La obra infinita del poeta japonés Makoto Ooka… en una antología

El próximo jueves, 25 de octubre, se presenta ‘Memoria y presente’ (Editorial Vitruvio), la primera gran antología en español de la obra del poeta japonés Makoto Ooka, realizada por el pintor Yurihito Otsuki con la colaboración del poeta español Raúl Morales García. Será en la Fundación Japón de Madrid, a las 19,30 horas, con entrada libre.

El poeta japonés Makoto Ooka.

Por ELOÍSA OTERO

‘Makoto Ooka, plenitud y silencio’, se titula el prólogo de Yurihito Otsuki para la antología la antología ‘Memoria y presente (1956-2008), con traducción del propio Otsuki, que ha contado con la colaboración del poeta Raúl Morales García.

“Makoto Ooka nació en el año 1931 en la ciudad de Mishima, por donde corre el agua purísima del deshielo que baja desde el monte Fuji. Sin duda alguna, estamos ante una de las figuras más grandes de la poesía contemporánea (Gendái-shi) y de la poesía de posguerra (Sengó-shi) en Japón“, indica Otsuki en las primeras líneas de este prólogo, escrito en San Lorenzo de El Escorial durante la pasada primavera.

Un prólogo muy completo sobre la inabarcable trayectoria de este poeta del que, con más de 300 libros publicados, “se puede decir que su obra es infinita”, ya que comprende 22 libros de poemas, publicaciones de crítica literaria y arte, ensayos sobre los temas más diversos, obras de teatro, libretos de ópera o antologías y estudios sobre la poesía tradicional japonesa desde sus orígenes. Aunque también la labor y actividad cultural de Ooka resulta igualmente destacable, y ha quedado plasmada en diversas colaboraciones con museos y galerías que recogieron el nuevo arte y el influjo internacional que nació durante la posguerra en Japón.

“Desde que Ooka publicó su primer libro de poemas (Memoria y presente, 1956) y su primera obra crítica (Tesis sobre la poesía contemporánea, 1955), las ramas de su labor poética y literaria crecieron con vigor y se extendieron en el tiempo vertiginosamente, no solo en estos dos ámbitos, sino también en la esfera de otras manifestaciones artísticas, como las artes plásticas o la música, gracias en gran medida a su vasto conocimiento y a su conocida sensibilidad crítica”, apunta Otsuki, quien también recuerda cómo Ooka le decía siempre: “Soy poeta, nada más. No quiero que me definan de otra manera”.

Para dar idea de quién es Ooka, Otsuki cuenta, por ejemplo, cómo en 1979 comenzó a escribir a diario en la portada del periódico “Asahi” una ingente antología de formas poéticas tradicionales japonesas, como el waka, el tanka y el haiku, acompañada de un breve comentario. “La idea era que la mayor cantidad de gente posible pudiera disfrutar estos géneros de poesía corta japonesa, independientemente de qué noticia ocupara la portada del diario. Este trabajo (ori ori no uta, o sea “canción de cada día”) abnegado y muy bien recibido por los lectores, se alargó durante treinta años y abarcó más de 5.000 poemas tradicionales”.

Relata además cómo “su incansable búsqueda para abrir nuevas puertas en la poesía y, al mismo tiempo, rescatar sus orígenes más remotos, le llevan a emprender el proyecto ‘Ren-shi’ (poesía encadenada) en los años 80 del siglo pasado. El ‘Ren-shi’ toma su raíz de ‘Renga’ (literalmente, canto encadenado), que nació en el siglo XII y que consistía en crear un poema largo a partir de cantos cortos de poetas que participan por turnos. Ooka adapta este juego y propone componer un poema largo uniendo composiciones de poetas de muchas partes del mundo con la única regla de hacer coincidir el título de cada poema con la última palabra de poema anterior. Este juego, serio y liberador para el ego de los poetas y todo un guiño del niño travieso que es Ooka, conquistó la escena poética de todo el mundo, con manifestaciones en Fráncfort, Berlín, París o Finlandia y que tuvo su culmen en el Ren-shi que nuestro poeta organizó en 1993 en la Unesco de París, con escritores de Congo, India, Líbano, Francia y Japón”.

