MANUEL OLVEIRA: “En Muero todos los días hay mucho viajar, caminar, ir de un lado al otro, pero no se va a ningún sitio”

Portada del libro.

Por CAMINO SAYAGO

Manuel Olveira ya tiene reunido al completo Muero todos los días, la serie encadenada que publicó por entregas con Manual de Ultramarinos entre 2013 y 2021.  Eolas Ediciones recoge ahora el testigo y publica el poemario con las cuatro partes en las que se divide este recorrido vital que discurre en paralelo a los ocho años que pasó en León, al frente del MUSAC. La presentación tiene lugar este lunes 13 de diciembre en el Teatro El Albéitar (León) a las 20:15 horas y el autor estará acompañado por el editor, Héctor Escobar y por el poeta y escritor José Luis Puerto.

Ahora ya alejado del MUSAC, Manuel Olveira presenta Muero todos los días en León, la ciudad que dejo el pasado mes de junio para acometer una nueva travesía. Otra muy diferente a la que emprendió con estas escrituras que crecieron a lo largo de ocho años, de la mano de Manual de Ultramarinos. Cuatro libros, publicados bianualmente hasta 2021 y con un mismo título, que recorren diferentes tiempos, relacionados con el origen, la memoria, el deseo, el trabajo, el arte, el museo. Tiempos que se van y vuelven cíclicamente, que se superponen entre sí y a los que se superpone el propio tiempo de la escritura.

Ahora, reunidos por Eolas Ediciones, “se revelan como un registro experiencial y emocional de las luces y las sombras de un tiempo (los años en la dirección del MUSAC), un estado de ánimo (el malestar contemporáneo), una edad (la madurez y el preludio de la vejez), una impresión que se vuelve certeza (la derrota individual y colectiva), una condición (la subalternidad sexual y de clase) y un empoderamiento (la capacidad de elaborar y enarbolar el fracaso)”.

– ‘Muero todos los días’ concluye con esta edición especial de Eolas el trayecto que iniciaste en 2013. ¿Cómo percibes ya desde la distancia el camino recorrido?

– La publicación de Eolas, que recoge los cuatro libros que fueron saliendo en Manual de Ultramarinos, cierra una fase que comenzó en 2013. Desde la distancia, pienso que la actividad de escribir en general, y en particular la que se vuelca en Muero todos los días, es un continuo con cortes o marcas temporales derivados de las fechas de inicio y fin, pero también de los cortes bianuales resultado de los tiempos de la escritura (2013-2014, 2015-2016, 2017-2018 y 2019-2021) y de los tiempos de la publicación (2015, 2017, 2019 y 2021, respectivamente). Los cortes temporales ayudan a estructurar lo que discurre revuelto, tal y como la escritura también ayuda a dar forma a lo informe o lo indómito del día a día.

– Como único autor de la colección Rue des Solitaires de Manual de Ultramarinos, publicaste un libro cada dos años. ¿Cómo surgió la idea?

– Como ya conté otras veces, este proyecto escritural nace de accidentes y pérdidas. Cuando vivía en Barcelona a principios de 2013, la muerte de mi ordenador y la destrucción de su contenido me dejó sin los textos ya escritos y sin los que estaban en proceso. Sólo se salvó la novela Todo el tiempo del mundo y el proyecto elaborado para el concurso de dirección del MUSAC. La casualidad o la causalidad hicieron que a mediados de ese año me trasladase a León y que la novela fuese publicada por Libros de Rocamadour. Tenía que empezar de cero porque la novela que había empezado nueve años atrás ya estaba publicada y otros textos que había comenzado habían desaparecido. Volver a escribir en una ciudad donde el capital literario es tan grande fue muy estimulante, sobre todo cuando entré en contacto con los Ultramarinos. De esas pérdidas y de esos estímulos nació el proyecto.

– Las cuatro entregas toman su título de la primera epístola a los Corintios, ¿Por qué la elegiste?

– El título sale de la primera epístola de San Pablo a los Corintios en la que habla del amor como fuerza fundamental, y más concretamente del capítulo 15 en el que habla de la resurrección de los muertos. Suelo escribir tomando palabras o frases oídas en la calle, escuchadas en el cine o leídas en libros que luego voy amasando al escribir. Creo que la referencia Corintios 15:31-33 ayuda a entender algunas imágenes poéticas del libro y remarca también la deuda cultural que me define. No es casual que en los libros de Manual de Ultramarinos aparezca que fueron impresos “con la pulpa del papel de libros de viejo de Catulo, Bernal de Bonaval, Lispector, Pizarnik, Rhys, Proust y otros”. Son palabras impropias que se me antojan propias y, además, apropiadas para dejar hablar a una identidad conformada inquietantemente por presencias ajenas.

– Tuvieron el mismo título, pero no exactamente el mismo tratamiento formal…

– Al principio el proyecto fue intuitivo y se fue perfilando con más claridad a medida que se iba haciendo. Evolucionó un poco: los temas y las imágenes de los cuatro libros son los mismos, aunque hay diferencias. Los primeros son más fragmentarios y los últimos formalmente más unitarios. Al principio el cuerpo y la sensualidad están más presentes y luego gana presencia la propia escritura como tema.

– ¿Qué cambios has introducido en esta edición de Eolas?

