Manuel Olveira: “Lo que escribo tiene que ver con lo que me pasa. Es como un registro de eso que llamamos vida”

Manuel Olveira. Fotografía: Juan Luis García

Por CAMINO SAYAGO

El pasado 1 de julio el sello editorial Manual de Ultramarinos presentó, con el secretismo que le distingue, sus novedades estivales, publicadas en la colección Rue des Solitaires. Entre ellas “2015-2016. Muero todos los días”, el segundo poemario de Manuel Olveira, director del MUSAC. Una especie de “diario” de lo cotidiano en el que se intercalan diferentes tiempos que se superponen al propio tiempo de la escritura.

El restaurante campestre El Molín, de Javier Emperador, en Villaquilambre (León), fue en esta ocasión el escenario de la presentación. “Los cuatro y el viejo” del niño Darío Marcos, en la colección Vivir del Cuento y “Librastrófilos” (volandera número 10), dedicada a los vagabundos por Bruno Marcos, son junto a “2013-2014. Muero todos los días” de Manuel Olveira, las nuevas publicaciones de los traperos del tiempo. Este segundo libro de Olveira enlaza con el anterior, “2015-2016. Muero todos los días”, que se presentó en León el 23 de enero de 2016. En ambos casos, tal como subraya, no se trata de un poemario, sino de una serie de escrituras que dan cuenta de sus primeros cuatro años en León: los dos primeros años de su trabajo al frente del Musac y los dos siguientes.

– Es tu segundo poemario y también la segunda parte de un libro que comparte además título “Muero todos los días”. Un título muy existencial, tan complejo como la vida misma. ¿Un diario emocional?

– Lo que escribo tiene que ver con lo que me pasa, con lo que pasa ante mis ojos y mis experiencias, con lo que me atraviesa a muchos niveles y con cómo reacciono ante todo ello. En ese sentido es como un registro de eso que llamamos vida. De hecho, el primer libro tiene el mismo título que el segundo. Solo se diferencian por las fechas. “2013-2014. Muero todos los días” se corresponde con los dos primeros años en León y “2015-2016. Muero todos los días” con los dos siguientes. Juntos, los cuatro años, son mis cuatro primeros años de contrato en MUSAC. En este tiempo, además de hacer mi trabajo profesional, he trabajado en una serie de textos o, más exactamente, de escrituras (pienso que a lo que yo hago habría que llamarlo escritura más que literatura o poesía) que son como una especie de “diario”, en el que se intercalan diferentes tiempos: el tiempo del origen, de la memoria, del deseo, del trabajo o del ámbito profesional que se superponen al propio tiempo de la escritura.

– En la presentación con Manual de Ultramarinos hablaste de los contenidos, temas y formas del libro. ¿Cuáles son?

– La presentación tuvo lugar el pasado 1 de julio y en ella hice algunos comentarios de estos asuntos entretejidos con lecturas del libro. Intentaré hacer ahora lo mismo. El primer tema es el yo, la voz que explora la conciencia y el mundo, la mirada personal que se asombra perpleja ante la dimensión más desconocida de lo cotidiano. No es el yo unitario y seguro de la modernidad, sino un yo diluido, escindido y problematizado que manotea entre el desorden para no naufragar entre los espantos y las maravillas cotidianas que quedan apuntados como en un diario.

Esa idea de registro cotidiano queda clara desde el primer escrito “Hoy / hice algo / de lo que no / me siento orgulloso”. Puede parecer confesional, pero no lo es, o no exactamente, sino que es una forma de hablar de cuestiones difíciles e incluso vergonzosas. Es la forma más extrema de decir la verdad respecto a algunas zonas de sombra o puntos de fuga de la vida. Además, esa primera “escritura” describe la forma de los textos. Primero sale una palabra, luego dos, luego cuatro… hasta formar una especie de triángulo que evidencia la timidez y el borboteo de las palabras al salir con dificultad. A esos espacios de sombra sólo se accede de lado, como una cuña y con muchas dificultades (“Con lo que callo / escribo”).

