Manuel Olveira se estrena en la poesía con “Muero todos los días”

Manuel Olveira, durante la presentación. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

Manuel Olveira, durante la presentación. © Fotografía: Eloy Rubio Carro.

A los editores, autores y seguidores de “Manual de Ultramarinos” les gusta el secreto, y este sábado 23 de enero, como de costumbre sin avisar a casi nadie, presentaron en uno de sus locales preferidos –la librería de viejo ubicada en la calle leonesa Cantareros 3— las nuevas publicaciones del sello que dirige Juan Carlos Carvajo y en torno al cual hay poetas y artistas como Bruno Marcos, Jorge Pascual, Eloy Rubio Carro, Mario Paz, José Luis Puerto, Tomás Sánchez Santiago

En esta ocasión se presentaron tres obras: el primer libro de poemas de Manuel Olveira, director del Musac (quien hace apenas un año publicó también su primera novela, “Todo el tiempo del mundo”), titulado “Muero todos los días”; una hoja “volandera” de Mario Paz y un díptico con dos poemas inéditos de Antonio Manilla. Nos hacemos eco de la nota publicada en astorgaredacción.com:

Redacción / astorgaredacción.com

El sábado 23 de enero se presentó en Cantareros (León) el libro de poemas ‘Muero todos los días’, cuyo autor es Manuel Olveira, y la ‘Volandera’ relacionada con un viaje que realizó Mario Paz a los cementerios de Europa, ambos publicados en “Manual de Ultramarinos”. Se regaló a los asistentes un díptico con dos poemas de Antonio Manilla, el segundo de ellos dedicado al desnudo azul ultramarino. Amenizó la presentación Juan Luis García, músico y fotógrafo que interpretó a la guitarra obras de Villalobos, Ginasterra, tal vez A. Lauro, etc.

Mario Paz leyó fragmentos de su ‘Volandera’ acerca de las ‘Tumbas de poetas y escritores’, un artículo que nace de la costumbre de fotografiar las tumbas de los escritores y poetas que yacen allá donde Mario quiera viajar.

Manuel Olveira dijo de sus poemas que no eran literatura, pero que sí se trata en su caso de escritura “con una gran cantidad de determinación y de implicación”. “Esta implicación personal –continuó diciendo– proviene de lo íntimo como un lugar desde el que explorar lo colectivo y evitando el regodeo solipsista y el ejercicio confesional… Intentando explorar el abismo que media entre la realidad y el deseo, entre lo que es y lo que uno cree que es… en un momento de la vida en el que se descubre el engaño o el autoengaño y que por ello tiene que hacerse el ejercicio de la pérdida de esa ilusión… momento en el cual  asistimos al descrédito de uno mismo, del entorno y a la necesidad de redefinición personal”.

El título con dos fechas, 2013-2014, se corresponden con el año y medio que Manuel Olveira lleva en León: “Ese título se completa con una cita de Corintios que dice: ‘Muero todos los días’“. Referencia a esos cincuenta años “que te avocan a una realidad vital distinta”, o “a los amores que creías que eran y ya no son, los amigos que creías que estaban y no estaban ahí, o al lugar en que creías que estaba la vida y estaba en otra parte; es ese engaño final en el cual todavía se cree formar parte de la madurez, pero que realmente te conduce a otra situación…”, explicó Oliveira.

El libro no siempre está en este nivel de seriedad que comenta, pero “arranca con una primera tralla de seriedad”, a modo de frontispicio que es “Hágame el favor / sálveme la vida” y acaba con una última frase que dice: “El único hombre que podría salvarme ha decidido no hacerlo”. Entre uno y otro confín se describe “esa situación de pérdida, de naufragio como la que puede definir a modo de ejemplo este otro texto: ‘Va la barca sola / en el ocaso  // Zarpo / seguro / hacia el desastre’”. “El fracaso, la pérdida, el cambio de situación, de aceptación del auto engaño aparecen constantemente en multitud de los textos…”.

En el poemario, en alguno de los poemas más largos se introducen “toques camp” que pretenden distender la seriedad que tiene el libro, “aparecen esos toques en los textos en los que se intenta expresar la manera en que uno se engaña”: “Sueño / que encuentro monedas /  sobre una tierra / en la que nacen tréboles”…

“Así se llega a una consciencia de lo que uno es….”: “Soy un muerto que tercamente se niega a morir”, proclama Olveira en uno de esos versos existenciales, lo que le da “una cierta dosis de agencia o empoderamiento, asunto que se manifiesta en muchos de los textos: “En mi vida / ni vencida / con tanto viento / nunca cambió / de dirección”.

“Situación de consciencia del lugar que se ocupa, pero acomodo o aceptación ante la nueva situación en la que  se es capaz de hacer y ser”: “Me he quedado / como una sombra / que me acompaña / y guarda”.

Y con esta guarda en la que uno se encuentra con un nuevo ser o un nuevo estado de la vida es con lo que se cierra este libro…

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