Txomin Requeta Jerez gana el certamen de relatos ‘Letras de Lucha’

Txomin Requeta Jerez (izquierda), ganador del certamen ‘Letras de Lucha’, en el momento de recibir el primer premio de manos de Pedro Gómez García (derecha).

El I Certamen de Relato Corto ‘Letras de Lucha’ ya tiene ganadores. «La despedida», de Txomin Requeta Jerez se llevó el primer premio, mientras que «El vampiro» , de Óscar Martínez Abalo, resultó finalista. A esta primera edición optaron un total de 20 relatos válidos (que cumplían las bases). Reproducimos más abajo los dos relatos premiados.

El Salón de Actos de CCOO de León acogió el jueves 24 de febrero la entrega de premios del I Certamen de Relato Corto ‘Letras de Lucha’, una iniciativa de Jóvenes de CCOO que pretende instaurarse en el tiempo para aunar cultura y reivindicación, incentivando la creación literaria de la juventud leonesa.

Al acto acudió el ganador, Txomin Requeta Jerez, que recibió un primer premio de 500 euros por su relato titulado «La despedida», y un diploma acreditativo que recibió de manos de Pedro Gómez García, secretario de Juventud, Cultura y Movimientos Sociales de CC.OO. de León. Txomin Requeta Jerez es un joven de 19 años que reside en Madrid, aunque sus raíces familiares se encuentran en San Feliz de Órbigo (León).

También se desveló el nombre del finalista, Óscar Martínez Abalo, un joven residente en El Bierzo que no pudo asistir a recoger su premio, consistente en una colección completa de ‘Libros… a Cuentagotas’ (Eolas Ediciones), compuesta por nueve libros de otros tantos jóvenes autores vinculados a León.

En el certamen de relatos —cuya temática de fondo, según las bases, debía versar sobre «la situación económica, laboral, formativa o psicológica de la juventud en la provincia de León»— actuaron como jurado a Nuria Antón, Eloisa Otero y Juan Carlos Lorenzana.

La entrega de premios estuvo amenizada por el dúo vallisoletano Ley Mostaza —que conjuga los aspectos juveniles, culturales y reivindicativos con letras picantes y descaradas—, y en el acto se leyeron los relatos ganador y finalista, que reproducimos a continuación:

«LA DESPEDIDA»

por TXOMIN REQUETA JEREZ

‘LETRAS DE LUCHA» / PRIMER PREMIO 

A San Feliz de Órbigo, mi pueblo

No sabe cómo explicárselo. Los días, lentos e inmóviles, no le han dado una respuesta, no le han ayudado. Ahora se lamenta de haberlo dejado para el último momento, cuando el golpe será brutal, insalvable.

El sonido que hacen las ruedas de la maleta contra el pavimento llena la calle, se enreda en las casas y por último choca contra los rincones que han visto crecer a Pablo. El chico trata de grabar cada detalle de aquel lugar en su mente, pues sabe que cuando vuelva ya no será el mismo. Ve las marcas de tiza en un muro gris, agrietado, que les ha servido a sus amigos y a él de portería durante tantos años; y el banco de madera carcomida donde besó a Patri por primera vez; y el edificio abandonado del que oían salir ruidos extraños por la noche; el huerto yermo del difunto Pedro, en otro tiempo abarrotado de berzas, tomateras, maíz y trigo; y las columnas de lúpulo extendiéndose hasta el horizonte, donde jugaban al escondite; y el lavadero, y el caño… Recuerda todo esto y sonríe: al fin y al cabo ha tenido una infancia feliz.

Y, sin embargo, aún no sabe cómo explicarle a Richi que se marcha. Durante la última semana se ha ido despidiendo de los pocos vecinos del pueblo, y todos se han mostrado, en apariencia, conformes y alegres con su decisión, cada cual deseándole lo mejor a su manera. Pero no ha encontrado palabras con las que decírselo a Richi, al que ya ve al fondo de la calle, una sombra diminuta a esa distancia que, por el contrario, es tan importante para Pablo.