Pero el prólogo también incide en la evolución experimentada por la lengua japonesa —especialmente la lengua escrita— desde las últimas décadas del siglo XIX, y en las manifestaciones y denominaciones de la nueva poesía, lo que sin duda contribuirá a que el lector pueda hacerse una idea cabal en torno al origen y el contexto de la poesía contemporánea en Japón, y sus autores.

Ooka vive en la actualidad, junto a su inseparable compañera, la dramaturga Fukase Saki,  “en su quinta, a los pies del Monte Fuji, con hermosas vistas al valle y al río, donde todos los años, cuando florecían los cerezos, reunían a personalidades del mundo cultural de Japón y del extranjero en la Fiesta de la Flor”.

Su delicada salud ya no le permite hacer muchas cosas y, después de terminar su último libro (Estilo coloquial de la ballena, 2008), Ooka ha dejado de cantar. Sin embargo, como anota su amigo Otsuki, “su silencio no impide que sus palabras sigan mostrando la verdad”. Y es que el silencio ha sido también parte de su poesía y de su vida, como escribe Ooka en ‘Life Story’:

«Todavía, un pájaro llena el universo con su canto.
Todavía, dos pájaros inundan el universo con su silencio.»

Los diez libros incluidos en la antología en español

Para esta antología, Otsuki ha seleccionado poemas de diez de los libros más representativos de Ooka, de tal modo que abarquen el curso de toda su creación a lo largo de los años. Además, algunos de sus poemas más largos y de más trascendencia ven por primera vez la luz a un idioma diferente al japonés.

  • Su primer poemario, Memoria y presente (1956), marca su nacimiento como poeta, y ha sido el título escogido para esta selección antológica en español. “Escrito cuando Ooka contaba apenas veinte años, se convirtió sin embargo en un faro que guió a la poesía de posguerra en Japón y que conformó la semilla, e incluso el fruto, del poeta en el que después se convirtió. Su melancólico y, a la vez, vigoroso mundo poético, encierra, en cierto modo, su propia madurez de estilo”, señala Otsuki. “En él, ante el desolador paisaje que ha dejado la contienda mundial, Ooka encuentra en la poesía una razón para reconstruir el espíritu del ser humano”.
  • De 1962 es Mi poesía y mi verdad, un libro en el que “continúa el desarrollo de su estilo anterior, pero renunciando al tono atormentado y virando hacia lo contemplativo. En este poemario se encuentra el poema “Marilyn”, cuyos últimos versos ―«Marilyn / Marine / blue»― lo convirtieron en el más emblemático de esos años en Japón”.
  • Diez años después, publica Perspectiva para el verano, “sin duda un pequeño joyero lleno de poemas preciosos. Con un guiño al surrealismo y a la filosofía zen, su obra se abre a nuevas vías creativas para reflejar cómo las cosas y la vida cotidianas se transforman en algo mágico gracias a la mirada”.
  • Elegía y bendición (1976) es otro punto de inflexión. “Se trata de un libro alquímico en el que creó un cosmos poético y verbal único, al hacer una amalgama del japonés moderno con el antiguo gracias al efecto quimérico de los ideogramas con una estética onírica y ornamental. Estamos ante un libro sin duda complejo, incluso en su lectura en japonés, precisamente por la alquimia de sus metáforas”.
  • En 1978, con Primavera para una muchacha, Ooka “canta al amor y lanza mensajes poéticos de gran profundidad para sus seres queridos. Su amor meditativo, reflexivo, con una voz sosegada y universal, rebasa lo personal y se extiende hacia el hombre y hacia el mundo”.
  • El lugar del agua (1981), El alba del espejo vibrante (1982) y En el lugar de la hierba (1984) “marcan la nueva madurez poética de Ooka. Nuestro persistente apego por la vida, la muerte sin respuesta, la debilidad humana o la convivencia del hombre son los temas que jalonan esta etapa. La sublimación del espíritu a través de la poesía ya no copa el interés del poeta, porque considera que el hecho poético es, en sí mismo, algo a lo que también se apega el ser humano. Para él, a partir de las lecturas que hizo de la poesía de todas las etapas históricas, la edad de oro del nacimiento y de la creación poética pasó hace mucho tiempo. De hecho, considera que estamos viviendo en un tiempo en el que la poesía (japonesa, pero quizá también mundial) se ahoga en un callejón sin salida”.
  • Acurrucándome en el cambio de siglo (2001) y Estilo coloquial de la ballena (2008) son los dos libros que marcan la última etapa poética de Ooka. “Sobre todo en el segundo, su estado de salud amenazaba seriamente la posibilidad de seguir creando. Sin embargo, dio frutos que fueron igualmente hermosos. Así, en ‘Vamos apaciblemente, amigos muertos’ o ‘En Londres’, entre otros, revela una verdad contundente: nuestras existencias están ligadas por el azar. En ‘Estilo coloquial de la ballena’, con la frescura del reino animal como protagonista, nos invita a reflexionar sobre la necedad del ser humano”.
  • La antología se cierra con el poemae ‘Cielo nocturno de Vitebsk’, “un canto a la vida a través de la voz del viejo Chagall”.

