El odio

Por VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ
(Desde su blog: Mi vida en la penumbra)

Esta es la crónica de una sociedad que se desmorona y no sabe qué hacer para evitarlo.

Con estas palabras (o muy parecidas, no recuerdo la frase con exactitud) termina El odio (La haine, 1995), de Mathieu Kassovitz, una de las películas francesas más emblemáticas del fin del pasado siglo, que, analizada hoy con retrospectiva, en este preciso momento histórico, podría calificarse de clarividente y apocalíptica…

Kassovitz retrata con sutil ironía en su film a un sector de la juventud de las grandes urbes marginal y desclasado, enfrentado a los poderes públicos y el establishment, que busca razones y símbolos de identidad.

Magníficas interpretaciones (en especial la del joven Vincent Cassel), estupenda fotografía, situaciones extravagantes (como la del discurso del anciano de los servicios, para mí de lo mejor de la película), persecuciones frenéticas y diálogos inolvidables, además de un feroz mensaje de fondo (el mundo se desmorona), hacen de este largometraje una pieza de culto indispensable en cualquier videoteca.

Sin desperdicio de principio a fin, profética y ultraviolenta.

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