Muchos escritos tienen forma de triángulo o de cuña y muchos otros se repiten (“Cuando no hablo / la gente nota que no hablo / Cuando hablo / la gente no nota que hablo”) invirtiendo la forma porque al repetirse se genera algo contrario o diametralmente opuesto (“Lo que quiero / sacar de ellos / es / lo que quiero / sacar de ellos / de mí”).

El libro, en general, habla de esas dificultades que proceden de diversos ámbitos -que a veces se anudan- tales como el origen (“Miro al mar / y me salpica  / la infancia…”), las raíces (“Vengo  / del murmullo / de las aguas / del fluir de los ríos / porque no reconozco / la tierra / me deshago / de ella / y ahora / en completa oscuridad / tropiezo contra las piedras”) o la memoria (“… y tropieza / con el dolor / de ser lo que era”). Es por ello que hay un escrito referido a mi padre (“Tu odio / por mi amor / padre / Mi odio / por mi amor”) y otro a mi madre (“Recuerdo /perfectamente / el día que yo / delante de mi madre / decidí vivir”). Ese tiempo de la memoria siempre es punzante (En la guerra / el silencio / es siempre señal / de peligro / Callando / llegué aquí / y aquí estoy / en el musgo seco / esperando agua”) pero visto como una superación (“Pego el oído a la tierra hundida / que insiste en levantarse / y respirar).

También hay temas que provienen del deseo (“O un accidente / o una caída / o un atropello / o un choque / o una tormenta / o un presagio / que abra las fuentes / y las haga brotar”), de la insatisfacción (Hoy / rodeado / soy una ventana / que chupa luz / y nunca se sacia”), del trabajo (“ … Camino del juzgado / maldigo / como quien va a parir / y no pare / porque no encuentra / la mueca de gritar”) y hasta de la forma de escribir estimulado por palabras o frases leídas o escuchadas en los lugares más cotidianos y banales (“… toda una vida / de hablar otra lengua / la de otros / es una vida / forzada / y confusa / es una voz / que habla / con otra voz / es la mía…”).

El inicial tema del yo y de la voz propia se anuda a este otro tema: las voces de los otros que se integran en la de uno y la de uno que se confunde con la de los demás. Esas voces, esas letras, esas vidas, que no me son propias, o que no lo son desde el punto de vista de la originalidad y la exclusividad, son también mi voz, mi letra y mi vida y me ayudan a expresar detalles sencillos y a la vez complejos de un yo trastornado y problemático.

Manuel Olveira. Fotografía: Juan Luis García

– En esta ocasión das continuidad al anterior “2013-2014. Muero todos los días”. ¿Cómo han sido estos cuatro años en León y cómo ha influido la ciudad en tu escritura?

– Esta forma de escribir -pesada, reiterativa, exigente para el lector, llena de trampas y cargada de múltiples referencias venidas del arte, la filosofía, las canciones de misa, los anuncios publicitarios o las películas de la hora de la siesta los domingos por la tarde- ya estaba en mi novela “Todo el tiempo del mundo”, editada en 2014 por Libros de Rocamadour en Santiago, y en el primer libro publicado por Manual de ultramarinos en León. Creo que la ciudad no me ha influido en la forma de escribir, pero sí en la decisión de hacerlo y, sobre todo, de hacerlo públicamente. Yo llegué en 2013 en medio de una tormenta que se llevó muchas cosas por delante, pero también trajo otras: desde el primer momento fue un placer vivir aquí, trabajar en el museo y compartir vinos con los amigos. Son ellos, y el ambiente de la ciudad, quienes me han estimulado a hacer público lo que antes se acumulaba en libretas y cuadernos. Sigo teniendo la misma sensación que el primer día: estoy en el lugar y en el momento que me toca vivir y vivo -y escribo- tanto sus luces como sus sombras cotidianas.

