
El poeta y músico leonés Ildefonso Rodríguez —a quien hace tan solo tres semanas el Colegio Marista Champagnat dedicó su «Día de las Letras leonesas»— presenta este viernes 17 de abril su último libro de poemas, «En bandada, libres» (Varasek Ediciones). Será a las ocho de la tarde y el autor estará acompañado por el polifacético escritor, actor y cantante de tangos Juan Carlos Pajares y por la periodista Eloísa Otero.
«En bandada, libres» reúne 60 poemas inéditos hasta ahora, llenos de informes, revelaciones, sones y canciones, citas (encubiertas o no), dedicatorias expresas y agradecimientos. Son poemas para leer de uno en uno, en el orden que se quiera, porque cada poema cuenta por sí mismo, además de contar lo que se cuenta.
«Siempre hubo gente en lo que escribo», señala Rodríguez. En un correo a su editor, el propio autor resumía así de refilón su nuevo poemario: «En este libro aparecen cosas de muy diversos tiempos, pero una gran parte son casi de ayer mismo. Como no suelo fechar, ya no recuerdo cuándo las escribí. Vinieron atraídas por una afinidad que parece establecerse entre ellas. Estratos temporales. Casi todos mis libros son así. Suelo publicar poesía cada 10 años más o menos. Tal vez sea la causa del crecimiento de este original. (…) En el libro se han extremado las combinatorias con los modos de la escritura: verso, prosa, cintas de prosa dentro del poema, reflexiones, lo epistolar, los “cultismos”, citas, lo más llano… Collage, hibridación, injertos. Intertextualidad, lo llaman ahora. También, las tipografías y los modos de puntuación. No hay justificaciones ni remedio, no fue un programa, fue mi modo mientras iba escribiendo, al menos en ese tiempo (sé que un libro está “cerrado” cuando ya no quieren venir más piezas al conjunto). (…) Ojalá, con todo, se cumpliesen los dos presupuestos que las citas iniciales del libro parecen asentar: lo que está roto y baila, pero también el mensaje de un diagrama transparente”.
:: Un poema del libro

(pintar lo otro)*
hay veces que esos cuadros dejan ver lo otro
late invisible
lo que ahí mismo está y no se deja ver
se expande lo visible
ahí golpeó un gesto un impacto
impacto y gesto son delicados
¿cómo lo hace el pintor?
un gallo encrespado un mosto activo los cirros de la lejanía
también escritura y calma
hay injertos que son naturaleza:
vapor de nieve la brisa que airea las sienes
(el Ahora de Peter Handke)
unos humos que se levantan se agitan bullen
empastar lo mirado:
pieles pulidas lunas de uña escamas de mica nácares
satenes
otras veces es la escarcha en el cristal de la ventana
resplandores
(y otras veces
rótulos del «mí» y del «yo»
mármoles con venas
legibles burbujas nuestras)
[* Este poema está dedicado al pintor Juan Rafael]

Homenaje a Ildefonso Rodríguez en el Colegio Marista Champagnat
El pasado 26 de marzo, el Colegio Marista Champagnat celebró su Día de las Letras Leonesas, en su edición anual número 37, recibiendo en su salón de actos al escritor y músico Ildefonso Rodríguez, sobre cuya obra todos los alumnos y alumnas del colegio, desde Infantil a 4º de la ESO, han trabajado a lo largo del curso. Fue un acto entrañable y hermoso, en el que los jóvenes estudiantes recitaron poemas e interpretaron una pequeña obra de teatro en forma de homenaje al autor leonés, quien también salió al escenario con su saxofón.
El Día de las Letras Leonesas es un día importante en el colegio, ya que permite a los alumnos y alumnas ir conociendo cada año, en primera persona, a uno de los creadores literarios más representativos del panorama provincial. Así, por esta actividad han ido pasando, desde principios de los años 90′ del siglo pasado, los grandes autores de esta tierra: Gamoneda, Luis Mateo Díez, Pereira, Carnicer, Julio Llamazares, Carmen Busmayor… y así hasta 37 escritores y escritoras. Este año los estudiantes incluso construyeron una instalación sonora, con ayuda de Alba, la profesora de música, dedicada a Ildefonso Rodríguez.

Reproducimos bajo estas líneas el texto de presentación que leyó Eloísa Otero sobre el homenajeado de este año, antes de que este mantuviera una charla con los estudiantes:
LO QUE HE APRENDIDO CON ILDEFONSO
Por ELOÍSA OTERO
Buenos días a todos y a todas, profes, estudiantes e invitados…
Tengo la misión de hablaros de Ildefonso Rodríguez, de «Fonsito» como le conocen en su pueblo. De alguien que no solo es un creador de los que no se jubilan, sino que también es una persona con muchas facetas.
