La exposición ‘Entes’, en el Reina Sofía, recupera para Aurèlia Muñoz el espacio que merece

Aurèlia Muñoz en el Museo Reina Sofía. ‘Libros aéreos’ (Papel hecho a mano y varillas de madera).

Coincidiendo con el centenario del nacimiento de Aurèlia Muñoz se celebra la exposición retrospectiva más ambiciosa que se ha hecho hasta la fecha, en la que se recorren todas las épocas, todas las técnicas y todos los materiales con los que trabajó la artista catalana. Se muestran una gran cantidad de piezas inéditas, sobre todo sus dibujos, y se la reconoce como figura clave en la renovación del lenguaje escultórico textil del siglo XX. La exposición puede verse en el Reina Sofía hasta el 7 de septiembre de 2026 y en otoño viajará al MACBA, a partir del 5 de noviembre.

Por GERARDO LÓPEZ LÓPEZ
@gerloplop

Aurèlia Muñoz, como otras muchas artistas, tuvo a lo largo de su carrera más reconocimiento internacional que dentro de nuestras fronteras, seguramente por el hecho de ser mujer y de desarrollar prácticas artísticas vinculadas a lo textil, que, en el contexto profundamente machista del sistema del arte español en la segunda mitad del Siglo XX, se vinculaban más a las “labores domésticas” que a las prácticas artísticas. Con “Aurèlia Muñoz. Entes”, la exposición retrospectiva que han organizado de forma conjunta en Museo Reina Sofía y el MACBA de Barcelona, queda en evidencia la extraordinaria importancia de esta mujer creadora que renovó el lenguaje escultórico, investigo materiales, se relacionó con las principales vanguardias europeas y anticipó en sus obras algunos asuntos que hoy están de plena actualidad en el relato artístico: la relación con el medioambiente, la existencia humana y de los seres no humanos, y el diálogo entre lo ancestral y lo contemporáneo.

Aurèlia Muñoz, trabajando, en una imagen retrospectiva.

Lejos de ser una figura menor, fue una de las escultoras textiles más innovadoras del siglo XX y participó en la renovación internacional del Fiber Art y de la Nouvelle Tapisserie. También expuso en espacios y bienales muy relevantes, como la Bienal Internacional del Tapiz de Lausana, y más tarde museos como el MoMA incorporaron obras suyas a su colección permanente.

Parece que, por fin, en su centenario, nuestras instituciones artísticas más relevantes han prestado atención al legado de esta mujer, contando además con el extraordinario trabajo que desde el Archivo Aurèlia Muñoz desarrolla su hija Sílvia Ventosa y con la investigación llevada a cabo desde la Fundació EINA, que actúan como comisarios de la exposición. Cabe mencionar aquí a la Galería José de la Mano que en estas últimas décadas ha mantenido viva la memoria de la artista en la escena artística y en el mercado, a través de exposiciones, llevando sus obras a las principales ferias de arte contemporáneo y haciendo posible que el trabajo de Aurèlia Muñoz esté presente en importantes colecciones particulares e incluso en la del Reina Sofía. 

Aurèlia Muñoz en el Museo Reina Sofía. ‘Ondulaciones’ (Bordado de lana y algodón sobre arpillera de yute). Collection Provinciehuis Noord-Brabant’s-Hertogenbosch. Fotografía: Fátima Sanz.

“Entes”, el título de la muestra, ya dio nombre a una serie de la artista en los años sesenta y, según el equipo de comisarios, “es el hilo conductor de todo su trabajo porque Aurèlia Muñoz contempla todas sus obras como seres híbridos, sin género, con presencia sintiente, con alma, como una entidad sensible, como entes en definitiva”, como afirma Manuel Cirauqui, director científico de la Fundació EINA y uno de los tres curadores de la muestra, que recorre 50 años del trabajo de Muñoz a través de más 150 piezas.

El recorrido por las seis salas de la exposición es una inmersión en el universo creativo de la catalana en la que destacan, por supuesto, sus grandes estructuras escultóricas de macramé anudado, sus emblemáticas esculturas y piezas cosidas, anudadas o tejidas, hechas de yute, sisal y algodón, muchas de ellas de gran tamaño y las estructuras aéreas y móviles que ella denomina Pájaros-cometa o Aerostatos, realizadas en los años ochenta y que recuerdan a los ingenios de Leonardo da Vinci y que prácticamente no había vuelto a verse desde que en 1982 protagonizaron una exposición en el Palacio de Cristal del Parque del Retiro de Madrid.

Aurèlia Muñoz en el Museo Reina Sofía. Pájaros-cometa. Foto: G. L.

