple.

En todo caso, no es la pretensión del libro solucionar los problemas de los también llamado campos góticos, ni glorificar su pasado para lamentarse del presente, sino solamente entrar allí, perderse, dejar hablar a sus gentes, y hacer ver que hay mucho más y más complejo de lo que aparece a primera vista, sin llegar a conclusiones, en todo caso, con el propósito de abrir preguntas.

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