– El paso del tiempo parece que exigía revisar los cuatro libros, pero no reescribirlos. Entre el primero y el cuarto hay una evolución que debía quedar patente pero también obligaba a pulir y afinar algunos textos, sobre todo en el primer libro donde eliminé un par de textos y los sustituí por otros que tenía en los cuadernos y que no había utilizado en la primera versión. También afiné un poco los demás y modifiqué algo las particiones, especialmente en los dos primeros libros. En ningún momento me planteé reescribir los libros porque consideré importante que quedasen casi igual, como testigos de esos años.

Sombra de Manuel Olveira. Fotografía: M. Olveira.

– El tiempo parece fundamental tanto en la novela de 2014 como en el poemario de 2021…

– Sí, en ambos libros el tiempo es fundamental, aunque con un enfoque diferente o complementario. En Todo el tiempo del mundo parece que se aspira a la generosidad auroral del tiempo infinito y pleno, mientras que Muero todos los días parece que asume el tiempo finito del ocaso. Son la cara y la cruz de lo mismo. Formalmente hay diferencias, pero en ambos libros están los mismos temas, el mismo tono salmodiado, las repeticiones y las recurrencias, por ejemplo.

– En el poemario abordas distintos tiempos, entre ellos el tiempo de la memoria y el tiempo de la escritura. Tú lo defines como el diario de un temporal.

– Diario y temporal se refieren a algo relativo al tiempo (un diario es un continuo que parece no tener fin mientras que, al contrario, temporal es algo que dura por un tiempo), pero también aluden respectivamente a un relato o libro y a una tormenta o inclemencia. Todas esas acepciones me interesan porque apuntan a temas presentes en general en mi escritura (en casa de mis padres encontré un poemario inédito de los años noventa que se titulada precisamente Temporal) y en concreto resumen muchas de las imágenes que están ahora en Muero todos los días.

– Además, según tus propias palabras, concibes este diario como “un registro de la experiencia y de la emoción de un tiempo, de un estado de ánimo, de una edad, de una impresión, de una condición y de un empoderamiento”.

– En el libro se ve que son facetas que se abren paso unas a otras o que se superponen, se funden y hasta se confunden. La poesía permite hacer todo eso. Por ejemplo “…Saltando sin red // el principio era / un sueño abierto / al camino // Un sendero / un texto de partida / inaugura el tiempo // sin líneas divisorias / delante y detrás / Escribir // adivinar / qué se ha soñado”. Las diferentes imágenes del riesgo, el origen, la partida, el camino, el texto, la escritura, lo indiferenciado, lo desconocido y otra dimensión coexisten en esas pocas palabras que, como la voz presente en el libro, regresan “… al temporal / diario que se da / a leer”. En el libro hay mucho viajar, caminar, ir de un lado al otro, pero no se va a ningún sitio. Parece que siempre que se va, se retorna a la infancia. Al querer ir hacia delante se vuelve a lo secular, a lo que pasa, al temporal de todos los días y también al relato que se da de todo ello.

– El proceso de envejecer es un tema central, pero también hay otros, como las raíces, el deseo. Y se entremezclan tu propia voz y las voces de los otros.

– En una entrevista, una periodista me preguntó por esos otros temas que ella identificaba como obsesiones. Le respondí que el tiempo es fundamental en el libro y que además hay otros temas recurrentes, aunque yo no diría que son obsesiones sino posesiones. Escribir es delimitar un territorio propio. En el mío están la infancia, el paisaje o el jardín, la pérdida, el naufragio o el hundimiento y el viaje, el precipicio o la caída, por ejemplo. Y eso que considero mío, a veces está escrito o alentado por palabras ajenas que ponen sobre la mesa una identidad entendida como un proceso poroso, un conflicto irresuelto o una inestabilidad fundante.

– Gran parte del contenido de los cuatro libritos procede de las anotaciones que hacías en cuadernos, e incluso en billetes de tren, relacionadas con tu trabajo o tu vida personal. ¿Es un procedimiento que utilizas de forma habitual?

– Siempre llevo conmigo un cuaderno, un diario para dar cuenta de lo temporal y de los temporales. Me pasé años escribiendo en los ratos libres, tanto en casa como en los trenes.

– Lo que escribes tiene que ver con lo que pasa. ¿Cuentas lo que puedes contar?

– Recuerdo, cuando viajé a Stuttgart para preparar la exposición de José Luis Castillejo, el impacto que me produjo leer en sus diarios depositados entonces en la Staatsgalerie que él tardó muchos años en entender lo que había escrito en The Book of i’s publicado en 1969. Siempre hay algo remiso en lo escrito que tarda mucho en dejarse ver. Aunque ahí esté todo, tarda en mostrarse o tardamos en verlo. Tardar, retardar, posponer y prometer que se contará una historia es algo que hago en mi escritura, aunque al final no se cuenta nada. Es el tiempo de contar lo que cuenta. Dicho de otra forma, entre el decir y lo dicho, lo que cuenta es el decir, el modo del decir. Es la radical brillantez de John Cage en Lecture on Nothing (1959): «No tengo nada que decir y lo estoy diciendo y eso es poesía como la necesito». Por otra parte, como ya comenté en otras ocasiones, se cuenta todo pero no se explica nada.

Manuel Olveira. Fotografía: Juan Luis García

MÁS INFORMACIÓN:

Muero todos los días 2013-2014

Muero todos los días 2015-2016

Muero todos los días  2017-2018

Muero todos los días 2019-2021

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