Por un lado es escritor, poeta, lector, pensador… es decir, alguien que trabaja con las palabras y con la cabeza, con la mente. Por otro es además saxofonista, músico de jazz y de vientos, improvisador, artista sonoro experimental y, en los últimos años, profesor de improvisación en la Escuela Municipal de Música… es decir, alguien que trabaja con sonidos, ritmos, armonías… y que además de seguir aprendiendo siempre, intenta enseñar a los demás lo que sabe.
Nació en 1952, y en sus ya más de 70 años de vida ha sido capaz de construir una trayectoria singular donde la literatura y la música confluyen como dos afluentes en un mismo río. Y lo mejor de todo es que, de alguna manera, ha logrado dedicarse a lo que le gusta, a tocar y a escribir, dos oficios duros, aunque no lo parezca, con muchas horas de ejercicio, práctica, ensayo, soledad… Pero hay algo muy bueno también en eso: dedicarse a lo que le gusta le ha llevado a viajar por muchos países compartiendo lo que sabe hacer, recitando sus poemas, conociendo a grandes escritores, y tocando con grandes músicos de todo el mundo, incluidas auténticas leyendas del jazz y la improvisación libre.
Porque Ildefonso es un ser libre, con muchas alas. Su último libro, publicado hace solo unos meses, se titula «En bandada, libres». Algo que hace alusión a otra de sus grandes facetas: Ildefonso es un cultivador de la amistad, un constructor de esa «ciudad de los amigos y amigas» de la que hablaba Walt Whitman. Yo traduzco ese título, «En bandada, libres», por «En amistad, libres».
Ildefonso tiene además una gran suerte: desde los veinte años comparte su vida con Isabel, cantante y pianista que utiliza su voz como un instrumento más. Con ella comparte también su pasión por la música como disfrute, fiesta y escucha.
Como músico, es ecléctico. ¿Sabéis lo que significa ser «ecléctico»? Significa ser capaz de seleccionar y combinar elementos de distintas fuentes, buscando la conciliación o el mejor resultado posible. Por ejemplo: hay músicos que solo tocan rock, o pop, o solo música clásica. Pues un músico ecléctico es distinto: le gusta explorar y combinar muchos estilos. Puede tocar un poco de jazz, luego un tango, después un bolero o una canción tradicional… ¡y hasta mezclarlo todo en un mismo tema!
En pocas palabras: Un músico ecléctico es alguien que prueba, mezcla y crea cosas nuevas con muchos sonidos y géneros diferentes. Digamos que es como un explorador musical que viaja por muchos mundos sin salir de su instrumento; pero que a la vez es capaz de hablar, improvisar y entenderse con otros músicos e instrumentos de distintos estilos y culturas, a través de un lenguaje universal, como es la música, en busca de sonidos viejos y absolutamente nuevos.
De esa forma, Ildefonso ha fundado grupos de jazz y de dadajazz, de música improvisada y de tangos, también de lo que él llama «música elástica». Algunos los ha formado con Isabel, su compañera; pero, para otros grupos, al igual que ella, se ha juntado con distintos músicos de diferentes estilos.
Y siempre ha estado vinculado a proyectos que han abierto la ciudad a sonidos poco habituales, como en una especie de laboratorio sonoro donde lo experimental encontraba su lugar.
Y en la escritura, lo mismo. Es un poeta difícil de encasillar, porque no solo escribe poemas, también practica la narrativa breve, pequeños ensayos sobre autores y libros, y lleva muchos años anotando sus sueños, nada más despertarse. Tiene ya no sé cuántos cuadernos de sueños… (una fila así de grande…) … Con algunos de esos sueños hizo un libro, Son del sueño, cuyo título ya es de por sí muy musical. Como lo es otro libro en el que reflexiona de manera poética y fragmentada sobre músicas y músicos: Jazz en la boca.
Además de crear, ha sido un incansable agitador cultural: cómplice de proyectos colectivos, en esa frontera donde las ideas se convierten en encuentros. Porque si algo le define no es solo lo que escribe o lo que toca, sino su manera de estar en el mundo: atento, curioso, ligeramente desplazado, como quien camina por su propia ciudad con los ojos y los oídos de un extranjero.
Así, lleva más de 40 años tocando también con poetas que recitan, y recitando su poesía a la vez que toca. Desde muy joven participó en la fundación de revistas literarias, como los Cuadernos Leoneses de Poesía o El Signo del Gorrión, con otros amigos y amigas con los que compartía la pasión por la escritura. Con ellos exploró una poesía que huía de lo solemne para abrazar lo cotidiano, lo fragmentario, lo casi invisible. Y a través de esas revistas nos ayudaron a los demás a conocer otras voces, otros poetas, algunos de países muy lejanos.