– Porque insistes en que no es ni poesía, ni literatura…

– La literatura es lo conocido, es la profesión que tiene una historia, es el ámbito que tiene unas reglas, unos oficiantes, unos ritos y unos profesionales. Es algo delimitado que, incluso, tiene reglas para el juego y  redes de seguridad. Desde mi perspectiva lo que hago no tiene reglas, es más espurio, más rasposo, es una forma de ajustar cuentas con la vida, incluso de jugármela. Es, en palabras de Barthes, el texto de goce que resulta diametralmente opuesto al texto de placer. La literatura asegura e integra, la escritura desestabiliza y desarraiga. Me gusta ser un extranjero, un amateur, un diletante, y quiero seguir siéndolo.

– El tiempo vital en toda su amplitud se solapa con el de la escritura, ¿Alguna vez confluyen?

– No lo sé. Son dos tiempos unidos que a veces se juntan y otras se separan. Pero están íntimamente unidos. El uno da cuenta del otro y cuenta a los demás la perspectiva que veo desde algunos oteros, desde mi otero. Cada persona se construye su espacio para habitar, su perspectiva para hablar. En la medida en que ese espacio sea personal, nadie podrá arrebatárnoslo, ni el sistema, ni los oficiantes, ni los profesionales de ningún ámbito.

– “Hoy / cabe la posibilidad / de que sea demasiado tarde”. Es un inicio duro, oscuro. Pero a medida que se avanza en la lectura se cuela la claridad: “La vida es un regalo / que en algún momento hay que devolver”. ¿Es una forma de expresar sentimientos como el fracaso, la pérdida e incluso la aceptación?

– Creo que la pérdida estaba más en el primer libro que se corresponde con la entrada en la madurez biológica. Este es más luminoso. Lo veo formalmente más complejo y depurado. En todo caso, es verdad que en todo el libro se percibe un encuentro con esas zonas de intimidad y de vergüenza (“… que oculté / porque era pecado / y ocultarlo / también lo era”), una lucha contra las dificultades (“Cuando el temporal ruge a las puertas / y lo encharca todo / no se puede avanzar así / yendo simplemente / sino bramando / contra la oscuridad / que nos cerca”) y, sobre todo, una exploración de esas zonas de silencio en las aguas estancadas de la vida (“Callé la muerte / callé el dolor / callé el deseo…. Con lo que callo / escribo”). Este “Con lo que callo / escribo” se repite dos veces en el libro. Se insiste en las dificultades de nombrar y de hablar y de escribir a las que aludía al principio de la entrevista. Escribir cuesta.

– A lo largo del libro, repites “Con lo que callo / escribo”. ¿La escritura funciona como catarsis?

– No lo creo. Es una forma de elaborar lo que no se entiende, lo que no tiene sentido. Es una forma de hacer y de seguir haciendo porque la actividad creativa y el trabajo es lo que verdaderamente tiene sentido.

– También hay notas de humor y surrealismo: “No era el cielo. Era el reflejo de una bolsa de plástico azul en la ventanilla”. Parece la frase de un superviviente…

– Ya comenté antes que todo el libro habla en cierta manera de la superación. También el primero, en el que escribí hace unos cuatro años: “ … soy un muerto / que tercamente se niega a morir”.

:: MUERO TODOS LOS DÍAS (2015-2016)

Este nuevo poemario de Manuel Olveira ha sido publicado por Manual de Ultramarinos (Sociedad Secreta de Traperos del Tiempo). Este libro ha sido editado con la pulpa del papel de libros de viejo de Catulo, Bernal de Bonaval, Lispector, Pizarnik, Rhys, Proust y otros… El impresor y tipógrafo Ocramalliv utilizó tipos de la familia Garamond. Se terminó de imprimir en los talleres El Tintero (León), en la primavera de 2017. La colección Rue des Solitaires está coordinada por el trapero Larsen. Al cuidado de esta edición ha estado el ultramarino malabia.

Información relacionada:

Acerca de Camino Sayago

Periodista leonesa

Deja un comentario y fírmalo con tu nombre o no saldrá

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: