«Paisajes inventados», del fotógrafo Carlos Pérez, en el MARCA de Cacabelos

Fotografía de la serie «Paisajes inventados», de Carlos Pérez Llorente.

El Museo Arqueológico de Cacabelos (MARCA) acoge este verano, hasta finales de agosto, la exposición «Paisajes inventados», del fotógrafo y artista leonés Carlos Pérez, un conjunto de catorce obras transferidas a dubond, realizadas en 2026. La inauguración tendrá lugar este miércoles 15 de julio a las 11 horas. / Acceso gratuito. Horario: Domingo y lunes cerrado. Martes a viernes, de 9 a 15 horas, Sábado: de 10 a 14 horas,

Por LUIS GARCÍA MARTÍNEZ

El Departamento de Arte y Exposiciones del ILC, presenta la muestra “Paisajes inventados”, en el MARCA, Museo Arqueológico de Cacabelos. La propuesta se inscribe en una de las líneas estructurales de trabajo que vertebran el departamento, la de aproximar el arte contemporáneo a las localidades de la provincia de León por pequeñas que sean. En este caso el ILC colabora con el Ayuntamiento de Cacabelos y el museo MARCA para presentar esta muestra en sus instalaciones, una cooperación imprescindible y fundamental que crea lazos que facilitan el desarrollo de proyectos culturales de gran interés. La propuesta se centra en el trabajo del fotógrafo Carlos Pérez que nos presenta un conjunto de catorce obras transferidas a dubond, realizadas en este año. 

La serie “Paisajes inventados”, supone un cierto giro en relación a otras etapas de su trayectoria, aunque subyacen estructuras comunes, niveles de conocimiento subterráneos que afloran de forma inmanente. Así el paisaje de la naturaleza vuelve como referencia esencial, aunque es un paisaje muy diferente. En este paisaje natural surge la luz frente a la oscuridad y tenebrismo anterior, pero también la esperanza, el sosiego, la paz, la tranquilidad y un cierto equilibrio emocional. Al mismo tiempo se renueva y hace presente en estos acuosos, atmosféricos y elegantes paisajes, ese efecto enigmático y misterioso de sus dibujos iniciales, pero en esta ocasión se muestra con una gran sutileza y delicadeza, generando en el espectador una duda más que justificada en relación a la posibilidad de la existencia real de estos paisajes, imágenes estimulantes y evocadores que nos subyugan por su atractivo simbólico y carga espiritual con un componente enigmático y misterioso que emerge con frescura ante el hecho de descifrar si estamos ante una realidad, o ante una manipulación o simulación de esta, o ante la superposición de varias realidades fundidas en un mismo plano por medio del reflejo de la imagen, o ante el reflejo de la realidad sobre la propia realidad que genera otra dimensión nueva que nos traslada a otros niveles de percepción.

Son obras que, en cierto sentido, nos evocan por su posible doble interpretación algunas imágenes de la serie “Hierba en la nieve” (1953-65) de Harry Callahan, el “Vigilante de la nieve” de Robés o “Desnudo” (1925) y “Alcachofa partida por el medio” (1930) del genuino Edward Weston, aunque mucho más próximo a Carlos estarían los bosques de Agustín Berrueta o algunas obras de José María Marbán. La descodificación del enigma y el juego participativo del espectador a diferentes niveles, se hace presente en estas piezas que solicitan una percepción y comprensión sosegada, meditada y reflexiva, una mirada limpia, nueva y virginal que nos aproxime a ese supuesto teórico filosófico que nos propone Carlos, ¿qué es la realidad?

Carlos Pérez Llorente.

Música, pintura, escultura, poesía y fotografía

Carlos Pérez nace en León en 1960 por voluntad materna, puesto que sus padres habían emigrado y vivían en París, donde cursa estudios primarios y de violín desde los tres años. En 1970 la familia vuelve a León y estudia el bachillerato en los Jesuitas siguiendo los estudios de violín hasta sexto en el conservatorio José Castro Ovejero. El violín, la guitarra y el lápiz se convertirán en sus útiles de expresión creativa infantil y juvenil. La efervescencia y dinamismo de la juventud y el desbordante ambiente musical de León de los años ochenta, con grupos como Cardiacos, Flechazos, Veredicto Final, Deicidas, La Fuga, Positivos, Fundación Odesa, Berlín Interior o Búfalo, le lleva a crear con amigos varios conjuntos con los que cantaba en pubs como el emblemático Garabatos, Hula Hula o en discotecas como Mitho´s o en algún programa radiofónico como “El Expreso” del innovador Mures. Su primer grupo será con Javier Martín y Fernando Ridruejo; posteriormente creará otro con Alberto Rodríguez López, actividad que abandonó pronto. La lectura es esencial en su formación, así en 2023 hace una incursión en el mundo poético con Eolas ediciones y su libro “Poemas de la Hora Muerta”. Carlos no se considera poeta, pero su interés por la poesía y su voracidad lectora le llevó a realizar esta recopilación de poemas escritos desde la juventud, como muy bien nos indica: “son poemas en los que se evidencian distintos momentos y vivencias que transitan entre la tristeza y la alegría que vienen habitando nuestros días”.

Después de cursar el COU estudió empresariales, siendo autodidacta en los medios creativos que utiliza: la pintura, la escultura, la poesía y la fotografía. Sus primeros dibujos tienen la influencia directa del surrealismo daliniano y de Magritte, al igual que ocurre en los trabajos iniciales de otros pintores como Emiliano Ramos, Félix de Agüero o Karlos Viuda. Algunos de sus dibujos se basan en una pura linealidad y una meticulosa ordenación arquitectónica, pero distorsiona la realidad de forma desconcertante alcanzando lo surreal y mágico. También reflexiona sobre la música con engendros monstruosos o surgen rostros que se desfiguran con elementos en un juego lúdico de mensajes con cierta moralina, obras donde el texto y el dibujo se articulan en una unidad. El sentido trágico y romántico de la vida también está presente en estos ejercicios. Emerge en algunos dibujos la influencia del cómic por medio de la organización del plano en un cierto viñetismo y sentido narrativo, cómic que estaba en pleno auge en León con figuras como Lolo o Martín. Toda una serie de experimentos puntuales en busca de un camino a seguir. En su pintura se interesa por el paisaje natural con carga melancólica, tomando en algunas obras como punto de referencia una cierta ingenuidad con tratamiento naif, por medio de la apropiación de textos y dibujos infantiles con la técnica del collage, sin abandonar ese territorio mágico. Se hacen presentes también sus impactantes imágenes en pintura y fotografía de bosques fantasmagóricos, tenebrosos y desolados, incluso calcinados, incidiendo en lo trágico en referencia al sentido ecológico, pero también como metáfora de la situación actual de la humanidad.

En el 2001 utiliza la fotografía pintada como un elemento de tensión en relación al propio concepto esencial de la fotografía, proponiendo la ruptura de la seriación de la imagen, seriación que anulaba el concepto de aura en la obra de arte según Walter Benjamín, recuperando así la noción de pieza única y aura al intervenir la fotografía. Es el caso de la obra “La Bestia” seleccionada en el “Premio de Pintura de Diario de León 2001”, que incorpora cierta carga barroca planteando la lucha simbólica del hombre por dominar la grandeza y potencialidad de la naturaleza.

La escultura supone un espacio minoritario que se vincula a relecturas tanto del dadaísmo como del surrealismo, partiendo de objetos existentes e inconexos entre sí, que se articulan por medio del encuentro casual, generando una volumétrica inédita, sorpresiva y plena de sugerentes evocaciones. Así en “Vuelo” de 2020, perteneciente a la colección del ILC, un residuo de tronco inerte de madera destruido por el tiempo, se combina con una nube de virutas de acero inservibles para construir una bellísima y sutil metáfora de intensa carga poética, referida a la libertad y simbolizada por un pájaro que no es pájaro, que inicia su vuelo librándose de las amenazantes redes del metal, evocación de las concertinas de las cárceles que hoy atenazan la libertad de la humanidad, un bello canto a la libertad.

‘Paisaje de la tormenta’. Fotografía de la serie «Paisajes inventados», de Carlos Pérez Llorente.

La fotografía como medio pictórico

Carlos Pérez ha obtenido su mayor proyección en el ambiente artístico leonés con el medio fotográfico, aunque siempre matiza, que para él, la fotografía es un medio pictórico. En relación a esta afirmación, deberíamos de tener en consideración las notables influencias y relaciones que se han producido entre estos dos medios desde los propios orígenes de la fotografía con los retoques, acuarelado de las imágenes o incluso los encuadres. Pero la influencia directa de la pintura en la fotografía, se evidencia e intensifica con el pictorialismo, influencia que se ha renovado en la actualidad con cierto entusiasmo con creadores contemporáneos de gran significación. Baste citar al excepcional fotógrafo Pierre Gonnord, piezas de influencia barroca por la utilización del efecto Rembrandt en el tratamiento de la luz; o las reinterpretaciones pixeladas de Ai Weiwei de pinturas esenciales de Francisco de Goya o Jacque-Louis David a partir de fotografías. Quizás el caso más emblemático es el de la fotógrafa Ouka Leele, artista que sentía la imprescindible necesidad de pintar sus imágenes con acuarela. También destaca el ejemplo de Carlos Saura, fundamental cineasta y magnífico fotógrafo, que en sus últimos años intervenía las fotografías desechadas transformándolas en verdaderas pinturas por medio de un intenso tratamiento de color. En relación a este tema, ya destacaba Javier Hernando Carrasco a finales de los noventa el sentido plástico y pictórico de algunas imágenes de Concha Prada.

Carlos Pérez con su amigo David Santaolalla y un pequeño grupo de fotógrafos comenzaron a reunirse en el bar San Isidoro para hablar de fotografía y cuestiones de cultura, de esta inicial tertulia surgió en 2010 el colectivo fotográfico “Legio VII Fotos”, un espacio de diálogo, investigación y experimentación. Tras algunas crisis, varias personas lo abandonan creando el colectivo “Diafragma León” en 2013. Este grupo será muy dinámico planteando propuestas expositivas abiertas a cualquier enfoque e incorporando un órgano muy significativo de expresión, una revista digital que también tiene su versión impresa pero solo para los socios y la biblioteca pública. En la actualidad el colectivo está integrado por: Ana Escribano, Andrea Nesty, Andrés López, Carlos Nestar, Chema Alonso, Cebolledo, Ealaiz-Eusebio Aláiz, Gonzalo Hervás, Javier García, Jesús López Triguero, Jesús Rodríguez, Joss W, Loli Martínez. M Carmen Verde, María Pulido, Mariana Garrido, Miguel Ángel Sánchez, Montse Álvarez, Óscar Roberto Lobato Sánchez, Paco Marqués, Tomás Garrido López, Belén Sánchez Campos y Carlos Pérez. El objetivo fundamental es intercambiar conocimientos y experiencias fotográficas, promoviendo la diversidad de miradas dentro del arte fotográfico y colaborando en diversas iniciativas solidarias (fotografías para el libro de Miguel Ángel Blanco Martínez ‘Tú también puedes’ o para la Asociación Española contra el Cáncer).

Carlos Pérez ha participado con el ILC en diferentes muestras colectivas y está presente tanto con escultura como con fotografía en los fondos de la colección del ILC. Carlos está integrado en el ambiente artístico leonés y mantiene relación con otros muchos creadores como Amancio González, Sebastián Román, Ramón Villa, David Santaolalla, Belén Ordoñez, Javier Robles, Juan Carlos Uriarte o el activo divulgador Pablo Martínez, entre otros. 

‘Paisaje del cielo arrobado’. Fotografía de la serie «Paisajes inventados», de Carlos Pérez Llorente.

Más de cincuenta exposiciones y algunos premios

Carlos Pérez Llorente cuenta con una amplia trayectoria de algo más de cincuenta exposiciones colectivas, individuales y diferentes participaciones en concursos de pintura y fotografía. Inicia su proyección pública en el año 2000 con el “I Premio de Pintura Diario de León” en el cual consigue un accésit. En el 2016, se produce un salto cualitativo cuando gana con la obra ‘Historia de una sombra’, el “II Certamen de Fotografía Urbana Contemporánea Leonesa”, certamen que se propone poner en valor y contribuir a la difusión de los espacios urbanos de la provincia leonesa, organizado por la Cámara de la Propiedad Urbana de León. “Historia de una sombra” es una pieza que muestra con claridad la excesiva grandilocuencia arquitectónica del edificio institucional de la sede de la Junta de Castilla y León. Surgen varias cuestiones de interés, en primer lugar, la relación directa de diálogo entre el espacio interior arquitectónico y el espacio exterior urbano con su componente humano, una escena tensa y desequilibrada en la relación entre la arquitectura y el hombre, entre lo artificial y lo humano, entre lo inerte y la vida. En segundo lugar, simbólicamente nos aproximaría al trabajo oscuro, silencioso y mudo, que se proyecta desde una institución a una ciudadanía alejada, distante y en el exterior, representada por la imagen minúscula tanto de la ciudad que se observa al fondo, como del personaje solitario que curiosamente parece alejarse, clara imagen del escaso reconocimiento y significación que las instituciones públicas dan, como estructuras de poder, al ciudadano. En la composición utiliza un encuadre vertical que intensifica ese significado del poder máximo, mientras se sirve de un sistema de reencuadres reticulares interiores dentro de la propia imagen, que permite al espectador realizar un viaje por la obra para centrarse en otros focos de atención que facilitan descubrir otras realidades e interpretaciones que en principio podría considerase aséptica, aunque no lo es. También en estos años surgen una serie de fotografías centradas en una visión muy singular de la naturaleza a través de la utilización del árbol como temática central. Imágenes sometidas a un máximo contraste, definidas en blanco impoluto y un intenso negro, hasta tal punto que desaparecen los matices, la gradación tonal de grises y la definición de las formas volumétricas para surgir ante nosotros únicamente la silueta plena e intensamente negra de esos horizontes protagonizados por árboles. Árboles desnudos, desangelados, melancólicos, incluso en ocasiones solitarios, como si de fantasmas se tratara. El árbol negro, el árbol incendiado, el árbol como símbolo de la muerte ante el irresponsable comportamiento del hombre frente a la naturaleza. Obras que sin duda interpelan e interrogan nuestra conciencia ecológica. En otra serie de fotografías tituladas “Paisajes mágicos” incorpora el color, si bien dentro de unas atmósferas densas, pero luminosas a la vez, tratando de imbuir a las obras de una cierta tristeza, que rezuman los árboles y plantas retratadas.

