
Por LUIS GRAU LOBO

No es posible contar la historia de un pueblo entero y, si se intenta, el relato deja insatisfechos a unos y enfadados a otros, por no aparecer o hacerlo de forma distinta a como se perciben. La solución es tan antigua como la propia narrativa: se escoge un héroe. Un héroe no tiene por qué ser «heroico» en el sentido primero de la palabra, puede ser simplemente un personaje que sobresale por algún motivo, no siempre virtuoso, no siempre ejemplar; un héroe es un protagonista, el actor primero, el representante. Lo sabía Homero (quien quiera que fuera o fueran Homero) cuando escogió a Odiseo-Ulises, un tipo artero y superviviente que, sin embargo, cae simpático desde el principio. Porque es humano, no como Aquiles.
Viene esto a cuento (o no), porque estos días se habla mucho del franquismo a propósito del medio siglo de la muerte del tirano, su rememoración y el origen y causas de la guerra civil que lo llevó al poder y sobre cómo explicarle esto a nuevas generaciones entre las que se cuece simpatía por el fascismo una vez más. No debería ser complicado mostrar los valores que sustentan una democracia más allá de las miserias de sus políticos, no debería ser difícil entender que mucho de lo que hacemos se vería limitado o prohibido por un sistema diferente, que muchos de nuestros vecinos o nosotros mismos lo pasaríamos muy mal y el país sería peor, mucho peor. Nada comparable a los casos de corrupción, las contiendas políticas o las negligencias.
Existen formas directas y visuales de entenderlo, y una acaba de aparecer, coincidiendo con este turbio aniversario, en una lata entre los papeles de una familia, como aparecen a veces las cosas: sorpresivas, a tiempo y reveladoras. Una grabación inédita descubierta por el cineasta Manuel Menchón en el archivo de Gonzalo Menéndez Pidal muestra al poeta Federico García Lorca de gira teatral, representando a la noche con un atuendo que emociona por su radical modernidad de hace casi un siglo. Entre esas imágenes de apenas unos segundos, como diseñadas para TikTok, y lo que sabemos de su destino se resume la historia de este país en aquel momento.
Un joven genial al que admiró el mundo en la plenitud de su creatividad, con toda la potencia del futuro comprimida en un instante que morirá asesinado en una cuneta. La sonrisa divertida y deslumbrante de Lorca entrevista a través de la ventanilla trasera del vehículo que se aleja del espectador preludia una despedida definitiva como hacen los gestos que interpretamos cuando es demasiado tarde. Su alegría cada vez más alejada, su entrega ambulante al teatro, nuestra certeza de un país sepultado después en una noche real que no acabaría hasta muchas décadas después ofrecen la imagen nítida de lo que pudo ser y no fue. Desde su fusilamiento Lorca siempre ha sido un símbolo. Estas imágenes reviven el sentido de esa personificación con toda la fuerza del relato colectivo que encierra la personalidad del héroe.
* Nota: El vídeo en RTVE:
(Publicado en La Nueva Crónica de León el 23 de noviembre de 2025)
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