“Han pasado treinta y cinco años desde que conocí a Makoto Ooka en mi juventud, desde que me acerqué a su poesía y a su alma. También han pasado más de quince años desde que intenté, modestamente, publicar su poesía en español (Poemas de Makoto Ooka, 1995). No pensé, sin embargo, que pudiera consumar la realización de una generosa antología como esta, a pesar incluso de que el poeta seguía esperando pacientemente. Por mucho que admiraba y amaba el castellano, la voz de Ooka no llegaba a mis oídos. Pero ese momento se presentó de repente. Empecé a escuchar su poesía en castellano dentro de mi cabeza y decidí que era hora de dar a luz. Para llevar a cabo esta labor tan importante y tan delicada, he pedido la ayuda de otro poeta, Raúl Morales García, a quien tanto aprecio y en quien tanto confío. Creo que él ha entendido perfectamente mi deseo de realizar esta edición, fiel y evocadora, para ofrecer una nueva experiencia poética al lector español”, explica el antólogo.

Sobre el trabajo de Raúl Morales, Otsuki explica que “Raúl se ha encargado de pulir a conciencia mis traducciones, pero no con el ánimo de modificarlas ni de recrearlas, como suele ser habitual. Creo que, en primera instancia, ha hecho un gran trabajo como lector para no perder la vibración inmutable de cada uno de los poemas y para después buscar la solución más adecuada para aquellos que no estaban definidos del todo. Me recuerda al trabajo de un jardinero, que sabe cómo podar los árboles de su jardín sin estropear la naturaleza de cada uno de ellos, pero haciéndolos, al mismo tiempo, más hermosos. Este trabajo ha requerido la virtud de un poeta y su desconocimiento del japonés no le ha impedido llevar a cabo esta fase de la traducción, ya que el oído de un auténtico poeta es capaz de intuir y escuchar la voz del poema, incluso en una lengua tan remota o a través de un texto ya traducido”.

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Cinco poemas de MAKOTO OOKA

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PARA LA PRIMAVERA

Desenterramos la primavera adormecida en la arena de la playa.

Adornas con ella tus cabellos y sonríes.

La espuma de tu risa se esparce por el cielo como ondas en el agua.

El sol, color hierba, calienta calmo el mar.

Pon tu mano sobre la mía.

Lanza tu piedrecita hasta mi cielo.

¡Ah! Hoy fluye la silueta de los pétalos en el fondo de ese cielo.

Nos brotan hojas nuevas de los brazos.

En el centro de nuestra visión,

gira el sol dorado propagando su luz.

Somos el lago, los árboles,

y el sol se derrama entre nuestras hojas, sobre la hierba.

Somos el campo de bancales de tus cabellos

en el que danzan sus rayos.

Esto es lo que somos.

Un viento nuevo abre la puerta.

Desde dentro, infinitas manos convocan a las verdes sombras y a nosotros.

El camino late sobre la oreada piel de la tierra

y tus brazos resplandecen en el manantial.