En 2017 Carlos Pérez expuso en el Museo de León la serie fotográfica titulada “… De la soledad” y explica: “habla de la deriva que vienen tomando los habitantes de las grandes ciudades arrastrados por la celeridad de los acontecimientos que les rodean en el día a día, deshumanizándoles y abocándoles a una soledad cada día más evidente». La propuesta es un conjunto de piezas en blanco y negro en las cuales reflexionaba sobre el aislamiento y la soledad del individuo en las grandes ciudades y en espacios de veraneo masificados como las playas. Lugares deshumanizados que han perdido el entramado de la coexistencia social, desencadenando la soledad e insolidaridad como ejes fundamentales de una sociedad sometida al trepidante cambio de situaciones y realidades del neocapitalismo actual. Una carrera alocada y vertiginosa dominada por las innovaciones tecnológicas que nos llevan a la pérdida de control de nuestra propia realidad y existencia. Innovaciones que desencadenan el desafecto, el distanciamiento y la frialdad en las relaciones humanas, convirtiendo a las personas en seres egoístas y carentes de empatía. Apunta muy acertadamente el artista: “En las grandes urbes, con miles de personas a nuestro alrededor corriendo de un lado para otro, nos hacemos invisibles”. En sus imágenes las personas se diluyen con su entorno, convirtiéndose en manchas inconcretas que se funden en el paisaje; las líneas de planos geométricos que se sobreponen en un primer plano, introducen el sentido atmosférico y espacial que metafóricamente aísla en diferentes parcelas a los personajes de la escena, quedando atrapados, indefinidos e inexistentes en una nueva realidad. En estas piezas experimenta con la tridimensionalidad y la espacialidad real, al incorpora dos planos que dialogan entre sí, generando una caja contenedora en la cual se superpone sobre la fotografía un esquema lineal, dibujado a modo de plano o cartografía, un punto más de inflexión en sus experiencias que proponen una ruptura con el concepto clásico de fotografía.

Profundiza con rotundidad y contundencia sobre los conceptos de soledad y abandono, al mismo tiempo que reitera las intervenciones con dibujo y pintura simulando cortinas, búcaros, desconchones en las paredes o copias fotográficas, en la exposición que presentó en la Galería Espacio E en 2023 y en el Claustro Abierto Capuchinos en 2024 titulada “Ya no queda nadie”. Aquí Carlos centra su mirada en esa España vaciada como consecuencia del inexorable éxodo que se produce por el sistema económico actual que genera la concentración humana desmesurada en grandes urbes, vaciando los pueblos y pequeñas localidades en busca de un medio de subsistencia. Como indica Carlos: “Es transitable pero angosto el camino del abandono; es pesaroso y soportable a la vez. La huida puede ser voluntaria, pero casi siempre es forzada por acontecimientos que nos desbordan como individuos. Hay lugares, demasiados ya, dentro de cada uno y a nuestro alrededor, en los que casi no queda nadie”. Imágenes terribles y desoladoras que muestran la pérdida inevitable de nuestro patrimonio vivencial, emocional y cultural, ante la inacción de las instituciones.

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