Porque los últimos años, cuando allí ya no quedaba ningún otro rapaz, Richi ha sido la única compañía que ha tenido. Porque cuando los otros, a finales de agosto, marchaban a sus respectivas ciudades, vaciando el pueblo de risas y de vida, Richi estaba allí para Pablo y Pablo estaba allí para Richi.

Es por eso por lo que, cuando la figura se hace más y más grande frente a sus ojos, las piernas le empiezan a flaquear.

A la salida del pueblo hay un par de bancos puestos en fila. Dos señores, con sus respectivas boinas bien calzadas y sendas mantas a cuadros, están sentados en ellos, y parecerían estatuas de no ser porque al ver pasar a Pablo levantan una mano en su dirección a modo de despedida. Pablo corresponde el gesto y sigue andado hasta que, a pocos metros de los bancos, se detiene donde está Richi esperándole.

Sin mediar una palabra entre los dos, Richi se pone a inspeccionar la enorme maleta que su amigo lleva consigo, la cazadora en el brazo derecho, la sonrisa triste que le pone. Entonces baja la cabeza. Pablo se agacha un poco. Y en vez de explicarle, en vez de hacerle entender que allí ya no hay sitio para él, que aquel momento tenía que llegar, que le duele tanto como a él pero que así es la vida, que volverá siempre que pueda y tantas cosas más, acerca su cabeza a la de Richi y se pone a llorar.

Después le da las gracias por los momentos que han pasado juntos, por ser su fiel compañero de soledad. El otro le responde con un sollozo tenue, cansado.

Y antes de que Pablo se vuelva a levantar y abandone el pueblo, lleno de miedo y nostalgia, Richi le mira a los ojos por última vez y le pega un lametón de los suyos. Como deseándole suerte. Como diciéndole que lo entiende.

«EL VAMPIRO»

por ÓSCAR MARTÍNEZ ABALO

‘LETRAS DE LUCHA» / FINALISTA

Esta ciudad es un vampiro. Se hunden en mi cuello sus colmillos de carbón marchito. Cada noche espero su llegada, tumbado en la cama, mientras en el techo se conjugan sueños inalcanzables y la promesa incumplida de un futuro mejor, lejos de aquí. Se tumba junto a mí. Su piel es fría. En cada poro puedo sentir la respiración ahogada de todos los que se han quedado por el camino, aplastados por un espejismo de progreso que jamás llegó.

El vampiro me acaricia la cara. En la firmeza de su gesto imbuye en mí la furia silenciosa de quienes se vieron en la obligación de abandonar el hogar (o lo que quedaba de él) en busca de una vida mejor. Algunos lo lograron; otros volvieron, y ahora merodean bajo la capa del vampiro, con la esperanza de encontrar algo que les haga aferrarse a la posibilidad de un mañana.

El vampiro ríe. La desesperación que respira en la piel de cada una de sus víctimas no es más que otro apetitoso manjar para él. Pero su risa es débil, lánguida; una sombra de lo que antaño fue. Le odio, pero no puedo evitar compadecerle. Al fin y al cabo, unos colmillos de carbón ya no valen demasiado aquí.

Sostengo la respiración y trato de escapar de sus garras. Me encantaría alejarme de este vampiro; quizá abandonarle a su suerte y pasar mis días con algún otro monstruo más joven y atractivo. Sé que ninguno me hará sentir a salvo, claro, pero podría juntarme con alguno cuyos mejores días no hayan pasado aún. Miro a los ojos del vampiro y solo puedo pensar en cómo era antaño, cuando sus cabellos eran rubios y el carbón de sus colmillos aún significaba estómagos llenos y expectativas. Mientras gimotea postrado en la cama, me aparto con la esperanza de poder, por fin, alejarme. Quizá vuelva junto a él en algunos años, y quizá entonces traiga conmigo la cura que le devuelva a sus días de gloria, o la estaca que ponga fin a su eterna agonía. Después de todo, el ocaso de esta ciudad parece inevitable. Incluso un vampiro debe morir.

El dúo vallisoletano de punk lírico tradicional Ley Mostaza (formado por Inés Moss y Laura Tazza) cerró el acto de entrega de premios con sus canciones.

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