Otra de las prácticas artísticas de Aurèlia Muñoz que llaman la atención en la muestra son sus bordados de los años sesenta, con los que, según señalan los comisarios de la exposición, “reinventa la pintura con puntadas que asemejan a las pinceladas, en grandes telas con elementos inspirados en los tapices del Renacimiento, con figuras mitológicas, personajes interespecie y sin género definido, que le acompañarán el resto de su carrera”.

Estos grandes tapices —algunos se pueden ver por primera vez ya que forman parte de colecciones privadas o del propio legado de la artista— son fascinantes y te atrapan con el despliegue de imaginación, colorido y personajes fantásticos. Pero también sorprende por su dificultad técnica y perfecta ejecución.  

Aurèlia Muñoz en el Museo Reina Sofía. Tapiz. Foto: G. L.

El dibujo es una de las grandes sorpresas de esta muestra ya que la mayoría son inéditos y revelan que era una dibujante muy dotada y que practicó esta técnica a lo largo de su vida, bien como parte de sus procesos creativos y en otros casos como obras en sí mismas.  Estos dibujos, que se verán por primera vez, contienen ya los seres o entes que poblarán toda su obra, así como las formas que darán lugar a las grandes instalaciones. Especialmente en la sala de los grandes Pájaros-cometa, aunque hay dibujos en todas las salas, se puede contemplar un impresionante conjunto de dibujos que testimonian los procesos mentales, el universo cultural y las influencias artísticas de Muñoz. La gran mayoría, realizados con bolígrafo negro, tinta china de colores o acuarela sobre cartulina blanca u hojas de cuaderno y realizados a lo largo de los años sesenta, setenta y ochenta principalmente, se pueden ver por primera vez gracia al exhaustivo trabajo de investigación y recuperación del equipo curatorial de “Entes”.

Otro aspecto bastante poco conocido de la obra de Aurèlia Muñoz son los trabajos que desarrolló en pasta de papel, que fabricaba ella misma, y que tomaron la forma de grandes instalaciones, en algunos casos, o en obras escultóricas que llamó Libros aéreos; estas piezas nos hablan de la importancia que los libros tuvieron en la carrera de la artista, no solo como soporte del conocimiento sino como objetos en sí mismos. Con el papel, al igual que con el resto de los materiales con los que trabajó, desarrolla una serie de investigaciones y aprendizajes que la llevan a experimentar con distintas técnicas y a profundizar en los procesos de fabricación de la materia con la que crea sus piezas. Incluso llegó a estudiar en profundidad las técnicas tradicionales japonesas de fabricación de papel a mano.

Aurèlia Muñoz en el Museo Reina Sofía. Jeroglífico (Papel hecho a mano y teñido por la artista). Foto: G. L.

También sorprende en la muestra, al menos a los que prácticamente solo conocíamos de Aurèlia Muñoz sus grandes esculturas de macramé, el universo submarino que se despliega en una de las alas y que responde al profundo conocimiento que la artista tenía del fondo del mar a través de una de sus grandes aficiones, el buceo. Estas obras están creadas en las décadas de 1980 y 1990, y muestran una serie de entes marinos, realizados en papel fabricado a mano, que hacían referencia a juncos, anémonas, algas, escamas o caracolas; todas estas piezas están realizadas en papel hecho a mano y teñido por la artista en vivos colores. Algunas de ellas están metidas es cajas de metacrilato que funcionan como una especie de peceras. En otras utiliza la técnica del tejido en las que el papel funciona como un telar y en todas ellas la preocupación por explorar la ligereza y la fragilidad que la acompaña hasta el final de su vida.

Aurèlia Muñoz en el Museo Reina Sofía. ‘En entorno marino’. Foto: Fátima Sanz.

El archivo es otro aspecto importante en esta exposición ya que en distintas vitrinas a lo largo de la muestra y sobre todo en la sala 3 de la misma se recogen desde colecciones personales hasta maquetas, bocetos y fotografías de sus obras y exposiciones, que reflejan su gran capacidad de organizar y planificar. Además, gracias al trabajo del taller de restauración del MACBA se han recuperado algunas de las frágiles y delicadas maquetas de los Pájaros-cometa, reconstruidas a través de documentación y fotos históricas. En ellas se constata que Aurèlia Muñoz empleaba en ocasiones técnicas propias de la ingeniería y la arquitectura para el diseño de sus proyectos y en ocasiones contaba entre sus colaboradores con profesionales de estas disciplinas.

Aurèlia Muñoz en el Museo Reina Sofía. Escultura de macramé. Foto: G. L.

Las fuentes de inspiración de Muñoz no solo venían de otras artistas con las que estaba en contacto y cuyas carreras seguía, sino también de las artes populares y en estos archivos se pueden ver objetos de su colección particular, piezas de cestería, cerámica, indumentaria tradicional o tejidos y que alimentaron muchas de sus obras bordadas y de macramé.

Aurèlia Muñoz en el Museo Reina Sofía. ‘Homenaje a Jerónimo Bosco’ (1971)

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