Y ahora, bajo nuestras pestañas bañadas por el sol,

maduran lentamente

el mar y la fruta.

— — —

VIVAZ HOJA DE AURORA

No sé…

al amanecer

había hilos de lluvia fresca

atravesando la fruta.

El puerro y el tofu,

convertidos en olorosas partículas,

rivalizaban con la luz por su ligereza

y con el ondear del camisón

que ella se había quitado.

Sujetando el frío auricular del teléfono,

contemplaba

cómo la arena empezaba a brillar

en aquel amanecer tan silencioso que las gaviotas se desvanecía

y la marea pesaba.

¿Hubo frontera entre ayer y hoy

para quienes velaron toda la noche?

Los dos eran una cueva donde cabía el cielo

y también el mandala que ocupaba esa cueva.

Aún así, no sé…

ella era un bosque fragante

y la luz que corría hacia el corazón de la aurora.

También vi una hoja hechizada

por el sonido de cascada

que emitía el cielo azul.

Esa hojita

viajaba sin prisa sobre la llanura.

No sé…

la hojita no dejaba de hablar

con mis palabras.[1]

— — —

NO IRÉ A LA LUNA

No iré a la luna.

No tendré territorio.

Tendré canción.

Seré un pez volador

y alcanzaré a mi amada.

Convirtiéndome en fuego y en diluvio

construiré mis cuatro estaciones.

Me desnudaré de mí mismo en el litoral

de nuestro planeta, por donde circulan la sangre y el sudor.

No iré a la luna.

— — —

EL FIN DEL VERANO

Vierto de noche el agua de la jofaina.

Su eco diáfano cae y se aleja

lentamente tubería abajo.

Es la sinfonía de mi canción, que se eleva

cuando acaba el día.

Extraño consuelo,

pues no es una melodía virtuosa.

Semillas de pepino.

Hormigas muertas.

Ojos de pescado.

Cantos de grillo.

Nostálgica resonancia la de ese caer.

Palpo cada cosa como si fueran ramas

que el agua arrastra hacia la alcantarilla.

Así mis ojos

se abren paso en la oscuridad.

Así se entierra el verano.

— — —

PAISAJE OTOÑAL DE MUSASHINO

(Libro sobre su geografía)

El cielo se congela veloz

cuando el tren atraviesa el límite de Mitaka.

En las rutas del viento

hay hoteles interestelares.

Las luces de sus ventanas

arden como las ramas de un ciruelo.

Los gatos en celo maúllan,

ascienden, sisean y emiten fuegos fatuos.

El ir y venir de los transeúntes en el paseo

es una celebración de este pequeño planeta.

La redondez del grillo

es también la del jengibre[2].

Sonríe una dama madura en la cuenca del Koi[3].

Esta es la ley de la noche:

avanzamos improvisando

hasta que nos excita

el olor a piedra que esconde su seno,

entonces el reloj corre y se convierte en llama.

Soy un fruto seco visto

desde el observatorio astronómico,

ruedo cuenca abajo hacia el crepúsculo

y cojo el corazón de la llanura de Musashino.


[1] “Palabra” en japonés es “kotoba”, que se escribe con dos ideogramas que significan, literalmente, “hoja que habla”. Asimismo, en la antigüedad, “palabra” era “kotodama”, que significaba “el alma del habla”, puesto que se creía que cada palabra tenía su propia alma. Durante la Edad Media, ese concepto se desarrolla hacia algo más poético todavía y se infiere que cada palabra es la hoja de un árbol. Ooka toma esta lejana etimología para provocar la confusión existencial entre el yo y el otro, incluso entre el yo y una hoja, mediante una mezcla de la técnica interna del zen y el surrealismo.

[2] Jengibre en japonés es “myogá”. Sus brotes frescos se usan como ingrediente en la cocina típica del otoño. Es muy aromático y tiene una forma parecida a la del grillo cebollero (okera).

[3] En el original “koi ga kubo”. Se trata de un topónimo que significa, literalmente, “la cuenca del amor (koi)”.

Acerca de Eloísa Otero

Periodista y escritora leonesa.

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