A él siempre le ha gustado el surrealismo, y los juegos surrealistas… y en su estilo hay algo de jazz literario, de improvisación medida donde los silencios cuentan tanto como las palabras.
Y… ¿qué es eso del surrealismo? El surrealismo fue un movimiento vanguardista de principios del siglo XX que amó profundamente el juego, la improvisación y el azar como herramientas para liberar la imaginación y el inconsciente.
En torno a la poesía, por ejemplo, los surrealistas inventaron juegos literarios que desafiaban la lógica racional y buscaban crear belleza inesperada. Esos juegos, más que ejercicios, son como rituales de liberación del lenguaje para descubrir asociaciones poéticas impensadas, susceptibles de ser trabajadas, a la vez que inspiradoras. Porque, como decía García Lorca: «Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio».
Ildefonso juega así también con lo mínimo, con cosas pequeñas, con palabras que forman frases capaces de abrir horizontes de sentido y sensibilidad.
Y entramos ahora en una de sus facetas más desconocidas, que os voy a desvelar. Ildefonso, en el fondo, es un escultor. Un escultor que trabaja con palabras, con ideas, con ritmos y sonidos, con ruidos y armonías… pero también con objetos, con pequeños objetos que se va encontrando por ahí: una piedra, un trozo de cuerda, una ramita… que se mete en el bolsillo y que va uniendo, hilando, entrelazando, a lo largo de semanas, añadiéndole otros detalles encontrados: un botón, un alambre dorado… hasta completar sus pequeños «amuletos», de los que ya acumula una colección considerable. Y yo creo que siempre lleva uno en el bolsillo.
(De esos amuletos habla él también en el poema que antes hemos recitado: «El poema de las migas de pan».)
En la contraportada de su último libro, En bandada, libres, escribe su amigo Francisco Deco: «Tus poemas se parecen a tus amuletos, con plumas, trozos de madera, elementos suenan o se acarician…»
Digamos, para ir terminando, que Ildefonso es de esos creadores que no hacen ruido innecesario, pero dejan una estela persistente. Como una melodía que no sabes cuándo empezó, pero que, de pronto, descubres que llevas tiempo tarareando. Es alguien «Escondido y visible», como se titulan sus poemas reunidos.
Y ya para finalizar, me gustaría contaros también dos cosas que he aprendido con Ildefonso:
- el valor de la amistad a lo largo de los años y de la vida… (la amistad como disponibilidad, apertura, confianza, consuelo, memoria…)
- y el valor de compartir con los demás lo que uno tiene, lo que uno sabe hacer, lo que uno ha aprendido con los años; el valor de compartir, en lugar de competir, para que haya más alegría o pensamiento en forma de baile, o de conversación o de serendipia…
¿Y qué es serendipia?
Pues es un hallazgo afortunado, valioso e inesperado que se produce de manera casual, generalmente cuando se está buscando una cosa distinta. Es esa lucecita que se te enciende a veces en el corazón o en la cabeza, y que te hace decir «¡Eureka!»… Con todos vosotros, Ildefonso Rodríguez.

:: Sobre Ildefonso Rodríguez
Ildefonso Rodríguez (León, 1952) fue miembro fundador de las revistas Cuadernos leoneses de poesía y El signo del gorrión.
Ha publicado Escondido y visible 1971-2006. Poesía reunida (2008) y el libro-disco Inestables, intermedios (2014). También, Automáticos, con el poeta Miguel Suárez y la pintora María Murciego (2009) y Mandolina y jaula ante un espejo (2019), con el poeta Francisco Deco.
Narrativa de los sueños, Son del sueño (1998), Disolución del nocturno (2013), ensayo, El jazz en la boca (2007), libros sin género, Informes y teorías (2018), Ciclo Tierra de Campos (Inacabado). Aventuras de tres amigos en los tiempos del nacional catolicismo (2019), La belleza de los muertos (2022) son otras de sus obras.
Su último libro publicado, anterior a En bandada, libres, fue Pliegue a pliegue el libro de Tomás (2024), dedicado a la memoria de su amigo el poeta Tomás Salvador González.
Es saxofonista, dedicado al jazz y a la improvisación libre (Dadajazz, Cuarteto Cova Villegas, 5 Grus Grus, Jaula 13). Dirige un aula-taller dedicado a esa materia en la Escuela Municipal de Música de León.
